LA PALABRA Y EL UNIVERSO.
En el capítulo 1 del Libro de Génesis
la Biblia nos enseña que Dios creó todas las cosas con Su Palabra y en Heb_11:3
nos enseña que todo lo que se ve fue hecho de lo que no se (el universo, lo que
se ve, y la Palabra de Dios, lo que no se ve) y que Dios sustenta todas las
cosas con Su Palabra (Heb_3:1).
De tal manera que el universo no es mayor que
la Palabra porque fue formado por ella y ella tiene la autoridad para hacer y
deshacer cualquier cosa que haya en el Universo, incluido el universo mismo.
Por esa razón, Dios es el Dios
del universo, EL OLAM, y Su Palabra es la Palabra de Dios, la Biblia, las Escrituras (Jua_1:1). Y por
esa misma razón, la Palabra es mayor, más real, más sólida, más permanente y
más poderosa que el Universo y/o cualquier fuerza en el Universo aparte de
Dios, el Todopoderoso.
La Palabra no sigue al
mundo, más bien el mundo, las circunstancias, deben seguir a la Palabra. Por
eso Jesús nos enseñó que si teníamos fe como un grano de mostaza, fe en El y en
Su Palabra, podríamos decirle a un monte que se moviera y se movería (Mat_17:20,
Luc_17:6). De tal magnitud es el poder de la Palabra, y nosotros los hijos
de Dios, hemos recibido Su poder por el Espíritu Santo que habita en nosotros (Hch_1:8,
1Co_6:19) y tenemos la Palabra de Dios para proclamarla delante de nuestras
circunstancias para que ellas se alineen a la Voluntad de Dios (2Co_4:13).
Por ello necesitamos no
solo conocer la Palabra de Dios, sino memorizarla, guardarla en nuestro
corazón, hablarla en todo momento y en toda circunstancia (Deu_6:1-9)
para que nos vaya bien en toda las cosas.
La Palabra no solamente es
la Palabra de Dios, es Dios mismo en la persona de Jesucristo (Jua_1:1,
Jua_1:14): se encarnó en Jesús, se cumplió en Jesús, y se encarnará en
nosotros en la misma medida en la que la conozcamos, la entendamos, la
guardemos y la pongamos por obra, no siendo solo oidores de ella sino hacedores
(Stg_1:22). En la medida en que la vivamos también nos iremos pareciendo
cada vez más a Jesucristo por la obra transformadora de ella y del Espíritu
Santo (2Co_3:18).
Como primero fue la
Palabra y después fue el universo, la Palabra de Dios es mayor, más real, más
sólida que el universo y sus circunstancias. Por lo mismo, no necesitamos ser
guiados por el universo, el mundo, las circunstancias, nuestros propios
pensamientos ni por los acontecimientos de nuestra vida, todo lo cual es
pasajero, temporal, mientas que la Palabra de Dios es eterna y permanece para
siempre, y hace todo aquello para lo que fue enviada (dada, Isa_55:10-11),
aún aquello que pareciera imposible o muerto (Luc_1:37) llamando lo que
no es como si fuera (Rom_4:17).
La Palabra no sigue a las
circunstancias. Todo lo contrario, las circunstancias deben seguir a la Palabra,
de tal manera que no necesitamos ser guiados por las circunstancias, por los
acontecimientos de nuestra vida sino por la Palabra (Col_3:1-3, Sal_119:105)
y por el Espíritu Santo que nos guía a aplicarla en nuestras circunstancias
específicas (Rom_8:14). El universo, el mundo, las circunstancias
cambian y pasan, pero la Palabra nunca pasa ni cambia (1Jn_2:17, Mat_5:18).
Necesitamos ser guiados
por la Palabra, incluso cuando todo alrededor vaya en contra, y especialmente
entonces (Rom_4:17) porque Dios llama lo que no es como si fuera y las
cosas son dadas a luz, cambiadas, transformadas, de acuerdo con Su Voluntad. Entonces
en todo tiempo necesitamos mantenernos firmes en la Palabra a pesar de las circunstancias
fortaleciéndonos en el Señor (Su Palabra) y en el poder de Su fuerza (el
Espíritu Santo) (Efe_6:10-13), porque lo que Dios ha declarado llegará a
ser en el universo y en nuestra vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario