DÍAS DE BUENA COMPAÑÍA.
La
Palabra de Dios nos enseña que no es bueno que el hombre este solo (Gen_2:18)
y que nos necesitamos los unos a los otros (Ecl_4:9-12), así como que
unidos somos exponencialmente más poderosos que solos (1Sa_18:7, Mat_18:19).
Pero
hay una compañía y una ayuda que es superior a todas las que podamos obtener de
cualquier persona, por muy poderosa y cercana que sea. Y esa compañía es Dios,
nuestro Padre.
Él
nos enseña en Su Palabra que anhela nuestra compañía (Stg_4:5, Cnt_2:14),
que Él siempre está disponible para estar con nosotros, que podemos
encontrarnos con Él en cualquier momento que lo necesitamos y/o queramos. Es
más, Él ha dicho que no nos dejará ni nos desamparará (Jos_1:5, Heb_13:5).
Si
Dios, nuestro Padre, no nos deja ni nos desampara, y siempre esta con nosotros
para ser nuestro ayudador (Sal_121:1-8), ello significa que cuando no estamos
conscientes de Su compañía prácticamente lo estamos dejando plantado. Él quiere
que nosotros siempre lo tengamos presente por medio de Su Espíritu Santo para
guiarnos a lo mejor (Rom_8:14), para enseñarnos e instruirnos, para
corregirnos (2Ti_3:16) a fin de que siempre estemos preparados para toda
buena obra (2Ti_3:17) y siempre nos vaya bien en la vida, de tal manera
que no estar consciente de Su presencia con nosotros, nos hace perder mucho en
cuanto a nuestra calidad de vida y a que nos vaya bien.
Y
también hay otro aspecto que no podemos dejar de lado en cuanto a tenerlo a Él
siempre presente en nuestra vida: Él quiere que lo conozcamos profundamente,
íntimamente, que seamos sus cercanos, porque ello es la vida eterna (Jua_17:3),
la vida que desde que reconocimos el Señorío de Cristo estamos viviendo y que
viviremos por la eternidad, y que Él quiere que la experimentemos en la mayor
medida posible desde ahora.
Si
la compañía de las personas que nos son cercanas es una bendición, imaginémonos
lo que significa vivir conscientemente todo el tiempo en la compañía permanente
de nuestro Padre que nos ama tanto que dio lo mejor del cielo por cada uno de
nosotros (Jua_3:16) y que nos ha dejado abierta para siempre la puerta
de acceso a Su Trono de Gracia (Heb_4:16) para que vivamos siempre en Su
Misericordia y Gracia para el oportuno socorro en toda situación, y no
solamente en las malas, sino en todas para que las buenas sean aún mejores y
las malas se conviertan en buenas porque Él hace que lo que el diablo quiere
para nuestro mal, Él lo convierte en nuestro bien (Rom_8:28-29).
Es
un gran privilegio de nuestro Padre Perfecto que Él nos anhele celosamente siendo
nosotros hijos imperfectos (Fil_1:6) y que Él tenga siempre abierta para
cada uno de nosotros la entrada a Su Trono de Gracia, y la única respuesta
adecuada a ello es que nosotros lo anhelemos y lo busquemos de la misma manera,
constantemente, permanentemente, en nuestras vidas, en todos los momentos. No importa que algunas veces nos
desconectemos, pero cuando nos demos de cuenta de ello necesitamos
reconectarnos con Él.
Definitivamente,
cada uno de nuestros días la mejor compañía que podemos anhelar, buscar y
experimentar es la de Él. En Su compañía, en Su Presencia, hay plenitud de gozo
y delicias para siempre (Sal_16:11) y Su gozo es nuestra fortaleza (Neh_8.10),
y Él cada día nos quiere guiar a la sanidad, liberación, restauración y lo
mejor de nuestro ser y vivir.
No
desperdiciemos ese regalo y ese privilegio que Él nos da, que no tiene precio,
y que no se puede pagar de ninguna manera, por lo que Él nos lo da por Gracia
por medio de la fe, gracias a lo que Cristo hizo en la Cruz del Calvario para
nosotros, parte de lo cual es este privilegio de Su Compañía permanente para
con nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario