martes, 17 de marzo de 2026

Días de buena compañía.

 

DÍAS DE BUENA COMPAÑÍA.

 

La Palabra de Dios nos enseña que no es bueno que el hombre este solo (Gen_2:18) y que nos necesitamos los unos a los otros (Ecl_4:9-12), así como que unidos somos exponencialmente más poderosos que solos (1Sa_18:7, Mat_18:19).

 

Pero hay una compañía y una ayuda que es superior a todas las que podamos obtener de cualquier persona, por muy poderosa y cercana que sea. Y esa compañía es Dios, nuestro Padre.

 

Él nos enseña en Su Palabra que anhela nuestra compañía (Stg_4:5, Cnt_2:14), que Él siempre está disponible para estar con nosotros, que podemos encontrarnos con Él en cualquier momento que lo necesitamos y/o queramos. Es más, Él ha dicho que no nos dejará ni nos desamparará (Jos_1:5, Heb_13:5).

 

Si Dios, nuestro Padre, no nos deja ni nos desampara, y siempre esta con nosotros para ser nuestro ayudador (Sal_121:1-8), ello significa que cuando no estamos conscientes de Su compañía prácticamente lo estamos dejando plantado. Él quiere que nosotros siempre lo tengamos presente por medio de Su Espíritu Santo para guiarnos a lo mejor (Rom_8:14), para enseñarnos e instruirnos, para corregirnos (2Ti_3:16) a fin de que siempre estemos preparados para toda buena obra (2Ti_3:17) y siempre nos vaya bien en la vida, de tal manera que no estar consciente de Su presencia con nosotros, nos hace perder mucho en cuanto a nuestra calidad de vida y a que nos vaya bien.

 

Y también hay otro aspecto que no podemos dejar de lado en cuanto a tenerlo a Él siempre presente en nuestra vida: Él quiere que lo conozcamos profundamente, íntimamente, que seamos sus cercanos, porque ello es la vida eterna (Jua_17:3), la vida que desde que reconocimos el Señorío de Cristo estamos viviendo y que viviremos por la eternidad, y que Él quiere que la experimentemos en la mayor medida posible desde ahora.

 

Si la compañía de las personas que nos son cercanas es una bendición, imaginémonos lo que significa vivir conscientemente todo el tiempo en la compañía permanente de nuestro Padre que nos ama tanto que dio lo mejor del cielo por cada uno de nosotros (Jua_3:16) y que nos ha dejado abierta para siempre la puerta de acceso a Su Trono de Gracia (Heb_4:16) para que vivamos siempre en Su Misericordia y Gracia para el oportuno socorro en toda situación, y no solamente en las malas, sino en todas para que las buenas sean aún mejores y las malas se conviertan en buenas porque Él hace que lo que el diablo quiere para nuestro mal, Él lo convierte en nuestro bien (Rom_8:28-29).

 

Es un gran privilegio de nuestro Padre Perfecto que Él nos anhele celosamente siendo nosotros hijos imperfectos (Fil_1:6) y que Él tenga siempre abierta para cada uno de nosotros la entrada a Su Trono de Gracia, y la única respuesta adecuada a ello es que nosotros lo anhelemos y lo busquemos de la misma manera, constantemente, permanentemente, en nuestras vidas, en todos los momentos.  No importa que algunas veces nos desconectemos, pero cuando nos demos de cuenta de ello necesitamos reconectarnos con Él.

 

Definitivamente, cada uno de nuestros días la mejor compañía que podemos anhelar, buscar y experimentar es la de Él. En Su compañía, en Su Presencia, hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal_16:11) y Su gozo es nuestra fortaleza (Neh_8.10), y Él cada día nos quiere guiar a la sanidad, liberación, restauración y lo mejor de nuestro ser y vivir.

 

No desperdiciemos ese regalo y ese privilegio que Él nos da, que no tiene precio, y que no se puede pagar de ninguna manera, por lo que Él nos lo da por Gracia por medio de la fe, gracias a lo que Cristo hizo en la Cruz del Calvario para nosotros, parte de lo cual es este privilegio de Su Compañía permanente para con nosotros.

 

 

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