DIAS DE HACER LOS “NUNCA” DE LA ETERNIDAD.
La
eternidad es un lugar maravilloso donde ya no habrá más pecado, corrupción,
enfermedad, muerte, dolor, ni todo lo negativo que hay en este mundo (Apo_21:1-4).
Y también habrá cosas que nunca más podremos hacer como las hacemos aquí en la
tierra, de tal manera que necesitamos aprovechar nuestra estancia aquí para
hacerlas, porque nunca más las volveremos a hacer en la eternidad.
Una
de esas cosas es vivir por fe, entendiendo varias cosas acerca de la fe: en
primer lugar, que es la certeza y la convicción de lo que no vemos y esperamos
(Heb_11:1). En la eternidad, todo
lo que no vemos y todo lo que esperamos será una realidad permanente, lo
veremos y lo disfrutaremos. En segundo lugar, la fe es también obediencia a la
Palabra de Dios (Heb_11:8), algo que aquí en la tierra es una batalla y
una elección constante, pero que en la eternidad será una realidad permanente
por las condiciones de la eternidad, el perfeccionamiento que habremos
alcanzado y la plenitud de vida en la nueva naturaleza que habremos alcanzado
plenamente, de tal manera que la vida terrenal y no la eternidad es el lugar
para iniciar, ejercitar, desarrollar la fe.
Otra
de las cosas que no existirán en la eternidad es el arrepentimiento por los
pecados. Al no haber pecado en la eternidad, no habrá necesidad del
arrepentimiento. El arrepentimiento es algo necesario en la vida terrenal, y
que debemos aprovechar al máximo para vivir en la esperanza y seguridad de la
eternidad con Cristo.
En
la eternidad, como ya no habrá pecadores, ya no habrá la oportunidad de
compartir la salvación con los que están perdidos. Ya no tendremos la
oportunidad de ayudar a sacar una vida de la oscuridad y llevarla a la luz de
Cristo porque en la eternidad ya no habrá oscuridad espiritual. Todo será luz.
Tampoco en la eternidad tendremos la oportunidad de ayudar a los que están en
necesidad de cualquier tipo: espiritual, emocional y/o física, porque en la
eternidad no existirá la necesidad, no habrá nadie en necesidad. Todas las
necesidades de todos estarán suplidas más que abundantemente. En la eternidad tampoco experimentaremos
batallas en las que salgamos victoriosos, porque ya no habrá más batallas entre
la perfección y la imperfección, entre lo bueno y lo malo, entre lo celestial y
lo diabólico. Es aquí en la tierra donde necesitamos batallar y vencer, ser más
que vencedores en Cristo.
En
la eternidad tampoco necesitaremos permanecer firmes en Dios a pesar de la
oposición porque en la eternidad ya no habrá oposición, lo natural, lo normal
allí será permanecer siempre firmes y avanzando en el conocimiento del Señor y
en la vida de fe sin oposición de ninguna clase.
Pero
también hay cosas que necesitamos desarrollar aquí en la tierra porque las
seguiremos necesitando en la eternidad, por ejemplo, la adoración con todo
nuestro ser al Señor (Jua_4:23-24) que implica la reverencia, la honra y
el respeto al Señor que ahora son decisiones pero que en la eternidad será la
manera natural de vivir. También la enseñanza, la dirección y el poder del
Espíritu Santo para ayudarnos en todas las cosas. Igualmente, el amor al
prójimo que ahora tenemos que alcanzarlo venciendo el egoísmo, en la eternidad
será también natural.
En
resumidas cuentas, hoy es el tiempo de vencer todos los obstáculos que nos
impiden vivir en la plenitud de la vida en Cristo e irlos superando y
avanzando, porque el tiempo de la batalla es en la vida terrenal ya que en la
vida eterna ello será natural. El lugar para desarrollar todas estas cosas, y
otras más, es ahora, en la vida terrenal, no en la eternidad.
En
la eternidad ya no habrá enfermos por los cuales orar para que sean sanados, ni
endemoniados u oprimidos por el diablo que liberar, ni vidas y corazones que
restaurar, ni áreas de nuestra vida que sanar, liberar y restaurar. Ya no habrá
incrédulos a quienes rescatar de las tinieblas, ni hermanos a quienes rescatar
de las trampas del diablo, ni matrimonios y familias que restaurar, etc.
La
tierra, a pesar de todas sus imperfecciones derivadas del pecado y la maldad,
sigue siendo un lugar de lo más asombroso, aunque la eternidad lo será aún más,
y cada momento que tenemos aquí con sus oportunidades específicas, es un regalo
muy precioso del amor, la misericordia y la gracia de Dios que tendrá
consecuencias en la eternidad, en la calidad de nuestra eternidad. Esas
oportunidades, que ahora tienen el significado de aventuras espirituales, nunca
más las volveremos a tener de la misma forma. Seguramente la eternidad tendrá
aún más oportunidades de aventuras espirituales pero nunca de la misma
naturaleza de las terrenales. En la
eternidad ya no habrá aflicciones, adversidades, errores, malas decisiones, pecados,
carnalidad, fracasos y enemigos espirituales que vencer y superar. Esas cosas
son las que hacen la vida terrenal especial y única para que las hagamos ahora
porque en la eternidad no las podremos volver a hacer, volver a experimentar el
deleite de la victoria sobre todas esas cosas.
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