martes, 24 de marzo de 2026

Días de bendición.

 

 

DIAS DE BENDICIÓN.

 

Dios en Cristo pagó el precio para que nosotros, los que hemos sido adoptados como Sus hijos (Rom_8:15-16) por el reconocimiento del Señorío de Cristo en nuestras vidas (Jua_1:12, Rom_10:8-10) fuéramos Sus herederos y coherederos con Cristo (Rom_8:17), y la pregunta es ¿herederos de qué? En primer lugar, de todas las cosas que Él ha creado y que creará en el futuro para cuando las necesitemos (Sal_23:1), pero más que eso, para que tengamos vida y vida en abundancia (Jua_10:10), vida bendecida (Efe_1:3), vida plena (Efe_1:22-23), vida victoriosa (Rom_8:31-39), vida creciente (Pro_4:18, Fil_1:6, 3Jn_1:2) para que en todas las cosas nos vaya bien.

 

Ahora bien, para vivir todo ello de una manera creciente, necesitamos también vivir (obedecer) Su Palabra de una manera creciente (Deu_28.1-2, Mat_6:33), que por nosotros mismos no lo podemos lograr más que de una manera muy limitada, por lo que para que podamos obedecerla de una manera más amplia, cada vez más completa, nos ha dado el poder de Su Espíritu Santo para que nos ayude (Hch_1:8, Jua_14:15-17, Rom_8:26), transformando cada día más y más, de una manera gradual, nuestro corazón (2Co_3:18), de tal manera que la bendición va ligada a la obediencia, y las bendiciones siguen a la obediencia.

 

El mundo se ha encargado de hacer indeseable la obediencia por el abuso que muchas de las autoridades terrenales han hecho de su autoridad en nuestro perjuicio, pero Dios no es así. En Él, la obediencia es para nuestra bendición y bienestar, de tal manera que necesitaríamos cambiar esa forma de pensar del mundo de rebelión a la autoridad, y comenzar a amar la obediencia a Dios.

 

La obediencia a Dios nos es conveniente desde todas las perspectivas posibles, además de que con ella nos beneficiamos a nosotros mismos, porque Dios, le obedezcamos o no, sigue siendo Dios, sigue sentado en Su Trono, sigue teniendo control de todo el Universo. A nuestro Dios no le beneficia nuestra obediencia: Él no será más Dios, o más Padre, o más Pastor, si le obedecemos. El no pierde ni gana nada. Los que perdemos si no obedecemos somos nosotros, y los que ganamos si obedecemos somos nosotros.

 

La obediencia Él la estableció para que nos fuera bien en la vida, no porque Él la necesitara. Y por la desobediencia, el diablo nos roba, mata y destruye todo lo que Dios quiere para nosotros, como lo hizo con Adán y Eva en el Paraiso (Gen_3:1-24).

 

Renovemos nuestra mente del rechazo a la obediencia que viene del mundo y que puede estar agazapado en algún lugar profundo de nuestro corazón (Rom_12:2, Efe_4:22-24) para comprobar Su buena voluntad, agradable y perfecta para con nosotros (1Ts_4:3, Mat_7:21) y aprendamos a amar la obediencia (Sal_40:8, Sal_143:10). Digamos como Jesús: el hacer Tu voluntad es mi comida (Job_23:12, Jua_4:34). Y entonces, en todo nos irá bien (3Jn_1:2)

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario