GRACIA PARA LOS DÍAS MALOS.
Cualquier
día malo que podamos enfrentar en nuestras vidas se puede arreglar cuando nos
volvemos al regalo gratuito de un Dios y Padre generoso, lleno de amor,
misericordia y gracia para con cada uno de sus hijos (Jer_31:3, Lam_3:22-23,
Efe_2:7).
En
esos días, como en todos los demás, necesitamos permanecer bajo Su Gracia, para
encontrar misericordia y gracia para el oportuno socorro (Heb_4:16) y Él
en Su Gracia hizo provisión para ello por medio del Señor Jesucristo, Quién
quitó el “velo” que os impedía acceder a Su Trono, al cual hoy tenemos libre
acceso en cualquier momento, sin pedir cita y sin ninguna formalidad, como todo
hijo tiene acceso a su padre.
Nuestro
Padre es el Dios de la Gracia infinita, el regalo inmerecido que es el canal por
el cual Él nos bendice con todas las cosas, siempre disponible al que la busca
y la anhela y que escribió para nosotros el Manual de la Gracia, la Palabra de
Dios, y que nos enseña que las riquezas de Su gracia están disponibles para
todos sin excepción (Efe_1:3-19, Hch_10:34).
Y
en este día, como todos los días de nuestra vida, en realidad necesitamos de Su
Gracia para que nos vaya bien, en un mundo de pecado diseñado para robarnos,
matarnos y destruirnos (Jua_10:10) nuestros sueños, anhelos, deseos y metas más
profundos (Ecl_3:11) que Dios ha puesto en nuestro corazón no solo para
que lo busquemos sino también para que todos ellos se realicen en favor de
nosotros.
Nuestro
Padre, el Dios de toda Gracia, es el mismo que invitó a Adán y Eva a salir de
su escondite después de pecar y recibir Su misericordia y socorro para ser
perdonados de sus pecados, el que invitó a Moisés a salir del desierto para ser
formado y transformado en el libertador de Israel, a David a salir de su escondite
emocional después de su pecado con Betsabé y a Elías a salir de la cueva en la
que se había metido por causa de las amenazas de Jezabel. También el que
respaldo a David siendo un adolescente, para enfrentar y vencer a Goliat, el
que equipo a Gedeón, que no se sentía capaz ni suficiente, para enfrentar y
vencer a los miles de sus enemigos con apenas 300 guerreros.
Con
ninguno de ellos, a pesar de sus errores, faltas, debilidades, pecados, malas
decisiones, etc., el Padre de Gracia se dio por vencido, aunque ellos mismos si
se vieron en algún momento como derrotados, y lo mismo que hizo por ellos lo
hará por nosotros porque Él no hace acepción de personas (Hch_10:34, Gal_2:6):
no se dará por vencido hasta cumplir Su propósito en nosotros (Hch_17:26-28,
Sal_139:13-16, Efe_2:10, Sal_138:8).
El
lenguaje de Dios para con nosotros, Sus hijos es el lenguaje del amor, la
misericordia y la gracia, sin importar si el día nos está siendo bueno o malo,
porque Dios no cambia, Él siempre es el mismo (Mal_3:6, Heb_13:8). Él es
el Dios y Padre de la Gracia todos los días para con Sus hijos.
Y este, como
todos los días de nuestra vida, aún con sus problemas, afanes, errores, malas
decisiones, pecados, etc., Él los convierte en un milagro si nos volvemos a Él
y le buscamos con todo nuestro corazón.
Cuando otros
nos desecha, nos rechazan, nos acusan, nos culpan, nos condenas por nuestro
pasado, Él abre de par en par las puertas de nuestro futuro como lo hizo con
Sansón cuando reconoció sus pecados y se volvió a Él, como lo hizo con el
ladrón arrepentido en la Cruz, como lo hizo el padre del hijo pródigo con el
hijo perdido, como lo hizo con David, Elías, Pablo, etc. Él trata nuestros días de vergüenza, de culpa, de condenación,
etc., con Gracia. Él se lleva las culpas, los afanes, las angustias, todo lo
que nos carga, si vamos a Él (Mat_11:28-30), y al que a Él viene Él no
lo echa fuera (Jua_6:37)
Todo
el tiempo, sean los días buenos o malos, necesitamos Gracia, y solo el Padre,
gracias a lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz y al Espíritu Santo que
mora en nosotros, nos la da si la anhelamos y la buscamos. Él no obliga, pero
la da a manos llenas si la buscamos.
Sumerjámonos en Su Gracia
llenando nuestros días de Su amor, Su misericordia, Su gracia (Jer_31:3,
Lam_3:22-23). Él en Cristo ya pagó nuestras deudas, nuestras culpas,
nuestras acusaciones, nuestras condenas (Col_3:13-15), ha dejado
nuestras deudas, nuestras cuentas para con Él en paz y a salvo (1Pe_2:24).
Nuestra alma está segura, nuestra salvación
está garantizada, nuestro nombre está escrito en el único libro que importa, el
Libro de la vida si hemos reconocido en nuestro corazón a Cristo como nuestro
Señor y Salvador (Rom_10:8-10). Si lo hacemos, estaremos a muy poco
tiempo de una existencia sin lágrimas, sin dolor, sin pecado, sin corrupción (Apo_21:4)
y nos podremos alegrar y gozar en ello sin importar el día (1Ts_5:16-18).
Llenemos nuestros días de Su Amor, Su
Misericordia, Su Gracia (Jer_31:3, Lam_3:22:23).
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