lunes, 30 de marzo de 2026

Conociendo al Padre.

 

CONOCIENDO AL PADRE.

 

La persona más importante, más extraordinaria, más maravillosa, más espectacular que podemos llegar a conocer en nuestra vida no es a nuestro cónyuge, o a nuestros hijos, o a nuestros amigos. Esa persona es el Padre (Jua_14:6), a Quién conocemos en la persona de Jesucristo (Jua_1:18) y por la persona del Espíritu Santo (1Co_2:9-12).

 

Y comenzamos realmente a conocer al Padre cuando reconocemos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador (Rom_10:8-10, Jua_1:12) y recibimos el Espíritu de adopción (el Espíritu Santo) por el cual clamamos Abba Padre (Papito) (Rom_8:15-17).

 

Cualquier prejuicio, daño en el corazón, adversidad, etc., que nos haya hecho tener un concepto erróneo del padre (natural o celestial) es el resultado de una obra diabólica en nuestro ser interior para robarnos el privilegio y el regalo de conocer a nuestro Padre celestial, y hoy es un buen día de vencerlo entregándole nuestra vida a Cristo, si no lo hemos hecho, o reafirmando nuestro compromiso y anhelo de conocer más al Padre.

 

Recordemos que la vida eterna es conocer al Padre y a Jesucristo (Jua_17:3) y que Jesucristo es la revelación del Padre (Jua_14:6-11, Jua_1:18), lo que significa que todo lo que Jesús manifestó en su vida terrenal: gracia, misericordia, amor, perdón, poder, cuidado, ternura, etc., es un reflejo de Quién es el Padre y lo que hace.

 

Él es nuestro Salvador, Sanador, Libertador, Restaurador de nuestro corazón, Proveedor, Protector, Fortaleza, Seguridad. Él nos da una nueva identidad, la de hijos de Dios; una nueva familia, la familia de Dios; un amor eterno (Jer_31:3) que no cambia porque Él no cambia (Mal_3:6); una aceptación incondicional (Efe_1:6) aunque nos va a transformar cada día a Su imagen (Fil_1:6, 2Co:3:18); una nueva oportunidad de vivir vidas plenas, abundantes, bendecidas, en victoria (2Co_5:17, Efe_1:22-23, Efe_1:3, Rom_8:31-39), una nueva naturaleza como la de Él (2Pe_1:3-4), y todas las cosas que necesitamos para que las disfrutemos (Sal_23:1, Fil_4:19, Jua_3:27, Stg_1:17).

 

Si no hemos reconocido y creído en y a Cristo como nuestro Señor y Salvador que es el camino que nos lleva al Padre, ¿Qué estamos esperando? Y si ya lo hemos hecho, ¿Que estamos esperando para seguirlo aún más de lo que lo hemos hecho antes para vivir en una plenitud, bendición, abundancia y victoria como nunca hemos experimentado?

 

 

El amor que mueve el universo.

 

 

EL AMOR QUE MUEVE EL UNIVERSO.

 

Cada evento en el mundo y en nuestro propia vida es el resultado de una cadena incontable de tiempo, de eventos y de lugares geográficos que vienen desde la creación del mundo (Hch_17:26-28).

 

Cada evento que sucede en el mundo, nuestra propia vida y en nuestra cotidianidad es el resultado de incontables eventos, interacciones, confluencias, encuentros, relaciones, etc., que no son una casualidad sino un ordenamiento divino que los determinó, ordenó y realizó cada uno en su tiempo para llegar al resultado que vemos hoy.

 

Pongamos por ejemplo nuestra vida: somos el resultado de la vida de nuestros dos padres, que son el resultado de la vida de nuestros 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, 32 de ellos y así sucesivamente, y además del diseño de cada uno de nuestros días (Sal_139:13-16).

 

De tal manera que ninguno de nosotros es el resultado del azar, del descuido, de una falta de plan, etc. Quizá desde la perspectiva de lo terrenal podría ser así, pero nunca desde la perspectiva eterna.

Dios nos conoció desde antes de la fundación del mundo (Rom_8:30), somos el resultado de un plan y propósito perfectamente estructurado y ejecutado por nuestro Dios y Padre para que lo vivamos y lo cumplamos (Jer_29:11, Sal_138:8).

 

Todas las cosas deben trabajar juntas con absoluta precisión para que cualquier evento específico suceda como lo hace (Rom_8:28-29) y para que Dios responda cualquiera de nuestras oraciones junto con las oraciones de una infinidad de personas más que oran al mismo tiempo que nosotros y por cuestiones diversas, inclusive las más pequeñas. Él dirige las cosas, mueve y coordina todos los eventos del tiempo, el espacio, la geografía, las demás personas y condiciones necesarias con una perfección, sabiduría y exactitud asombrosas (Omnipotencia, Omnisciencia, Omnipresencia, Justicia, Amor, Santidad, Paciencia, etc.).

 

Él mueve el universo por cada uno de nosotros (Heb_1:3), por usted y por mí, y todo ello por el maravilloso hecho de que Él nos ama con amor eterno (Jer_31:3) y quiere lo mejor para nosotros en todo tiempo (Pro_4:18, Fil_1:6), porque así es como Dios nos ama, con un amor mayor que el tiempo y el espació (Rom_8:38-39) del que nada ni nadie nos puede separar y que se manifestó cuando Él  envió a Cristo al mundo a morir por nuestros pecados para que tuviéramos, salvación y vida eterna (Jua_3:16-17). 

 

¿Estamos viviendo en el reconocimiento de ese amor maravilloso, infinito, extraordinario, o no lo estamos perdiendo? ¿O estamos pensando que es por nosotros, por nuestros méritos y merecimientos que estamos viviendo lo bueno que hemos vivido en el pasado, estamos viviendo hoy y viviremos en el pasado?

 

 

Conocer a Dios (eternidad).

 

 

CONOCER A DIOS (ETERNIDAD).

 

 

En Ecl_3:11 la Palabra de Dios nos enseña que Él ha puesto eternidad en el corazón de todos los seres humanos, y entre otras muchas cosas, una de las razones por las que Dios pone esa eternidad en nuestros corazones es para que le conozcamos (Hch_17:26-28, Jua_17:3), porque Él anhela que le conozcamos y que nos relaciones con Él en intimidad, en comunión, en profundidad, no solo de oídas (Job_42:5) y que le “veamos” espiritualmente de una manera más cercana como un hijo conocería a su padre biológico y aún mejor, y como Dios es infinito, eterno, ilimitado, sin fin, Él ha puesto una medida de todo ello en nuestro corazón para que nos acerquemos a Él y le busquemos, y el ejemplo más evidente de ello es como los niños, sino necesidad de que se les hable profundamente de Dios, ellos reciben en su corazón ese conocimiento, lo abrazan, y es por ello que el Señor nos dice en Su Palabra que para conocer las cosas del Reino y entrar en Él necesitamos ser como niños (Mat_18:3, 1Pe_2:2).

