CONOCER A DIOS (ETERNIDAD).
En Ecl_3:11
la Palabra de Dios nos enseña que Él ha puesto eternidad en el corazón de todos
los seres humanos, y entre otras muchas cosas, una de las razones por las que
Dios pone esa eternidad en nuestros corazones es para que le conozcamos (Hch_17:26-28,
Jua_17:3), porque Él anhela que le conozcamos y que nos relaciones con Él
en intimidad, en comunión, en profundidad, no solo de oídas (Job_42:5) y
que le “veamos” espiritualmente de una manera más cercana como un hijo
conocería a su padre biológico y aún mejor, y como Dios es infinito, eterno,
ilimitado, sin fin, Él ha puesto una medida de todo ello en nuestro corazón
para que nos acerquemos a Él y le busquemos, y el ejemplo más evidente de ello
es como los niños, sino necesidad de que se les hable profundamente de Dios,
ellos reciben en su corazón ese conocimiento, lo abrazan, y es por ello que el
Señor nos dice en Su Palabra que para conocer las cosas del Reino y entrar en
Él necesitamos ser como niños (Mat_18:3, 1Pe_2:2).
Por
otro lado, la eternidad, en la cual ya estamos viviendo los que hemos
reconocido el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10, Hch_2:21, Rom_10:13),
es el tiempo que nos llevará conocer a Dios. Eso implica que no debemos cometer
el error de pensar que, porque conocemos algo del Señor, ya sea de oídas o por
experiencias con Él, ya sabemos todo lo que hay que saber de Él para conocerlo,
porque cuando pensamos que sabemos, dejamos de buscar, dejamos de aprender y
dejamos de crecer en comunión, en intimidad, en novedad, y nuestra vida entra
en un ritmo de conformidad y pasividad en nuestro crecimiento y madurez en Él.
¿Cuánto
conocemos de Él ahora? Siendo que Él es infinito y eterno, seguramente, solo
conocemos una micronésima, una pizca, un granito de Él, qué comparado con su
infinitud, es cerca de nada, y en la medida que menos conocemos, menos
disfrutamos de la eternidad que ya vivimos, y lo contrario también es cierto,
en la medida que más le conocemos, más disfrutaremos de la abundancia,
plenitud, victoria, bendición, etc., de la vida eterna, porque conocerle a Él
es la vida eterna (Jua_17.3). Por eso la Palabra de Dios nos exhorta
tantísimas veces y de muchas formas diferentes a que nos apliquemos al
conocimiento de Él a través de las Escrituras (Jua_5:39, Mar_12:24, Ose_4:6,
etc.). y para ello también la comunión con Él por el Espíritu Santo que nos ha
dado (1Co_6:19) es fundamental (1Co_2:9-12, Lam_3:22-23).
Sin
importar lo mucho que le conozcamos aquí en la tierra (y también posiblemente
en la eternidad), siempre habrá más, mucho más, y en ese "habrá más" también está implicada más
calidad de vida para nosotros aquí en la tierra. A pesar de lo mucho o poco que
hayamos alcanzado de calidad de vida en Dios, hay más, mucho más para nosotros
aquí en la tierra, y por supuesto, de manera perfecta en la eternidad. De tal
manera que siempre deberíamos acercarnos más, mucho más a Dios.
Y acercarnos a la comunión con Él y a Su Palabra,
como unos que no conocen casi nada (Sal_42:1-2,
Sal_63:1-2), como niños deseosos de aprender, con expectativas por lo
nuevo, lo novedoso. Nunca dejemos de buscarlo, de seguir adelante para
conocerlo porque entre más le conozcamos más nos gozaremos y nos alegraremos en
Él, en Su Presencia, y en Su Presencia hay plenitud de gozo y delicias para
siempre (Sal_16:11) y Su gozo es nuestra fortaleza (Neh_8.10). Y
tampoco dejemos de seguir buscándolo y conociéndolo, porque la eternidad en la
cual ya vivimos y viviremos eternamente, es el tiempo que nos tomará conocerlo,
y en cada nuevo conocimiento que El nos vaya revelando de sí mismo,
encontraremos una mayor plenitud de vida. Toda esta nuestra vida terrenal que
ahora tenemos, es apenas el principio de nuestra eternidad, una eternidad en la
que, entre otras muchas cosas, es para que le conozcamos a Él.
Y ya
que nos tomará una
eternidad conocerlo, que hay mucho más que nos queda por descubrir, busquemos
conocerlo a Él hoy cada vez más, con la expectación del que en cada nuevo paso
que dé hacia un mayor conocimiento del Padre, recibirá sorpresas, regalos,
revelaciones, bendiciones, plenitudes que no había conocido.
Y busquémoslo como el hambriento busca la
comida cuando tiene hambre, o el sediento busca el agua cuando tiene sed, con
necesidad, con urgencia, porque en realidad, lo entendamos o no, en ello nos va
la vida (Jua_17:3, Jua_5:39).
Y
esto no es teoría. Es la experiencia de vida que diariamente tenemos los que
buscamos cada día a Dios a través de la comunión con Él y del conocimiento,
entendimiento, práctica y atesoramiento de Su Palabra, porque Dios lo que
promete, lo cumple (Num_23:19, Deu_30:19-20).
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