DIAS
DE BENDICIÓN.
Dios
en Cristo pagó el precio para que nosotros, los que hemos sido adoptados como
Sus hijos (Rom_8:15-16) por el reconocimiento del Señorío de Cristo en
nuestras vidas (Jua_1:12, Rom_10:8-10) fuéramos Sus herederos y
coherederos con Cristo (Rom_8:17), y la pregunta es ¿herederos de qué?
En primer lugar, de todas las cosas que Él ha creado y que creará en el futuro
para cuando las necesitemos (Sal_23:1), pero más que eso, para que
tengamos vida y vida en abundancia (Jua_10:10), vida bendecida (Efe_1:3),
vida plena (Efe_1:22-23), vida victoriosa (Rom_8:31-39), vida creciente
(Pro_4:18, Fil_1:6, 3Jn_1:2) para que en todas las cosas nos vaya bien.
Ahora
bien, para vivir todo ello de una manera creciente, necesitamos también vivir
(obedecer) Su Palabra de una manera creciente (Deu_28.1-2, Mat_6:33),
que por nosotros mismos no lo podemos lograr más que de una manera muy
limitada, por lo que para que podamos obedecerla de una manera más amplia, cada
vez más completa, nos ha dado el poder de Su Espíritu Santo para que nos ayude
(Hch_1:8, Jua_14:15-17, Rom_8:26), transformando cada día más y más, de
una manera gradual, nuestro corazón (2Co_3:18), de tal manera que la
bendición va ligada a la obediencia, y las bendiciones siguen a la obediencia.
El
mundo se ha encargado de hacer indeseable la obediencia por el abuso que muchas
de las autoridades terrenales han hecho de su autoridad en nuestro perjuicio,
pero Dios no es así. En Él, la obediencia es para nuestra bendición y
bienestar, de tal manera que necesitaríamos cambiar esa forma de pensar del
mundo de rebelión a la autoridad, y comenzar a amar la obediencia a Dios.
La
obediencia a Dios nos es conveniente desde todas las perspectivas posibles,
además de que con ella nos beneficiamos a nosotros mismos, porque Dios, le
obedezcamos o no, sigue siendo Dios, sigue sentado en Su Trono, sigue teniendo
control de todo el Universo. A nuestro Dios no le beneficia nuestra obediencia:
Él no será más Dios, o más Padre, o más Pastor, si le obedecemos. El no pierde
ni gana nada. Los que perdemos si no obedecemos somos nosotros, y los que
ganamos si obedecemos somos nosotros.
La
obediencia Él la estableció para que nos fuera bien en la vida, no porque Él la
necesitara. Y por la desobediencia, el diablo nos roba, mata y destruye todo lo
que Dios quiere para nosotros, como lo hizo con Adán y Eva en el Paraiso (Gen_3:1-24).
Renovemos
nuestra mente del rechazo a la obediencia que viene del mundo y que puede estar
agazapado en algún lugar profundo de nuestro corazón (Rom_12:2, Efe_4:22-24)
para comprobar Su buena voluntad, agradable y perfecta para con nosotros (1Ts_4:3,
Mat_7:21) y aprendamos a amar la obediencia (Sal_40:8, Sal_143:10).
Digamos como Jesús: el hacer Tu voluntad es mi comida (Job_23:12, Jua_4:34).
Y entonces, en todo nos irá bien (3Jn_1:2)
No hay comentarios:
Publicar un comentario