VIVIENDO CADA DÍA CON
PROPÓSITO.
Cada
uno de nosotros somos una creación única e irrepetible de Dios (Sal_139:13-16).
Pero no somos solo Su creación, somos una creación con propósito. Él no solo nos diseñó, sino que
diseñó nuestro propósito de vida y todas las circunstancias de nuestra vida
para llevarnos al cumplimiento de ese propósito (Efe_2:10). Y ese
propósito de Dios para nosotros es bueno, y bueno en gran manera (Jer_29:11,
Pro_4:18, Fil_1:6, Sal_23:1-6). Implica que tengamos una vida abundante (Jua_10:10),
plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-38),
en la que todo nos salga bien (3Jn_1:2).
Para experimentar todo ello necesitamos vivir en
el propósito, en los planes de Dios (Jer_29:11), y ello comienza
buscándolo, no solo para salvación, sino todo el tiempo, continuamente, vivir
nuestras vidas en Él (Hch_17:26-28) para recibir Su dirección general a
través de Su Palabra (Sal_119:105) y específica para las situaciones
particulares de cada uno de nuestros días por medio de la dirección del
Espíritu Santo (Rom_8:14). Y cuando lo hacemos, el poder y la ayuda del
Espíritu Santo estarán a nuestra disposición para vivirlo (Hch_1:8, Rom_8:26).
Vivir
nuestras vidas de otra forma, es vivir en frustración, derrota, limitación, etc., aunque
tengamos todo lo material y lo externo que se nos ocurra. Es vivir según
nuestros propios caminos, según nuestra propia voluntad egocéntrica, los cuales
nos parecen correctos en nuestra propia opinión, pero cuyo sin es el desastre (Pro_16:25).
Nuestra vida no consiste en vivir según
nuestros propios criterios o los criterios del mundo si es que queremos tener
plenitud de vida. Nuestra vida consiste en vivir para el propósito de Dios, no
solo en lo terrenal (Sus planes para nuestro futuro) sino también en lo eterno
(la eternidad).
Podríamos
decir que la mesa está servida, pero de nosotros depende que es lo que vamos a
tomar de ella, nuestros planes o los planes de Dios, la vida y la bendición, o
la muerte y la maldición. Nosotros escogemos (Deu_30.19-20) aunque Dios
quiere que escojamos la vida y la bendición para que nos vaya bien en todo, y
esa es la voluntad de Dios para nosotros, buena, agradable y perfecta (Rom_12:2).
Y
ello comienza cuando de corazón, con la ayuda del Espíritu Santo, nos
reconocemos pecadores delante de Dios (Jua_16:7-8) por cuanto hemos
vivido sin tomarlo en cuenta en todos los aspectos, tal vez solo eventualmente,
si alguno vez lo hemos hecho, y lo reconocemos a Él como el Señor de nuestras
vidas (Rom_10:8-10). De allí en adelante, porque nacemos de nuevo y
somos nuevas criaturas, y todas las cosas viejas pasaron y todas son hechas
nuevas, en semilla que se desarrolla gradualmente, 2Co_5:17, Mat_13:31-32,
la nueva naturaleza que nos ha dado el Señor y el Espíritu Santo que viene a
hacer morada en nosotros, nos guiarán y ayudarán a reconocer y vivir en ese
buen propósito de Dios para nuestras vidas y todo lo que ello implica que
mencionamos anteriormente: vida abundante, plena, bendecida, victoriosa y en la
que todos nos sale bien, y aun cuando podamos enfrentar algunas contrariedades,
el Señor y Su Espíritu Santo nos ayudarán a convertirlas en oportunidades de
aprendizaje y crecimiento y en victorias. Hoy es el día de comenzar.
Y
si ya lo hicimos anteriormente, hoy es el día de afirmarnos y fortalecernos en
el seguimiento de ese propósito, para la gloria de Dios y para nuestra
bendición y la de quienes están alrededor nuestro.
Y
en cualquiera de los dos casos, ¡¡¡Ánimo y adelante!!! Los mejores días,
semanas, meses y años por vivir están delante de nosotros si hacemos la buena
elección.
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