 

Por otro lado, la eternidad, en la cual ya estamos viviendo los que hemos reconocido el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10, Hch_2:21, Rom_10:13), es el tiempo que nos llevará conocer a Dios. Eso implica que no debemos cometer el error de pensar que, porque conocemos algo del Señor, ya sea de oídas o por experiencias con Él, ya sabemos todo lo que hay que saber de Él para conocerlo, porque cuando pensamos que sabemos, dejamos de buscar, dejamos de aprender y dejamos de crecer en comunión, en intimidad, en novedad, y nuestra vida entra en un ritmo de conformidad y pasividad en nuestro crecimiento y madurez en Él.

 

¿Cuánto conocemos de Él ahora? Siendo que Él es infinito y eterno, seguramente, solo conocemos una micronésima, una pizca, un granito de Él, qué comparado con su infinitud, es cerca de nada, y en la medida que menos conocemos, menos disfrutamos de la eternidad que ya vivimos, y lo contrario también es cierto, en la medida que más le conocemos, más disfrutaremos de la abundancia, plenitud, victoria, bendición, etc., de la vida eterna, porque conocerle a Él es la vida eterna (Jua_17.3). Por eso la Palabra de Dios nos exhorta tantísimas veces y de muchas formas diferentes a que nos apliquemos al conocimiento de Él a través de las Escrituras (Jua_5:39, Mar_12:24, Ose_4:6, etc.). y para ello también la comunión con Él por el Espíritu Santo que nos ha dado (1Co_6:19) es fundamental (1Co_2:9-12, Lam_3:22-23).

 

Sin importar lo mucho que le conozcamos aquí en la tierra (y también posiblemente en la eternidad), siempre habrá más, mucho más, y en ese "habrá más" también está implicada más calidad de vida para nosotros aquí en la tierra. A pesar de lo mucho o poco que hayamos alcanzado de calidad de vida en Dios, hay más, mucho más para nosotros aquí en la tierra, y por supuesto, de manera perfecta en la eternidad. De tal manera que siempre deberíamos acercarnos más, mucho más a Dios.

 

Y acercarnos a la comunión con Él y a Su Palabra, como unos que no conocen casi nada (Sal_42:1-2, Sal_63:1-2), como niños deseosos de aprender, con expectativas por lo nuevo, lo novedoso. Nunca dejemos de buscarlo, de seguir adelante para conocerlo porque entre más le conozcamos más nos gozaremos y nos alegraremos en Él, en Su Presencia, y en Su Presencia hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal_16:11) y Su gozo es nuestra fortaleza (Neh_8.10). Y tampoco dejemos de seguir buscándolo y conociéndolo, porque la eternidad en la cual ya vivimos y viviremos eternamente, es el tiempo que nos tomará conocerlo, y en cada nuevo conocimiento que El nos vaya revelando de sí mismo, encontraremos una mayor plenitud de vida. Toda esta nuestra vida terrenal que ahora tenemos, es apenas el principio de nuestra eternidad, una eternidad en la que, entre otras muchas cosas, es para que le conozcamos a Él.

 

Y ya que nos tomará una eternidad conocerlo, que hay mucho más que nos queda por descubrir, busquemos conocerlo a Él hoy cada vez más, con la expectación del que en cada nuevo paso que dé hacia un mayor conocimiento del Padre, recibirá sorpresas, regalos, revelaciones, bendiciones, plenitudes que no había conocido.

 

Y busquémoslo como el hambriento busca la comida cuando tiene hambre, o el sediento busca el agua cuando tiene sed, con necesidad, con urgencia, porque en realidad, lo entendamos o no, en ello nos va la vida (Jua_17:3, Jua_5:39).

 

Y esto no es teoría. Es la experiencia de vida que diariamente tenemos los que buscamos cada día a Dios a través de la comunión con Él y del conocimiento, entendimiento, práctica y atesoramiento de Su Palabra, porque Dios lo que promete, lo cumple (Num_23:19, Deu_30:19-20).

 

Como un padre trae a su hijo.

 

COMO UN PADRE TRAE A SU HIJO.

 

Dios, para quienes hemos reconocido el Señorío de Cristo en nuestras vidas no solo mental sino de corazón, y estamos viviendo cada día más (aunque sea poco a poco) en la obediencia a su Palabra, Dios es nuestro Padre (Jua_1:12, Rom_8:15-17).

 

Y los padres naturales derivan su actividad, aunque muchas veces no estén conscientes de ello, de como Dios es como Padre porque Dios, en todos nosotros ha puesto eternidad en nuestro corazón, y parte de ello es el ser padres (Ecl_3:11).

 

Un padre, muchas veces, lleva a su hijo pequeño en brazos, cuando no ha aprendido a caminar, cuando está demasiado cansado para seguir caminando, cuando está enfermo o discapacitado, cuando lo sostiene para abrazarlo, etc. Y como ese padre es para su hijo pequeño, así es Dios para Su pueblo y para Sus hijos, solo que en una forma perfecta y sin importar nuestras edades.

 

Cuando los israelitas llegaron al final de su viaje por el desierto Moisés les habló de Dios como un padre que los había llevado en brazos (Deu_1:31, Isa_46:3-4) aunque ello nos lo hubieran percibido físicamente, en lo espiritual así sucedió (Dios los cuidó, los sostuvo cuando estaban cansados, etc.) durante los 40 años que estuvieron en el desierto.

 

Y si ello lo hace con Su pueblo, cuanto más no lo hará con nosotros Sus hijos (Isa_40:11, Jua_10:27-29), y no solo abrazarnos espiritualmente, sino también emocional y hasta físicamente en algunas ocasiones. Recuerdo una oportunidad en que estando en un retiro, el predicador estaba hablando de como Dios nos restaura cuando estamos cansados y nos sostiene cuando estamos emocionalmente bajos, y en ese momento le dije al Señor que necesitaba sentir Su abrazo, y aunque no lo vi físicamente, sentí como me abrazó de una forma muy particular, como cuando yo abrazó a mis amigos, poniéndome a sus espaldas y rodeándolos con mis brazos, y sentí algo tan especial, sanando y restaurando mi corazón, sintiéndome amado y especial, y llenándome de ternura.

 

Y eso mismo quiere hacer Dios con cada uno de nosotros porque Él no hace acepción de personas, y si se lo pedimos porque verdaderamente lo necesitamos y lo anhelamos en el corazón, Él lo hará en algún momento porque Él no hace acepción de personas (Deu_10:17, Rom_2:11).

