sábado, 28 de marzo de 2026

Descendió a nosotros.

 

DESCENDIÓ A NOSOTROS.

 

En el desierto, Moisés se encontró con Dios varias veces en el Monte Sinaí (Exo_19) y allí era inalcanzable para todos los demás que acompañaban a Moisés en el éxodo por el desierto.  Y allí, en el Monte Sinaí, Dios le ordenó a Moisés que hiciera un Tabernáculo, el Tabernáculo de Reunión, conforme al modelo que Dios le mostró (Exo_25:8-9), y ello nos muestra lo mismo que cuando Dios creó a Adán y Eva: que Dios quería tener comunión y habitar en medio de ellos; que Su Presencia y Su Gloria que había sido inalcanzable para todos ellos en el Monte Sinaí ahora estuviera en medio de ellos, morara con ellos.

 

Y Dios y Su Gloria descendió una vez más en Cristo (Jua_1:14, Jua_3:16). Él habitó entre nosotros, puso Su Tienda, Su Tabernáculo (así dice en el idioma original) entre nosotros como lo hizo en el Tabernáculo de Reunión en el Desierto.

 

Pero hizo aún algo más: cuando Él fue a reunirse con el Padre después de Su crucifixión y ascensión, nos envió a Su Espíritu Santo a hacer morada en nosotros (1Co_6:19), además de qué por Él, por Su Sangre derramada en propiciación y expiación por nuestros pecados de una vez y para siempre, nos dio libre acceso al Trono de Su Gracia para encontrar misericordia y gracia para el oportuno socorro (Heb_4:15-16). Y ello significa que podemos habitar en Su Presencia y bajo Su Gloria cada día de nuestras vidas en medio de cada circunstancia, y aún en los momentos más oscuros de ella, y tener gozo a pesar de todo porque en Su Presencia, si habitamos en Él, hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal_16:11) además que nos guiará en medio de ellas y nos dará la victoria sobre ellas (Sal_23:4-5), sin importar donde estemos.

 

Ahora podemos tener comunión con Él en todo momento de nuestra vida (1Ts_5:17), y no solo la podemos tener, Él la anhela (Stg_4:5, Jua_4:23-24), la busca (Cnt_2:14), y nos ha provisto de muchos elementos para ella, además de Su Espíritu Santo: si oramos (1Ts_5:17), damos acción de gracias y le alabamos (Sal_100:4), meditamos en Su Palabra continuamente (Jos_1:7-8), buscamos hacer todas las cosas para Su Gloria (Col_3:23-24), buscamos Su dirección (Jer_33:3), traemos nuestras cargas delante de Él (Mat_11:28-30) y le seguimos (Jua_10:27), si constantemente ponemos nuestros pensamientos en Él (Sal_1:1-3) y le obedecemos (Mat_6:33), entonces le encontraremos y habitaremos en Su Presencia con todos los beneficios que ello implica (Sal_91:1-6).

 

Él nos ha dado algo asombroso, maravilloso, extraordinario, asombroso, espectacular, etc., que podemos disfrutar en todo momento. No lo hagamos a un lado, no lo menospreciemos. Apreciémoslo como el tesoro más valioso que podemos llegar a tener (Mat_13:44-46).

 

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