EL PODER DEL AMANERCER.
En la salida del sol vemos la luz descender
sobre la tierra. Es una señal, una imagen en el ámbito físico de lo que
tiene lugar en el ámbito espiritual (Heb_11:3). Cuando reconocemos el
Señorío de Cristo sobre nuestras vidas, significa la venida de la luz sobre
nuestras vidas, sobre nuestros pecados, sobre nuestro pasado y sobre lo viejo (Jua_8:12).
Todo ello queda atrás.
Después
de la oscuridad viene la luz del día, y ello es un tipo de la resurrección.
Cada uno de los cuatro relatos de la resurrección del Mesías contiene una palabra que habla del
amanecer, del alba.
Cuando la Luz del Mundo, nuestro amado
Jesús viene a nuestras vidas, la oscuridad retrocede y el poder de la Luz trae
a la existencia lo que no existía, un nuevo día, saca de la nada una nueva
creación, un nuevo ser, una nueva identidad (2Co_5:17), todo lo viejo
pasa y todo es hecho nuevo.
Y ello significa que saca esperanza de
la desesperanza, amor del egoísmo, vida de la muerte, luz de las tinieblas, un
camino donde no había camino, del desorden un nuevo orden, de la vieja
existencia una nueva existencia, de la oscuridad la luz,
Por ello y mucho más, la salvación es
un milagro, el más grande milagro que puede manifestarse en la vida de una
persona. Es hecho algo nuevo, totalmente nuevo, con un nuevo diseño, un nuevo
propósito, una nueva forma de vida, un nuevo destino, un nuevo camino, una
nueva Verdad en nuestra vida, una nueva vida que implica sanidad, liberación,
restauración, provisión, protección, seguridad, liberad, vida, fortaleza, gozo,
paz, paciencia, benignidad, bondad, y muchas otras cosas que se siembran como
una semilla para que florezcan.
Como una semilla que es sembrada en
nuestra vida (Mat_13:21-23), para que florezca necesita de una buena
tierra que es un corazón dispuesto a cobijarla, recibirla, atesorarla (Mat_13:31-32).
Agua para regarla, que es la Palabra de Dios (Jua_15:3) y los ríos de
agua viva del Espíritu Santo (Jua_7:37-39), abonarla que se
produce cuando nos congregamos con los hermanos que es adonde Dios manda una
clase especial de bendición y una porción especial de vida eterna que no
obtenemos de ninguna otra forma (Heb_10:25, Sal_133:1-3), e implica el
cuidado de la nueva planta y de la tierra en la que está brotando, que
significa el cuidado de nuestro corazón para que todo lo nuevo que ha sido
sembrado y que va a fructificar no se vea afectado por ninguna mala hierba (Pro_4:23).
Creamos
hoy y cada día, al
amanecer, en el poder de Dios para traer a la existencia ese día lo que no es,
en el poder del día y de la luz (1Ts_5:5), hablando lo que no es como si
fuera (Rom_4:17).
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