 

Nuestra vida terrenal es como un viaje por el desierto donde pasaremos por momentos en que estaremos demasiado cansados para continuar. Será en esos momentos que Él nos sostendrá y nos llevará en Sus brazos: enfermos, heridos, quebrantados emocional y/o espiritualmente, cansados físicamente, agobiados con los problemas que enfrentamos a diario, etc.  Si hacemos una pausa, vamos a Él con nuestras cargas y cansancio, Él nos hará descansar (aunque físicamente no lo sintamos, pero Él lo hará).

 

Es entonces cuando Él nos sostendrá, Su mano tomará la nuestra y nos dará nuevas fuerzas y nos levantará (Isa_40:28-31), Sus “brazos” invisibles nos sostendrán y nos abrazarán, y aunque no lo veamos, lo sentiremos, y nos llevará al lugar y momento designados para nuestra recuperación, para nuestra victoria, para salir de esas situaciones.

 

Y hay otro momento en que un hombre tomará a su hijos en sus brazos: cuando su hijo haya muerto. Y cuando nosotros cerremos nuestros ojos por última vez en esta vida los brazos del Padre nos sostendrán una vez más y nos llevará del desierto de este mundo a nuestra tierra prometida en la eternidad (Sal_48:14).

 

 

sábado, 28 de marzo de 2026

Dios en todo tiene un propósito.

 

DIOS EN TODO TIENE UN PROPÓSITO.

 

 

El Sal_138:8 nos enseña que Dios cumplirá Su propósito en cada uno de nosotros y en todo lo creado (el universo) y Él nos diseñó en el vientre de nuestras madres con todo lo necesario para ello y además diseñó cada una de las circunstancias de nuestra vida para encaminarnos a Su propósito, que comienza por conocerlo y encontrarlo (Sal_139:13-16, Efe_2:10, Hch_17:26-28).

 

La Palabra también nos enseña que ni un solo pajarillo cae a tierra sin que sea la voluntad de Dios (Mat_10:29) y que Él tiene contados cada uno de los cabellos de nuestra cabeza (Luc_12:7). Si Él tiene cuidado y control de esas cosas tan aparentemente insignificantes e irrelevantes, cuanto más tendrá no solo el cuidado sino el control de todos los asuntos de nuestra vida, de nosotros Sus hijos. De manera que nada de lo que ocurre en el mundo, a nuestro alrededor, y en nuestras vidas sucede por casualidad, todo ello nos está encaminando al cumplimiento de Su propósito en nosotros (Rom_8:28-29).

 

Todo lo que sucede en el mundo, a nuestro alrededor y en nosotros tiene una razón, un plan y un destino. La voluntad y la mano de Dios hace que cada cosa que suceda se adapte a Su Voluntad como en el caso de Ester y Mardoqueo, en el que la providencia de Dios obró de manera sobrenatural para que el propósito de liberación de Dios para Su pueblo se cumpliera. Cuanto más no sucederá lo mismo para traernos a cada uno de nosotros al cumplimiento de Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y llevar nuestra vida en aumento (Pro_4:18). Si un padre natural, con recursos limitados procura eso para sus hijos, cuanto más nuestro Padre lo hará con la ventaja extraordinaria que Él cuenta con todos los recursos y poder a Su alcance para que Su propósito se cumpla en nosotros (Mat_7:9-11, Luc_11:11-13). La voluntad, el poder y la mano de Dios hace que cada cosa suceda y se adapte a Su Voluntad para llevarnos al cumplimiento de Su propósito.

 

Meditemos en los eventos de nuestra vida acerca de los cuales nunca hemos experimentado paz, seguimos experimentando dolor o alguna emoción negativa respecto a ellos y hagamos la paz con ese tema, perdonemos lo que necesitamos perdona y demos gracias al Señor porque Él, si no lo ha hecho aún obrar a nuestro favor y para nuestro bien todavía, lo hará en un futuro cercano (Rom_8:28-29, Jua_3:27, Stg_1:17, 1Ts_5:18).

 

Y también meditemos en los eventos de nuestra vida que nos han traído hasta aquí y veamos cómo la mano sobrenatural de Dios ha obrado en ellos para dirigirnos a través de las circunstancias de nuestra vida que no estaban bajo nuestro control (y casi nada de ello, si no es que nada, estuvo bajo nuestro control) y demos gracias al Señor por ello, porque habiendo venido sin nada al mundo, hemos alcanzado y disfrutado de muchas cosas que ni merecíamos ni hicimos nada por alcanzarlas, y entendamos que las que aparentemente hemos alcanzado por nosotros, no han sido por nosotros sino por Su Gracia dirigiéndonos a través de circunstancias de las que no teníamos control, para llegar a ellas.

 

Y principalmente, demos gracias al Señor por todo lo que ha sido en nuestra vida, que nos ha traído hasta aquí, y que ha sido bendición, y por todo lo que no ha sucedido en nuestra vida, que ha sido Su protección para nosotros (1Ts_5:18).

 

 

 

Descendió a nosotros.

 

DESCENDIÓ A NOSOTROS.

 

En el desierto, Moisés se encontró con Dios varias veces en el Monte Sinaí (Exo_19) y allí era inalcanzable para todos los demás que acompañaban a Moisés en el éxodo por el desierto.  Y allí, en el Monte Sinaí, Dios le ordenó a Moisés que hiciera un Tabernáculo, el Tabernáculo de Reunión, conforme al modelo que Dios le mostró (Exo_25:8-9), y ello nos muestra lo mismo que cuando Dios creó a Adán y Eva: que Dios quería tener comunión y habitar en medio de ellos; que Su Presencia y Su Gloria que había sido inalcanzable para todos ellos en el Monte Sinaí ahora estuviera en medio de ellos, morara con ellos.

 

Y Dios y Su Gloria descendió una vez más en Cristo (Jua_1:14, Jua_3:16). Él habitó entre nosotros, puso Su Tienda, Su Tabernáculo (así dice en el idioma original) entre nosotros como lo hizo en el Tabernáculo de Reunión en el Desierto.

 

Pero hizo aún algo más: cuando Él fue a reunirse con el Padre después de Su crucifixión y ascensión, nos envió a Su Espíritu Santo a hacer morada en nosotros (1Co_6:19), además de qué por Él, por Su Sangre derramada en propiciación y expiación por nuestros pecados de una vez y para siempre, nos dio libre acceso al Trono de Su Gracia para encontrar misericordia y gracia para el oportuno socorro (Heb_4:15-16). Y ello significa que podemos habitar en Su Presencia y bajo Su Gloria cada día de nuestras vidas en medio de cada circunstancia, y aún en los momentos más oscuros de ella, y tener gozo a pesar de todo porque en Su Presencia, si habitamos en Él, hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal_16:11) además que nos guiará en medio de ellas y nos dará la victoria sobre ellas (Sal_23:4-5), sin importar donde estemos.

 

Ahora podemos tener comunión con Él en todo momento de nuestra vida (1Ts_5:17), y no solo la podemos tener, Él la anhela (Stg_4:5, Jua_4:23-24), la busca (Cnt_2:14), y nos ha provisto de muchos elementos para ella, además de Su Espíritu Santo: si oramos (1Ts_5:17), damos acción de gracias y le alabamos (Sal_100:4), meditamos en Su Palabra continuamente (Jos_1:7-8), buscamos hacer todas las cosas para Su Gloria (Col_3:23-24), buscamos Su dirección (Jer_33:3), traemos nuestras cargas delante de Él (Mat_11:28-30) y le seguimos (Jua_10:27), si constantemente ponemos nuestros pensamientos en Él (Sal_1:1-3) y le obedecemos (Mat_6:33), entonces le encontraremos y habitaremos en Su Presencia con todos los beneficios que ello implica (Sal_91:1-6).

 

Él nos ha dado algo asombroso, maravilloso, extraordinario, asombroso, espectacular, etc., que podemos disfrutar en todo momento. No lo hagamos a un lado, no lo menospreciemos. Apreciémoslo como el tesoro más valioso que podemos llegar a tener (Mat_13:44-46).

 

La Palabra y el universo.

 

LA PALABRA Y EL UNIVERSO.

 

En el capítulo 1 del Libro de Génesis la Biblia nos enseña que Dios creó todas las cosas con Su Palabra y en Heb_11:3 nos enseña que todo lo que se ve fue hecho de lo que no se (el universo, lo que se ve, y la Palabra de Dios, lo que no se ve) y que Dios sustenta todas las cosas con Su Palabra (Heb_3:1).

 

De tal manera que el universo no es mayor que la Palabra porque fue formado por ella y ella tiene la autoridad para hacer y deshacer cualquier cosa que haya en el Universo, incluido el universo mismo.

 

Por esa razón, Dios es el Dios del universo, EL OLAM, y Su Palabra es la Palabra de Dios, la  Biblia, las Escrituras (Jua_1:1). Y por esa misma razón, la Palabra es mayor, más real, más sólida, más permanente y más poderosa que el Universo y/o cualquier fuerza en el Universo aparte de Dios, el Todopoderoso.

 

La Palabra no sigue al mundo, más bien el mundo, las circunstancias, deben seguir a la Palabra. Por eso Jesús nos enseñó que si teníamos fe como un grano de mostaza, fe en El y en Su Palabra, podríamos decirle a un monte que se moviera y se movería (Mat_17:20, Luc_17:6). De tal magnitud es el poder de la Palabra, y nosotros los hijos de Dios, hemos recibido Su poder por el Espíritu Santo que habita en nosotros (Hch_1:8, 1Co_6:19) y tenemos la Palabra de Dios para proclamarla delante de nuestras circunstancias para que ellas se alineen a la Voluntad de Dios (2Co_4:13).

 

Por ello necesitamos no solo conocer la Palabra de Dios, sino memorizarla, guardarla en nuestro corazón, hablarla en todo momento y en toda circunstancia (Deu_6:1-9) para que nos vaya bien en toda las cosas.

 

La Palabra no solamente es la Palabra de Dios, es Dios mismo en la persona de Jesucristo (Jua_1:1, Jua_1:14): se encarnó en Jesús, se cumplió en Jesús, y se encarnará en nosotros en la misma medida en la que la conozcamos, la entendamos, la guardemos y la pongamos por obra, no siendo solo oidores de ella sino hacedores (Stg_1:22). En la medida en que la vivamos también nos iremos pareciendo cada vez más a Jesucristo por la obra transformadora de ella y del Espíritu Santo (2Co_3:18).

 

Como primero fue la Palabra y después fue el universo, la Palabra de Dios es mayor, más real, más sólida que el universo y sus circunstancias. Por lo mismo, no necesitamos ser guiados por el universo, el mundo, las circunstancias, nuestros propios pensamientos ni por los acontecimientos de nuestra vida, todo lo cual es pasajero, temporal, mientas que la Palabra de Dios es eterna y permanece para siempre, y hace todo aquello para lo que fue enviada (dada, Isa_55:10-11), aún aquello que pareciera imposible o muerto (Luc_1:37) llamando lo que no es como si fuera (Rom_4:17).

 

La Palabra no sigue a las circunstancias. Todo lo contrario, las circunstancias deben seguir a la Palabra, de tal manera que no necesitamos ser guiados por las circunstancias, por los acontecimientos de nuestra vida sino por la Palabra (Col_3:1-3, Sal_119:105) y por el Espíritu Santo que nos guía a aplicarla en nuestras circunstancias específicas (Rom_8:14). El universo, el mundo, las circunstancias cambian y pasan, pero la Palabra nunca pasa ni cambia (1Jn_2:17, Mat_5:18).

 

Necesitamos ser guiados por la Palabra, incluso cuando todo alrededor vaya en contra, y especialmente entonces (Rom_4:17) porque Dios llama lo que no es como si fuera y las cosas son dadas a luz, cambiadas, transformadas, de acuerdo con Su Voluntad. Entonces en todo tiempo necesitamos mantenernos firmes en la Palabra a pesar de las circunstancias fortaleciéndonos en el Señor (Su Palabra) y en el poder de Su fuerza (el Espíritu Santo) (Efe_6:10-13), porque lo que Dios ha declarado llegará a ser en el universo y en nuestra vida.

 

 

Viviendo nuestros días en EL MÁS QUE SUFICIENTE.

 

VIVIENDO NUESTROS DÍAS EN EL MÁS QUE SUFICIENTE.

 

Cuando Moisés le pregunta a Dios que iba a decir cuando le preguntarán ¿Quién te envió? Dios le dijo que contestara: “YO SOY EL QUE SOY es el que te envía” (Exo_3:14). Y esa expresión que Dios usó para identificarse a sí mismo es equivalente a Su Nombre "El Shaddai", el más que suficiente para cualquier cosa que necesitemos en la vida.

 

Por otro lado la Palabra de Dios también nos enseña que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col_3:3) y que en Él somos, nos movemos y vivimos para buscarlo, para hallarlo, para vivir en Él (Hch_17:26-28). Por otro lado, la Palabra también nos enseña que si estamos en Cristo, que si creemos en Él con el corazón como Señor y Salvador (Rom_10:8-10) entonces estamos en Él (2Co_5:17), estamos en el MÁS QUE SUFICIENTE, y en nosotros habita el Espíritu Santo, el Espíritu del MAS QUE SUFICIENTE.

 

Y eso significa, para nuestra vida práctica, que Él es todo lo que necesitamos para cualquier cosa que implique nuestra vida (Sal_23:1), que Él es además de nuestro Señor y Salvador, nuestro Padre perfecto que cuida de nosotros en todos los aspectos: perdón de pecado, salvación y vida eterna (Jua_3:16-17), sanidad, liberación, restauración (Luc_4:18-19), protección, seguridad, confianza (Sal_18:1-2), provisión (Fil_4:19), victoria (Rom_8:37) y que en Él todo lo podemos (Fil_4:13) y estamos completos (Col_2:10) y Él nos guarda siempre (Sal_121:1-8).

 

Él tiene planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) para llevar nuestra vida en aumento (Fil_1:6, Pro_4:18), lo que implica vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), en victoria (Rom_8:31-39) para que todo nos salga bien (3Jn_1:2). Y todo ello si estamos en El y permanecemos en Él, y entonces Su vida fluirá sin interrupciones a través de nosotros (Jua_15:1-7) y permanecer en Él es permanecer en Su Palabra, gradualmente conociéndola, atesorándola y obedeciéndola (Deu_28.1-2, Mat_6:33).

 

La experiencia de los creyentes que hemos permanecido en el Señor a pesar de las adversidades (que son las mismas que pueden vivir los que no están en Cristo, pero cuya solución es diferente y positiva para nosotros) es que en Él tenemos todo lo que necesitamos además de lo mencionado: adopción de hijos (Jua_1:12), amor eterno (Jer_31:3), aceptación (Efe_1:6), ayuda en todo tiempo y en toda circunstancia (Rom_8:26, Rom_8:28-29, Rom_8:37) y muchas cosas más (Jua_3:27, Stg_1:17).

 

Y si tenemos todo eso ¿qué más podemos querer y/o necesitar? Si no lo hemos reconocido como nuestro Señor y Salvador y no estamos viviendo en Su Palabra, nos estamos perdiendo lo mejor de la vida y la pregunta sería ¿Qué estamos esperando para correr a Él, para vivir en Él, bajo Él, abandonando nuestros propios esfuerzos y afanes y siguiéndolo a Él cuando nos ha prometido todas esas cosas y además descanso de todos nuestros afanes y aflicciones (Mat_11:28-30)?

 

 

 

jueves, 26 de marzo de 2026

Merecimientos o gracia.

 

MERECIMIENTOS O GRACIA.

 

Hoy quiero compartir con ustedes algo que deriva de mi testimonio de vida en Cristo, de mi experiencia en mi caminar con Él a lo largo de muchísimos años, como todos los Alientos del cielo para cada día” que hemos estado compartiendo, aunque en ellos no lo mencione expresamente. Todos ellos son el resultado de mi experiencia vivida, no de teoría o de información, sino de realidades que he experimentado realmente siguiendo, aunque sea imperfectamente y con equivocaciones, al Señor mediante la obediencia a Su Palabra y a la dirección del Espíritu Santo que han sido luz y lámpara creciente para mi (Sal_119:105, Rom_8:14), y que aún cuando no hable expresamente de mí, implícitamente todos se refieren a mi y a lo que he vivido. Pero que también estoy seguro de ello, porque lo he escuchado y visto de otros hermanos en la fe, es la experiencia común de cuantos hemos llegado a creer de corazón en Cristo como el Hijo de Dios, muerto en la Cruz por nuestros pecados, y resucitado para la gloria de Dios Padre por Quién tenemos entrada a una forma de vida totalmente diferente cuyo destino final es la Eternidad con Él. Después de esta introducción entremos entonces en la materia de este aliento.

 

Todo lo que nosotros llamamos “méritos”, o “logros” propios, en última instancia dependen de la familia en la que nacimos, del lugar donde nacimos, de las circunstancias que nos han rodeado desde nuestro nacimiento hasta esta fecha que han determinado las oportunidades que hemos tenido. Si somos totalmente honestos y llegamos al fondo del asunto nos daremos cuenta que todo lo que somos, tenemos y podemos ha dependido de las circunstancias en las que hemos vivido, que no las hemos determinado nosotros. Quién las ha determinado ha sido Dios.

 

Y si ello no nos convence, comencemos por el principio. Cuando nuestros padres biológicos nos concibieron, la posibilidad de que fuéramos nosotros los que naciéramos era de por lo menos 1 en 3 millones (la cantidad de espermatozoides que emitió nuestro padre biológico para fecundar el ovulo materno), pero fuimos cada uno de nosotros los que fuimos concebidos por un proceso que la ciencia no ha podido descubrir, y posiblemente no lo descubrirá porque es sobrenatural. La Palabra de Dios nos enseña que cuando estábamos siendo concebidos en el vientre de nuestra madre, el Señor estaba allí viendo que fuera hecho todo lo que Él había determinado desde antes de la fundación del mundo: que fuéramos nosotros los que naciéramos (Sal_139:13-16, Rom_8:29).

 

El lugar y el tiempo de nuestro nacimiento también Él lo determinó (Hch_17:26-28) junto con las circunstancias que rodearían nuestra vida, para que todo ello nos encaminara a buscarlo y encontrarlo. Y también, de acuerdo a lo que nos enseña Sal_139:13-16, Él determinó en semilla, las habilidades, capacidades, talentos, etc., que luego se desarrollarían impulsadas por nuestras circunstancias de vida, para que pudiéramos llevar adelante las obras que Él preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efe_2:10). Y aún nuestras oposiciones a todo ello Él las sabía de antemano y previó las circunstancias para que, voluntariamente, decidiéramos superarlas (Fil_2:13). Y todo ello, para que viviéramos en su buena voluntad, agradable y perfecta para nosotros.

 

Si pareciera que no estamos viviendo en Su buena voluntad el día de hoy, no es por culpa de Dios, es por nuestra resistencia a buscarlo, a encontrarlo, a vivir alineados a lo que Él planeo para nosotros, como Dios le dice a Pablo en su encuentro camino a Damasco: “dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hch_9:5, Hch_26:14). Y lo primero que se ha opuesto al cumplimiento de ella es que no lo hemos decidido (Deu_30:19-20).

 

Todos hemos recibido por gracia una semilla de eternidad en nuestros corazones (Ecl_3:11) desde nuestra concepción que también fue obra y rodeada de Su gracia, que ha estado allí tratando de dirigirnos hacia Dios, y muchas veces nos hemos resistido a ello (la conciencia, la ley escrita en nuestros corazones, las maravillas que Dios ha hecho en Su creación a nuestro alrededor) y nosotros nos hemos resistido a ello (Rom_1:18-23). De tal manera que si no estamos viviendo en Su buena voluntad, agradable y perfecta, no es culpa ni responsabilidad de Dios, sino de nuestra escogencia equivocada que hoy la podemos revertir reconociendo nuestra necesidad de Él y Su Señorío, mediante una oración sincera que salga de lo profundo de nuestro corazón (Rom_10:8-10). Después de ello, lo sobrenatural de Él se comenzará a manifestar en nuestras vidas haciendo de nuevo todo lo que estuvo mal en nuestra vida antes de escogerlo a Él (2Co_5:17).

 

Y después de ello, Él, por Su Palabra y por Su Espíritu no enseñará a dar los pasos necesarios para vivir en Sus planes (Su voluntad) para nosotros, planes de bien para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (eternidad), llevando nuestra vida en aumento cada día (Fil_1:6, Pro_4:18), avanzando hacia una vida cada vez más abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-39) en la que todo nos vaya saliendo bien (3Jn_1:2).

 

Y todo ello por gracia, solamente por gracia como bien lo reconoció Pablo en 1Co_15:10: por gracia somos lo que somos y hacemos lo que hacemos. Si no le hemos dado enteramente nuestra vida al Señor, hoy es el tiempo de hacerlo, pero si ya se la hemos entregado, hoy es el día de tomar nuevas fuerzas y seguir avanzando, con ánimo, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, para alcanzar esas metas que son parte del supremo llamamiento de Dios en Cristo (Fil_3:12-14).

 

No que lo merezcamos, no que tengamos que hacer méritos para alcanzarlo, porque toda nuestra vida, aún cuando no éramos salvos, ha sido por Su gracia preparándonos para este tiempo (Est_4:14) y para los tiempos por venir, que aunque el mundo vaya para peor, para los que estamos en el Señor y permanecemos en Él, vienen para mejor.

 

Y si todo es por gracia, lo primero que necesitamos para seguir adelante es agradecimiento (que se deriva de la palabra “gracia”) y dejar atrás la queja que nos envenena, nos negativiza, produce en nosotros incredulidad, duda y desesperanza.

 

Hoy es un buen día ya sea para comenzar a caminar en la nueva vida en Cristo, o para fortalecer nuestra decisión de seguir caminando en Él hacia el destino maravilloso que Él tiene para cada uno de nosotros.

 

 

Viviendo nuestros días con gozo y esperanza.

 

VIVIENDO NUESTROS DÍAS CON GOZO Y ESPERANZA.

 

 

El Señor en Su Palabra nos enseña en el Sal_118:24 que Él a hecho cada uno de nuestros días para que nos gocemos en Él, y por supuesto, en el día. Y ello tiene una razón: si no vivimos el día con gratitud lo vamos a vivir, por lo menos, con indiferencia, si no es qué con negatividad, queja, frustración, pesimismo, desesperanza, depresión, desesperación, etc.

 

Cuando nacimos, venimos al mundo, en lo natural y material, sin nada y sin garantía de nada, y sin embargo, con el trascurrir de los años hemos llegado a tener muchas cosas en mayor o menor grado: conocimientos, talentos, habilidades, capacidades, bienes materiales, familia, amistades, trabajo, etc., y aunque pareciera que algo de ellas, si no mucho o todo, nos lo ganamos por nuestro esfuerzo, ello solo es una ilusión del ego.

 

En última instancia, y si lo analizamos detenida y profundamente, hasta sus últimas consecuencias, la realidad es que, si no hubiéramos nacido en el lugar, la familia y las circunstancias en las que nacimos, que no dependieron de nosotros, no tendríamos lo que tenemos, quizá tendríamos más, o quizá tendríamos menos, pero no lo somos, tenemos y podemos ahora.

 

Por el otro lado, todo lo que ha rodeado, el ambiente y las circunstancias que han propiciado nuestras experiencias, crecimiento y desarrollo como personas, tampoco ha sido por causa o merecimiento de nosotros mismos, y tampoco de las personas que nos han apoyado, que estuvieron allí no por ellas sino por sus circunstancias que tampoco dependieron de ellas.

 

Entonces, ¿De donde viene todo lo que somos, tenemos y podemos? Todo ello es una obra de Dios que desde el vientre de nuestras madres nos diseñó y diseñó cada uno de nuestros días (Sal_139:13-16, Efe_2:10) para que cumpliéramos Su propósito de buscarlo y encontrarlo (Hch_17:26-28), así que podemos decir, sin lugar a duda, que nada nos ha sido dado que no nos haya sido dado del cielo (Jua_3:27)

 

Por supuesto que podemos decidir ignorar todo ello, no cumplir Su propósito para con nosotros, pero Él no pierde, somos nosotros los que perdemos porque en lugar de seguir Sus planes de bien para que tengamos un futuro y una esperanza (Jer_29.11), vamos a vivir nuestros propios caminos que nos parecen correctos y buenos en nuestra propia opinión. pero cuyo fin es desastre, ruina y/o muerte (Pro_16:25, Pro_14:12).

 

Solo cuando buscamos y seguimos el propósito de Dios nuestras vidas estarán completas (Col_2:10). Y ello, en primer lugar, está al alcance de nuestras manos, a una sola oración de corazón reconociendo nuestra necesidad de Él y creyendo en Él y a Jesús como el Señor de nuestras vidas.

 

Y si ya lo hicimos antes, entonces lo que nos toca es seguirlo a Él de acuerdo con lo que nos va enseñando en Su Palabra (Sal_119:105) y por Su Espíritu Santo (Rom_8:14), y aunque parezca difícil hoy, la verdad es que, si lo anhelamos de corazón, y lo buscamos, Él hará todo lo necesario para que eso suceda (Sal_16:11, Sal_37:4-8, Sal_23:1-6).

 

Y que no nos falte un ingrediente fundamental: el agradecimiento por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas, por lo que está haciendo y por lo que hará (1Ts_5:18, Sal_100:4). El agradecimiento transforma el negativismo en optimismo, la duda e incredulidad en fe, la desesperanza en esperanza, la tristeza en gozo, la queja en gratitud, la culpa en misericordia, la acusación y el juicio en gracia, etc. Y con ello cambia el “tono”, el “clima”, de nuestra vida, nuestra actitud frente a lo que tenemos por delante.

 

La comunión con el Señor nos lleva al agradecimiento, el agradecimiento nos lleva al gozo, el gozo nos lleva a la alabanza, y todas esas cosas, juntas, transforman nuestro enfoque de la vida.  Así que comencemos con el agradecimiento que es Su voluntad para con nosotros (1Ts_5:18) buscándolo a Él y Su Reino, y todo lo demás nos vendrá por añadidura (Mat_6:33).

