sábado, 28 de marzo de 2026

La Palabra y el universo.

 

LA PALABRA Y EL UNIVERSO.

 

En el capítulo 1 del Libro de Génesis la Biblia nos enseña que Dios creó todas las cosas con Su Palabra y en Heb_11:3 nos enseña que todo lo que se ve fue hecho de lo que no se (el universo, lo que se ve, y la Palabra de Dios, lo que no se ve) y que Dios sustenta todas las cosas con Su Palabra (Heb_3:1).

 

De tal manera que el universo no es mayor que la Palabra porque fue formado por ella y ella tiene la autoridad para hacer y deshacer cualquier cosa que haya en el Universo, incluido el universo mismo.

 

Por esa razón, Dios es el Dios del universo, EL OLAM, y Su Palabra es la Palabra de Dios, la  Biblia, las Escrituras (Jua_1:1). Y por esa misma razón, la Palabra es mayor, más real, más sólida, más permanente y más poderosa que el Universo y/o cualquier fuerza en el Universo aparte de Dios, el Todopoderoso.

 

La Palabra no sigue al mundo, más bien el mundo, las circunstancias, deben seguir a la Palabra. Por eso Jesús nos enseñó que si teníamos fe como un grano de mostaza, fe en El y en Su Palabra, podríamos decirle a un monte que se moviera y se movería (Mat_17:20, Luc_17:6). De tal magnitud es el poder de la Palabra, y nosotros los hijos de Dios, hemos recibido Su poder por el Espíritu Santo que habita en nosotros (Hch_1:8, 1Co_6:19) y tenemos la Palabra de Dios para proclamarla delante de nuestras circunstancias para que ellas se alineen a la Voluntad de Dios (2Co_4:13).

 

Por ello necesitamos no solo conocer la Palabra de Dios, sino memorizarla, guardarla en nuestro corazón, hablarla en todo momento y en toda circunstancia (Deu_6:1-9) para que nos vaya bien en toda las cosas.

 

La Palabra no solamente es la Palabra de Dios, es Dios mismo en la persona de Jesucristo (Jua_1:1, Jua_1:14): se encarnó en Jesús, se cumplió en Jesús, y se encarnará en nosotros en la misma medida en la que la conozcamos, la entendamos, la guardemos y la pongamos por obra, no siendo solo oidores de ella sino hacedores (Stg_1:22). En la medida en que la vivamos también nos iremos pareciendo cada vez más a Jesucristo por la obra transformadora de ella y del Espíritu Santo (2Co_3:18).

 

Como primero fue la Palabra y después fue el universo, la Palabra de Dios es mayor, más real, más sólida que el universo y sus circunstancias. Por lo mismo, no necesitamos ser guiados por el universo, el mundo, las circunstancias, nuestros propios pensamientos ni por los acontecimientos de nuestra vida, todo lo cual es pasajero, temporal, mientas que la Palabra de Dios es eterna y permanece para siempre, y hace todo aquello para lo que fue enviada (dada, Isa_55:10-11), aún aquello que pareciera imposible o muerto (Luc_1:37) llamando lo que no es como si fuera (Rom_4:17).

 

La Palabra no sigue a las circunstancias. Todo lo contrario, las circunstancias deben seguir a la Palabra, de tal manera que no necesitamos ser guiados por las circunstancias, por los acontecimientos de nuestra vida sino por la Palabra (Col_3:1-3, Sal_119:105) y por el Espíritu Santo que nos guía a aplicarla en nuestras circunstancias específicas (Rom_8:14). El universo, el mundo, las circunstancias cambian y pasan, pero la Palabra nunca pasa ni cambia (1Jn_2:17, Mat_5:18).

 

Necesitamos ser guiados por la Palabra, incluso cuando todo alrededor vaya en contra, y especialmente entonces (Rom_4:17) porque Dios llama lo que no es como si fuera y las cosas son dadas a luz, cambiadas, transformadas, de acuerdo con Su Voluntad. Entonces en todo tiempo necesitamos mantenernos firmes en la Palabra a pesar de las circunstancias fortaleciéndonos en el Señor (Su Palabra) y en el poder de Su fuerza (el Espíritu Santo) (Efe_6:10-13), porque lo que Dios ha declarado llegará a ser en el universo y en nuestra vida.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario