PERDÓN PARA LOS DÍAS PASADOS.
Todos en la vida hemos tenido momentos
amargos, adversos, tormentosos, errores, malas decisiones, pecados de los
cuales nos avergonzamos, etc.
La pregunta que necesitamos
hacernos es: ¿vamos a vivir
aferrados a los recuerdos de los días amargos, a los desechos del pasado, a las
iras y heridas, rechazos, insultos, personas, etc., que nos provocaron esos
momentos amargos?
Así como es lógico
deshacernos de la basura física que generamos cada día, así debería ser lógico
deshacernos de la basura emocional de cada día, del pasado. Y la
forma de deshacernos de esa basura es solo una: el perdón.
El perdón es para nuestra salud
emocional antes que para favorecer a otro. De la manera que el perdón de Jesús
sanó nuestras vidas, el perdón a otros también la va a sanar.
El Señor nos manda a dar de gracia lo
que de gracia hemos recibido (Mat_10:8), y ello incluye no solo el perdón, sino la persistencia de su perdón (Mat_18:21-22)
de la misma manera que el Señor nos perdona nuestras faltas y pecados diarios (Lam_3:22-23,
Col_3:13). Ese debería ser un estilo de vida diario para
nosotros en relación con otros ya que esa instrucción del Señor es para nuestro
bienestar y salud emocional (Efe_4:32).
Aunque ello implique perdonarles setenta veces
siete una sola ofensa, o esa cantidad de ofensas, Mat_18:21-22.
Y si multiplicamos 70 veces 7, es decir, 70 a la 7 potencia, ello nos va a dar
un número de segundos mayor que los que podríamos vivir si alcanzáramos los 100
años, lo que nos indica que necesitamos estar listos para perdonar cada segundo
de nuestra vida, ir con el perdón siempre por delante en cada interrelación que
podamos tener con otros, porque cada una de ellas tiene el potencial de bendecirnos
u ofendernos.
Por
otro lado, somos llamados a amar a nuestro prójimo, y eso implica a los demás,
sea que los conozcamos o no, que nos relacionemos con ellos constantemente o
solo eventualmente, y no podemos amar si no podemos perdonar, porque el amor y
el perdón son dos perspectivas del mismo mandamiento: el amor no puede ser sin
perdón, y el perdón no puede ser sin amor.
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