 

Una persona sin agradecimiento no reconoce la multiforme gracia de Dios para Su vida, no vive en la gracia sino en la queja, y por no vivir en la gracia no disfruta de la multitud de las riquezas de ella (aunque tenga algunas de esas riquezas en su vida la queja le va a impedir reconocerlas y disfrutarlas). Es más, la queja produce amargura, y la amargura la puede convertir en una persona rechazadora de la gracia de Dios en su vida (Heb_12:15): la salvación y vida eterna, la plenitud de vida, la vida abundante, etc. (Efe_2:8-9, Jua_10:10) y como no recibe gracia, tampoco puede dar gracia a otros, vive en amargura contaminándose a sí mismo y contaminando a otros.

 

Cambiemos nuestra actitud de la queja a la gratitud constante (no solo eventual, no solo ocasional), abramos nuestros ojos a la multitud de bendiciones que tenemos en Dios (perdón de pecados en lugar de culpa, vida eterna en lugar de condenación, gozo en lugar de tristeza, sanidad, liberación y restauración en lugar de esclavitud, bendición en lugar de maldición, fe en lugar de desesperanza, etc.) y todo ello cada día. Tenemos disponibles cada día toda las bendiciones de Dios (Fil_4:19. Sal_23:1) y principalmente, lo tenemos a Él, y si lo tenemos a Él, lo tenemos todo (Fil_4:13, Rom_8:37, 1Jn_4:4, etc.).

 

Preparándonos para vivir los mejores años de nuestra vida.

 

PREPARÁNDONOS PARA VIVIR LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA.

 

En la Palabra el Señor nos promete que, si somos justos, Sus hijos, Él va a llevar nuestra vida en aumento de la misma manera que la luz del sol va perfeccionándose de la aurora hasta llegar al cenit (Pro_4:8, Fil_1:6).

 

Ello quiere decir que, si estamos en el Señor, si creemos en Él y lo que Él dice, nuestros mejores días están por venir, no solo porque vamos hacia la eternidad, sino porque aquí en la tierra también irán en aumento, en mejoría, en ascenso.

 

Y esos mejores días comienzan cuando le entregamos nuestra vida a Cristo reconociéndole como el Señor de nuestras vidas (Rom_10:8-10) desde lo profundo de nuestro corazón, no solo mentalmente.

 

Desde ese momento nuestra vida comienza a cambiar porque somos hechos nuevas criaturas, todas las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas, como una semilla que va a ir creciendo de día en día (Mat_13:31-32) si la regamos, la abonamos y la limpiamos y cuidamos.

 

Regarla, abonarla, limpiarla y cuidarla implica en primer lugar, nutrirla con la Palabra de Dios, el alimento espiritual para fortalecer nuestro ser interior (Mat_4:4), regarla con la comunión con el Espíritu Santo que es como ríos de agua viva que recorren nuestro ser interior, limpiándonos de todo lo viejo y estableciendo lo nuevo (Jua_7:37-39) y abonándola cuando nos congregamos para ser enseñados en la Palabra y ministrados con los dones del Espíritu Santo.

 

Si hacemos esas tres cosas simples, el Señor por Su Espíritu Santo que ahora mora en nosotros (1Co_6:19), hará en nuestros corazones las transformaciones que sean necesarias para encaminarnos cada día en esa vida en ascenso, en esa vida en aumento, a que cada uno de nuestros días sea mejor que los anteriores, y preparando las condiciones para que los que siguen sean aún mejores.

 

Eso no implica que en algún momento no vayamos a sufrir algunas adversidades (pecado, errores, malas decisiones, acciones de otros, fracasos, etc.), pero lo que tenemos garantizado por el Señor es que Él hará obrar todo eso para nuestro bien (Rom_8:28-29) y saldremos de todo ello en victoria.

 

Por todas esas razones, y muchas más, nuestra actitud hacia cada uno de nuestros días necesita cambiar, en primer lugar, llenándonos del gozo del Señor porque Él nos ha enseñado que cada uno de los días que Él nos permite son para que nos gocemos en Él, y en el día, no por las circunstancias que nos toquen vivir, sino porque Él está con nosotros y Él nos llevará de victoria en victoria, de ascenso en ascenso, hasta que lleguemos a la Eternidad y vivamos los días perfectos (Apo_21:3-4). Y junto con el gozo, con agradecimiento por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas, está haciendo y hará, llevando cada día nuestros días de mejor en mejor, de más en más.

 

Si hoy estamos pasando por alguna dificultad, no pongamos nuestra mirada en ella, sino en Dios que nos llevará a la victoria por sobre ella, que está obrando para que nuestros días futuros, e incluso este, sea mejor que ayer, para que tengamos vida abundante (Jua_10.10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-39) y en crecimiento (3Jn_1:2), cumpliendo Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11).

 

Así que ¡¡¡Ánimo!!! Nuestros mejores días, semanas, meses y años están por venir.

 

 

Viviendo cada día con propósito.

 

VIVIENDO CADA DÍA CON PROPÓSITO.

 

Cada uno de nosotros somos una creación única e irrepetible de Dios (Sal_139:13-16). Pero no somos solo Su creación, somos una creación con propósito. Él no solo nos diseñó, sino que diseñó nuestro propósito de vida y todas las circunstancias de nuestra vida para llevarnos al cumplimiento de ese propósito (Efe_2:10). Y ese propósito de Dios para nosotros es bueno, y bueno en gran manera (Jer_29:11, Pro_4:18, Fil_1:6, Sal_23:1-6). Implica que tengamos una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-38), en la que todo nos salga bien (3Jn_1:2).

 

Para experimentar todo ello necesitamos vivir en el propósito, en los planes de Dios (Jer_29:11), y ello comienza buscándolo, no solo para salvación, sino todo el tiempo, continuamente, vivir nuestras vidas en Él (Hch_17:26-28) para recibir Su dirección general a través de Su Palabra (Sal_119:105) y específica para las situaciones particulares de cada uno de nuestros días por medio de la dirección del Espíritu Santo (Rom_8:14). Y cuando lo hacemos, el poder y la ayuda del Espíritu Santo estarán a nuestra disposición para vivirlo (Hch_1:8, Rom_8:26).

 

Vivir nuestras vidas de otra forma, es vivir en frustración, derrota, limitación, etc., aunque tengamos todo lo material y lo externo que se nos ocurra. Es vivir según nuestros propios caminos, según nuestra propia voluntad egocéntrica, los cuales nos parecen correctos en nuestra propia opinión, pero cuyo sin es el desastre (Pro_16:25).

