martes, 24 de marzo de 2026

Perdón para los días pasados.

 

PERDÓN PARA LOS DÍAS PASADOS.

 

 

Todos en la vida hemos tenido momentos amargos, adversos, tormentosos, errores, malas decisiones, pecados de los cuales nos avergonzamos, etc.

 

La pregunta que necesitamos hacernos es: ¿vamos a vivir aferrados a los recuerdos de los días amargos, a los desechos del pasado, a las iras y heridas, rechazos, insultos, personas, etc., que nos provocaron esos momentos amargos?

 

Así como es lógico deshacernos de la basura física que generamos cada día, así debería ser lógico deshacernos de la basura emocional de cada día, del pasado. Y la forma de deshacernos de esa basura es solo una: el perdón.

 

El perdón es para nuestra salud emocional antes que para favorecer a otro. De la manera que el perdón de Jesús sanó nuestras vidas, el perdón a otros también la va a sanar.

 

El Señor nos manda a dar de gracia lo que de gracia hemos recibido (Mat_10:8), y ello incluye no solo el perdón, sino la persistencia de su perdón (Mat_18:21-22) de la misma manera que el Señor nos perdona nuestras faltas y pecados diarios (Lam_3:22-23, Col_3:13). Ese debería ser un estilo de vida diario para nosotros en relación con otros ya que esa instrucción del Señor es para nuestro bienestar y salud emocional (Efe_4:32).

 

Aunque ello implique perdonarles setenta veces siete una sola ofensa, o esa cantidad de ofensas, Mat_18:21-22. Y si multiplicamos 70 veces 7, es decir, 70 a la 7 potencia, ello nos va a dar un número de segundos mayor que los que podríamos vivir si alcanzáramos los 100 años, lo que nos indica que necesitamos estar listos para perdonar cada segundo de nuestra vida, ir con el perdón siempre por delante en cada interrelación que podamos tener con otros, porque cada una de ellas tiene el potencial de bendecirnos u ofendernos.

 

Por otro lado, somos llamados a amar a nuestro prójimo, y eso implica a los demás, sea que los conozcamos o no, que nos relacionemos con ellos constantemente o solo eventualmente, y no podemos amar si no podemos perdonar, porque el amor y el perdón son dos perspectivas del mismo mandamiento: el amor no puede ser sin perdón, y el perdón no puede ser sin amor.

 

 

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