DIAS DE QUEJA O DE AGRADECIMIENTO (Num_11:4-6).
“Y
la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de
Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en
Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los
ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.”
Cuando
Israel salió de Egipto, no solo salieron israelitas, también salieron gentes de
otras nacionalidades y creencias. Cuando iban en el desierto, los extranjeros
(que no creían ni confiaban en Dios) comenzaron a quejarse y rápidamente
contagiaron con sus quejas a los israelitas (que por lo que se evidencia en el
transcurso de su caminar en el desierto, tenían una fe débil, emocional,
dependiente de las circunstancias).
Este
pasaje nos enseña una verdad importante: todas las personas, y entre ellas,
nosotros los creyentes, tenemos la opción de dos actitudes para cada uno de
nuestros días: la queja o el agradecimiento. La queja derivada de la
insatisfacción, del vaso medio vacío, y el agradecimiento derivado del
contentamiento, del vaso medio lleno. Y ambas, dependiendo de donde estamos
poniendo nuestra mirada: si en las circunstancias terrenales y temporales, o en
la Palabra de Dios eterna.
Cuando
vivimos en la queja generalmente se debe a estar viviendo una vida con
insatisfacción porque estamos poniendo nuestra mirada en las circunstancias
inmediatas, no en todo el panorama de nuestra vida, o porque estamos viendo lo
que nos falta en lugar de agradecer lo que ya tenemos y/o porque pensamos que
la vida pasada fue mejor que la presente.
En todos los casos estamos ignorando dos hechos importantes: que Dios
tiene planes de bien y no de mal para darnos un futuro (en la tierra) y una
esperanza (la eternidad con Él) (Jer_29:11), y que nuestra vida como
hijos de Dios es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que llega a
su punto óptimo (Pro_4.18).
Por
otro lado, el diablo, el mundo y la carne son expertos en llevarnos al olvida
de lo malo que vivimos en el pasado: la esclavitud al pecado, los malos tratos,
la falta de libertad espiritual y emocional, etc., como fue el caso de los
israelitas, y centrarnos en lo escaso bueno que pudo ser nuestro pasado (las
ollas de comida). Esa es una de las razones por las cuales la Palabra nos
enseña que no volvamos nuestra vista al pasado, porque al hacerlo tendremos una
mirada selectiva que nos atará al pasado y no nos dejará avanzar hacia el
futuro prometido por Dios (Luc_9:62).
Y también, el
diablo, el mundo y la carne son expertos en llevarnos a pensar en el futuro de
manera negativa, llenándonos de ansiedad, angustia, temor, etc., olvidando lo
que Dios nos ha prometido de una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23),
bendecida (Efe_1:3), próspera (3Jn_1:2), en victoria (Rom_8:31-39).
En
lugar de centrar nuestra mirada en el pasado, o en el futuro, o en lo
circunstancias del día que hoy que nos pueda estar haciendo falta, centrémosla
en lo que Dios ya ha hecho y nos ha dado en nuestra vida (Jua_3:29,
Stg:1:17, Sal_101:1-3), que totalmente seguro, es más y mejor que lo que
teníamos en el pasado, comenzando por el perdón y la vida eterna que Dios nos
ha dado por el hecho de haber reconocido el Señorío de Cristo en nuestras vidas
(Jua_3:16) y la adopción que como hijos hemos recibido del Dios Todopoderoso,
que ahora además de ser nuestro Dios, es nuestro Padre y nuestro Pastor que nos
ha prometido que nada nos faltará y nuestra vida irá bien (Sal_23:1-6),
aunque en algunos pocos momentos y por un poco de tiempo tengamos que enfrentar
aflicciones (Jua_16:33, 1Pe_1:5-6) de las cuales saldremos más que
vencedores y obrarán para nuestro bien (Rom_8:28-29, 1Pe_5:8_10).
Alimentemos
nuestro agradecimiento por lo que Dios ha hecho, nuestra fe por lo que Dios
está haciendo y nuestra esperanza por lo que Dios hará, en lugar de hundirnos
en la queja, porque aunque las circunstancias temporales no lo aparenten, Dios
está llevando nuestra vida en aumento como la luz de la aurora (Pro_4:18),
adelantando el cumplimiento de Sus planes de bien para darnos un futuro y una
esperanza (Jer_29:11).
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