 

Nuestra vida no consiste en vivir según nuestros propios criterios o los criterios del mundo si es que queremos tener plenitud de vida. Nuestra vida consiste en vivir para el propósito de Dios, no solo en lo terrenal (Sus planes para nuestro futuro) sino también en lo eterno (la eternidad).

 

Podríamos decir que la mesa está servida, pero de nosotros depende que es lo que vamos a tomar de ella, nuestros planes o los planes de Dios, la vida y la bendición, o la muerte y la maldición. Nosotros escogemos (Deu_30.19-20) aunque Dios quiere que escojamos la vida y la bendición para que nos vaya bien en todo, y esa es la voluntad de Dios para nosotros, buena, agradable y perfecta (Rom_12:2).

 

Y ello comienza cuando de corazón, con la ayuda del Espíritu Santo, nos reconocemos pecadores delante de Dios (Jua_16:7-8) por cuanto hemos vivido sin tomarlo en cuenta en todos los aspectos, tal vez solo eventualmente, si alguno vez lo hemos hecho, y lo reconocemos a Él como el Señor de nuestras vidas (Rom_10:8-10). De allí en adelante, porque nacemos de nuevo y somos nuevas criaturas, y todas las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas, en semilla que se desarrolla gradualmente, 2Co_5:17, Mat_13:31-32, la nueva naturaleza que nos ha dado el Señor y el Espíritu Santo que viene a hacer morada en nosotros, nos guiarán y ayudarán a reconocer y vivir en ese buen propósito de Dios para nuestras vidas y todo lo que ello implica que mencionamos anteriormente: vida abundante, plena, bendecida, victoriosa y en la que todos nos sale bien, y aun cuando podamos enfrentar algunas contrariedades, el Señor y Su Espíritu Santo nos ayudarán a convertirlas en oportunidades de aprendizaje y crecimiento y en victorias. Hoy es el día de comenzar.

 

Y si ya lo hicimos anteriormente, hoy es el día de afirmarnos y fortalecernos en el seguimiento de ese propósito, para la gloria de Dios y para nuestra bendición y la de quienes están alrededor nuestro.

 

Y en cualquiera de los dos casos, ¡¡¡Ánimo y adelante!!! Los mejores días, semanas, meses y años por vivir están delante de nosotros si hacemos la buena elección.

 

 

martes, 24 de marzo de 2026

Viviendo los días hermosos.

 

VIVAMOS LOS DÍAS HERMOSOS.

 

 

Dios es Bueno, Santo, Perfecto, Hermoso, Justo. Y todo lo que Dios hace, entonces, es bueno, santo, perfecto, hermoso, justo. Y ello incluye cada uno de los días de nuestra existencia.

 

Dios hace todos los días buenos, santos, perfectos, hermosos, justos para que nosotros los vivamos en Él (Sal_118:24). Pero muchos podrán decir que sus días son malos, desagradables, sufridos, y otras cosas por el estilo. La clave para que cada día sea hermoso es que lo vivamos en Él.

 

Y vivirlos con Él, es en primer lugar, haberle entregado nuestra vida, que Él sea nuestro Dios, Señor, Salvador y Padre (Jn_1:12, Rom_10:8-10), que seamos Sus hijos. En segundo lugar, que caminemos lo más cerca posible a su Voluntad buena, agradable y perfecta renovando nuestra forma de pensar, no como piensan los que no conocen al Señor, los que piensan conforme al mundo y/o a la carne, sino cambiando nuestra manera de pensar, de ver la vida y las cosas de la vida (Rom_12:2), de la manera como nos lo enseña la Palabra de Dios y entonces nuestros días serán diferentes: buenos, agradables, perfectos, y aunque no serán exentos de situaciones problemáticas (Jua_16:33), ello no nos robará el gozo. Si estamos en Cristo y Él ya las venció, y los creyentes en Cristo que nos antecedieron en los siglos anteriores las vencieron, nosotros también las venceremos (1Co_10:13) además de que obrarán para nuestro bien (Rom_8:28-29) y tendremos victorias sobre todas esas situaciones problemáticas (Rom_8:37) porque el Señor estará con nosotros ayudándonos (Rom_8:26), guiándonos (Rom_8:14) y empoderándonos para ello (Hch_1:8).

 

Los días y las situaciones no son malos, sino buenos, porque todo lo que Dios hace es bueno. La forma como nosotros los vivamos va a depender de la forma como los percibamos, porque conforme pensemos de esas cosas en el fondo de nuestro corazón, de esa manera los vamos a vivir (Pro_23:7). De modo que si los pensamos como Dios dice, los viviremos en plenitud, bendición y victoria (Jua_10:10, Efe_1:22-23, Rom_8:31-39), pero si no, los viviremos en frustración, ansiedad, temor, agobio, etc.

 

En la vida natural, aunque el cielo este lleno de nubes grises, arriba de ellas el cielo es luminoso, soleados, hermoso, celeste. Las situaciones problemáticas que se nos puedan presentar en la vida son como esas nubes grises que no nos dejan ver el cielo hermoso. Apartémoslas de nuestra vista y veamos más allá de ello: no las nubes grises de las situaciones problemáticas, sino el cielo celeste que Dios hará cuando las superemos (1Pe_5:8-10, 1Pe_1:5-6, Stg_1.2-4). Vivámoslos en agradecimiento, alabanza y gozo en Cristo, no por lo que son en ese momento, sino por lo que Dios hará a través de ellos. No los vivamos en queja, negativismo, frustración, amargura, angustia, etc., porque lo que sembremos (y todo ello es una siembra) lo cosecharemos (Gal_6:7-8).

 

Podemos tener días que se vean no tan fáciles con los ojos físicos, pero si los vemos con ojos espirituales son días llenos de oportunidades para crecer, para gozarnos, para agradecer, para vencer. Son días de testimonio para vivir, experimentar, ver, la grandeza de Dios.

 

No nos perdamos, por las situaciones problemáticas que podemos estar enfrentando este o cualquier otro día, los días hermosos que Dios ha hecho para que nos gocemos y nos alegremos en Él (Sal_118:24). Este, y todos los demás días que tenemos por delante, Dios los ha hecho para que nos gocemos y nos alegremos en Él sabiendo que cada día es para que nuestra vida vaya en aumento como la luz del Sol que se va perfeccionando desde el amanecer hasta que alcanza su cenit, porque así es nuestra vida en Cristo (Pro_4:18). Pero necesitamos notar algo: todo ello es en Cristo, lo que implica que, antes que nada, si no lo hemos hecho ya, necesitamos rendirle nuestras vidas a Cristo reconociéndolo como nuestro Señor y Salvador desde el fondo de nuestro corazón y ser salvos (Rom_10:8-10, Jua_1:12) y todo lo demás vendrá por añadidura (Mat_6:33).