lunes, 30 de marzo de 2026

Conocer a Dios (eternidad).

 

 

CONOCER A DIOS (ETERNIDAD).

 

 

En Ecl_3:11 la Palabra de Dios nos enseña que Él ha puesto eternidad en el corazón de todos los seres humanos, y entre otras muchas cosas, una de las razones por las que Dios pone esa eternidad en nuestros corazones es para que le conozcamos (Hch_17:26-28, Jua_17:3), porque Él anhela que le conozcamos y que nos relaciones con Él en intimidad, en comunión, en profundidad, no solo de oídas (Job_42:5) y que le “veamos” espiritualmente de una manera más cercana como un hijo conocería a su padre biológico y aún mejor, y como Dios es infinito, eterno, ilimitado, sin fin, Él ha puesto una medida de todo ello en nuestro corazón para que nos acerquemos a Él y le busquemos, y el ejemplo más evidente de ello es como los niños, sino necesidad de que se les hable profundamente de Dios, ellos reciben en su corazón ese conocimiento, lo abrazan, y es por ello que el Señor nos dice en Su Palabra que para conocer las cosas del Reino y entrar en Él necesitamos ser como niños (Mat_18:3, 1Pe_2:2).

 

Por otro lado, la eternidad, en la cual ya estamos viviendo los que hemos reconocido el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10, Hch_2:21, Rom_10:13), es el tiempo que nos llevará conocer a Dios. Eso implica que no debemos cometer el error de pensar que, porque conocemos algo del Señor, ya sea de oídas o por experiencias con Él, ya sabemos todo lo que hay que saber de Él para conocerlo, porque cuando pensamos que sabemos, dejamos de buscar, dejamos de aprender y dejamos de crecer en comunión, en intimidad, en novedad, y nuestra vida entra en un ritmo de conformidad y pasividad en nuestro crecimiento y madurez en Él.

 

¿Cuánto conocemos de Él ahora? Siendo que Él es infinito y eterno, seguramente, solo conocemos una micronésima, una pizca, un granito de Él, qué comparado con su infinitud, es cerca de nada, y en la medida que menos conocemos, menos disfrutamos de la eternidad que ya vivimos, y lo contrario también es cierto, en la medida que más le conocemos, más disfrutaremos de la abundancia, plenitud, victoria, bendición, etc., de la vida eterna, porque conocerle a Él es la vida eterna (Jua_17.3). Por eso la Palabra de Dios nos exhorta tantísimas veces y de muchas formas diferentes a que nos apliquemos al conocimiento de Él a través de las Escrituras (Jua_5:39, Mar_12:24, Ose_4:6, etc.). y para ello también la comunión con Él por el Espíritu Santo que nos ha dado (1Co_6:19) es fundamental (1Co_2:9-12, Lam_3:22-23).

 

Sin importar lo mucho que le conozcamos aquí en la tierra (y también posiblemente en la eternidad), siempre habrá más, mucho más, y en ese "habrá más" también está implicada más calidad de vida para nosotros aquí en la tierra. A pesar de lo mucho o poco que hayamos alcanzado de calidad de vida en Dios, hay más, mucho más para nosotros aquí en la tierra, y por supuesto, de manera perfecta en la eternidad. De tal manera que siempre deberíamos acercarnos más, mucho más a Dios.

 

Y acercarnos a la comunión con Él y a Su Palabra, como unos que no conocen casi nada (Sal_42:1-2, Sal_63:1-2), como niños deseosos de aprender, con expectativas por lo nuevo, lo novedoso. Nunca dejemos de buscarlo, de seguir adelante para conocerlo porque entre más le conozcamos más nos gozaremos y nos alegraremos en Él, en Su Presencia, y en Su Presencia hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal_16:11) y Su gozo es nuestra fortaleza (Neh_8.10). Y tampoco dejemos de seguir buscándolo y conociéndolo, porque la eternidad en la cual ya vivimos y viviremos eternamente, es el tiempo que nos tomará conocerlo, y en cada nuevo conocimiento que El nos vaya revelando de sí mismo, encontraremos una mayor plenitud de vida. Toda esta nuestra vida terrenal que ahora tenemos, es apenas el principio de nuestra eternidad, una eternidad en la que, entre otras muchas cosas, es para que le conozcamos a Él.

 

Y ya que nos tomará una eternidad conocerlo, que hay mucho más que nos queda por descubrir, busquemos conocerlo a Él hoy cada vez más, con la expectación del que en cada nuevo paso que dé hacia un mayor conocimiento del Padre, recibirá sorpresas, regalos, revelaciones, bendiciones, plenitudes que no había conocido.

 

Y busquémoslo como el hambriento busca la comida cuando tiene hambre, o el sediento busca el agua cuando tiene sed, con necesidad, con urgencia, porque en realidad, lo entendamos o no, en ello nos va la vida (Jua_17:3, Jua_5:39).

 

Y esto no es teoría. Es la experiencia de vida que diariamente tenemos los que buscamos cada día a Dios a través de la comunión con Él y del conocimiento, entendimiento, práctica y atesoramiento de Su Palabra, porque Dios lo que promete, lo cumple (Num_23:19, Deu_30:19-20).

 

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