DIAS DE SANIDAD.
La
Palabra en Isa_53:5, proféticamente nos enseña que cuando viniera el
Señor Jesucristo, por su llaga seríamos curados, y por lo que nos enseña el
capítulo completo, esa sanidad sería integral (1Ts_5:23): espíritu, alma
y cuerpo. Espiritualmente seríamos sanados de nuestros pecados, iniquidades y
rebeliones, emocionalmente de la falta de paz con Dios, el prójimo y con
nosotros mismos, y físicamente, de todas las enfermedades, dolores y heridas físicas.
Como ya mencionamos en 1Ts_5:23, los seres humanos somos un
espíritu, que tiene un alma y vive en un cuerpo. Cuando Adán, de quien
descendemos todos los seres humanos fue creados, el Señor tomo polvo de la
tierra y modelo su cuerpo, pero aún no era un ser viviente. Hasta que el Señor
soplo aliento de vida en él, se convirtió en un ser viviente y comenzó a funcionar
su alma (mente, emociones, voluntad, etc.). Ahora bien, esos tres no son entidades
separadas una de las otras, sino que están integradamente unidas, de tal manera
que lo que sucede en una de ellas, afecta a las demás, como nos lo enseña el Sal_32:3-5:
mientras el salmista se mantuvo en su pecado (enfermedad espiritual), sus
huesos se secaron (enfermedad física) y su verdor se convirtió en sequedal
(enfermedad emocional). En el Salmo 38 el salmista también habla acerca
de esa situación, y en Stg_5:16 la Palabra nos enseña que nos confesemos
nuestras ofensas unos a otros (que es una forma de sanidad espiritual y
emocional) y entonces seremos sanados (físicamente).
En Luc_4:18-19 Jesús nos enseña que la unción que está en el es,
entre otras cosas, para dar vista a los ciegos (enfermedad física), sanar a los
quebrantados de corazón (sanidad emocional) y anunciar libertad a los cautivos
y a poner en libertad a los oprimidos (sanidad espiritual). Y como nosotros
estamos en Él, Su unción está sobre nosotros (Sal_133:1-2), además de
que el Espíritu Santo mora en nosotros, lo que implica una doble porción de esa
misma unción. Y esa unción evidencia que el Señor nos quiere sanar totalmente,
primero a nosotros porque estamos bajo ella, y en segundo lugar a los que
ministremos en Su Nombre (Mat_16:17-18). Y la operación de esa unción se
va a manifestar a veces por un milagro, a veces por un proceso, pero sea la
forma como sea, la sanidad integral es la herencia para nosotros, Sus hijos,
los que estamos en Cristo. Y muchas veces también para los que no creen, para
que crean y se vuelvan a Él de todo Su corazón.
La sanidad integral que Dios quiere obrar en nosotros comienza por la
sanidad espiritual, cuando respondemos a las buenas nuevas del Evangelio, al
perdón de pecados, la salvación y la vida eterna que Cristo compró para
nosotros en la Cruz del Calvario (Jua_3:16-17, Efe_1:7, Col_1:14), y
ello reconociendo en nuestro corazón a Jesús como el Señor de nuestras vida (Rom_10:8-10).
La sanidad emocional (quebrantados de corazón) es un proceso de sanidad gradual
que el Señor inicia en nosotros desde el día que recibimos Su salvación, por la
obra sanadora del Espíritu Santo mediante la renovación de nuestro
entendimiento y la transformación de nuestra mente (Rom_12:2, Efe_4:22-24)
así como por la renovación de nuestro carácter para que cada día nos vayamos
pareciendo más a Cristo desde el interior de nuestro corazón hacia el exterior,
aprendiendo también a guardar nuestro corazón de toda obra de las tinieblas (Pro_4:23).
Y finalmente, la sanidad física vendrá. La sanidad integral es parte de la vida
que Dios quiere que vivamos: una vida plena (Efe_1:22-23), abundante (Jua_10:10),
libre (Jua_8:36), bendecida (Efe_1:3), en victoria (Rom_8:31-39).
El
Padre no quiere enfermos a Sus hijos, los quiere sanos. Él en Cristo
pagó nuestras enfermedades y nuestros dolores (1Pe_2:24).
Para vivir en esa sanidad necesitamos, además de creer en el Señor Jesucristo, nuestro Sanador,
creerle a Él, a Su Palabra y al que cree todo
le es posible (Mar_9:23), además de
temerle al Señor y apartarnos del mal, porque ello es medicina para nuestro
cuerpo y refrigerio para nuestros huesos (Pro_3:7-8). La Biblia nos enseña en el Sal_107:20,
que Él envió en el pasado, y lo sigue haciendo en el presente porque Él no
cambia (Mal_3:6, Heb_13:8), Su Palabra y los sanó (Sal_107:20). Además, el Sal 119:25 y el Sal_119:40, entre otros, nos
enseñan que Su Palabra nos vivifica. Por otro lado, Jesús nos enseña en Jua_14:6
que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él es el dador y sostenedor de la
vida (Heb_1:3).
Tengámoslo claro: el Señor no nos enferma, no nos
quiere enfermo. Si un padre natural, que es imperfecto, no quiere ni hace eso
por sus hijos, mucho menos lo va a querer o hacer el Padre Celestial por
nosotros, Sus hijos. Así que creamos cada día de nuestras vidas que Él es
nuestro Sanador, que Él nos sana de toda enfermedad espiritual, emocional y
física, por amor, misericordia y gracia. Y vivamos cada uno de nuestros días
como días de sanidad, para la Gloria de Dios.
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