viernes, 30 de enero de 2026

Dejando atrás el pasado.

 

DEJANDO ATRÁS EL PASADO.

 

Caminar en Dios es dejar atrás el pasado (2Co_5:17, Luc_9:62).  Es dejar atrás el dolor, el rechazo, la falta de perdón, el resentimiento, el pecado, los errores, los fracasos, las malas decisiones, las equivocaciones, etc. (Rom_8:1). En Cristo lo viejo ya paso, todo es nuevo cada día (Lam_3:22-23).  Dios es un Dios de nuevas oportunidades cada día, pero para poderlas aprovechar necesitamos soltar, dejar ir, dejar que nos siga determinando, el pasado (Heb_12:1-2, Fil_2:13-14). El pasado ya pasó, no lo podemos cambiar, pero podemos aprender de él y dejarlo ir. El pasado es una oportunidad de aprendizaje, no un ancla que frene el resto de nuestras vidas. Es un momento, no un monumento. Pero en Cristo y con Cristo si podemos cambiar el hoy el futuro (Jer_29:11).

 

La forma de dejar atrás el pasado es aprender de él y perdonar hasta que el dolor del recuerdo desaparezca (Rom_8:28-29, Heb_12:15, Mat_18:21-22). Puede que en un principio perdonar no sea fácil, pero es sanador y liberador aunque nos cueste. Y con el tiempo se va haciendo más fácil hasta que se convierte en un estilo de vida de ir con el perdón por delante siempre. Cada vez que perdonamos son cadenas que nos atan al pasado que se rompen. En una de las primeras oportunidades en mi vida cristiana que me tocó perdonar algo y a alguien que me había provocado muchísimo daño y dolor, pude sentir, en mi espíritu y en mi corazón, que caían cadenas a mis pies que habían tenido atado todo mi ser. Porque eso es lo que hace precisamente el perdón. Y luego de ello vi cómo comenzaron a fluir bendiciones espirituales y materiales que habían estado detenidas por causa de mi falta de perdón. Heb_12.15 nos enseña que no permitamos que raíces de amargura (resentimiento, falta de perdón, envidia, celos, etc.) derivadas de cosas que nos sucedieron en el pasado y nos causaron dolor, se aniden en nuestro corazón, echen raíces en él porque nos contaminarán y contaminarán a otros y nos impedirán alcanzar la gracia (el favor) de Dios.

 

En el capítulo 3 del Libro de Nehemías que nos habla de la restauración de los muros de Jerusalén (el lugar de la morada terrenal de Dios), y que hoy nos habla también acerca de la restauración de los muros, las protecciones de nuestro corazón que es el lugar de la morada de Dios en nosotros, menciona una puerta de Jerusalén, que era la Puerta del Muladar, pero esa puerta tenía una característica especial: no era una puerta de entrada, era una puerta de salida, de la salida de la basura, de todo lo que contaminaba la ciudad. Y ello nos enseña que necesitamos darle salida a todo lo que nos contamina, y entre ello el pasado doloroso, pecaminoso, negativo, de errores, fracasos y malas decisiones. La Palabra nos enseña que esa puerta de salida de nuestro corazón es perdonar todas esas cosas y pedirle perdón a Dios por ellas (1Jn-1:9) y seremos limpiados de toda maldad.

 

En Isa_43:18-19 Dios nos dice que no nos acordemos de las cosas pasadas, de las antiguas y dolorosas, porque Él quiere hacer todas las cosas nuevas en nosotros, y pronto saldrán a luz (después de que nosotros perdonemos y pidamos perdón). Él hará otra vez caminos en el desierto y ríos en la soledad, caminos de alegría y gozo (Sal_118:24) en lugar de caminos de tristeza y decepción. Y 1Cor_1:9-12 el Padre dice que son cosas que nuestros ojos no han visto ni nuestros oídos han escuchado ni han estado en nuestro corazón y mente, y que son cosas que están preparadas para los que le aman (para nosotros).

 

De tal manera que como dice un dicho: “para atrás, ni para agarrar aviada”, solo para aprender para no caer en lo mismo (Rom_8:28-29) y recordar de donde nos sacó el Señor (1Co_1:26-31, Eze_36:31) para no volver nunca atrás y para recordar todas las maravillas que Él ha hecho en nuestras vidas que son las primicias (anticipos) de lo que hará hoy y en el futuro en nosotros (Pro_4:18, Fil_1:6, Sal_103:1-2).

 

Importante. Pero ojo, todo esto solo lo podremos alcanzar en Cristo Jesús, bajo Su Señorío y Su Salvación, de tal manera que si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

Días de decisiones.

 

DÍAS DE DECISIONES.

 

Cada día de nuestras vidas, nos guste o no, vamos a tener que tomar decisiones, y no solo unas cuantas, sino muchas, y todas ellas pequeñas o grandes son semillas que sembramos y que van a determinar, por lo menos parcialmente, el curso de nuestras vidas (Cnt_2:15, Gal_6:7-8). De tal manera que. de esas decisiones, unas son para vida y bendición, y otras son para muerte y maldición (Deu_30:19-20). Lo mismo nos cuesta tomar uno u otra (una decisión) pero sus resultados son muy diferentes según sean unas u otras.

 

Cada día vamos a decidir:

·         Por la vida o por la muerte.

·         Por la bendición o por la maldición.

·         Por el todo lo puedo o el no puedo (Fil_4:13).

·         Por el en Cristo soy más que vencedor o soy un derrotado (Rom_8:31-39)..

·         Por el gozo o por la tristeza (1Ts_5:16).

·         Por la libertad o por la depresión (2Co_3:17, Jua_8:31-32).

·         Por el perdón o por el resentimiento (Mat_6:14-15, Heb_12:15).

·         Por creerle a Dios o por creerle a las circunstancias (Col_3:1-3).

·         Por la queja o por el agradecimiento (1Ts_5:18).

·         Por el vaso medio vacío o por el vaso medio lleno.

·         Por el optimismo o por el pesimismo.

·         Por la esperanza o por la desesperanza (Pro_10:28, Efe_1:18).

·         Por el pecado o la obediencia (1Pe_1:14-16).

·         Por las buenas decisiones o por las malas decisiones (Rom_12:2, Efe_4:22-24).

·         Por avanzar o por estancarnos (Pro_4:18, Fil_1:6, 2Co_3:18).

 

Hoy es el día de la decisión (Mat_6:11, Mat_6:34).

Hoy es el día que hizo el Señor para que nos gocemos y nos alegremos en Él (Sal_118:24).

Hoy es el día de abandonar lo viejo y abrazar lo nuevo (2Co_5:17).

Hoy es el día de salvación (Isa_55:6).

 

Y lo mismo que hicimos hoy, hagámoslo también mañana, y pasado, y el resto de nuestras vidas, porque cada día en Dios es un día para bendición y vida. Él nos ha prometido “te bendeciré y serás bendición” (Gen_12:2). Somos de bendición para todas las personas que están a nuestro alrededor, pero la bendición comienza por nosotros mismos: bendigámonos y no nos maldigamos, bendigamos nuestro día y no lo maldigamos, bendigamos nuestra vida y no la maldigamos. Y seremos de bendición porque de la abundancia de nuestro corazón hablarán nuestra boca y nuestros actos (Luc_6:45, Pro_23:7) porque damos lo que somos y lo que tenemos (Mat_10:8).

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

Días de confiar en Papá.

DIAS DE CONFIAR EN PAPÁ.

 

La Palabra de Dios nos enseña muy claramente, sin lugar a duda, que si nosotros reconocemos el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10) y creemos en Él, seremos no solamente salvos sino Sus hijos (Jua_1_12, Rom_8:15-16). Y ello no por nosotros, sino como un don de Dios: Él lo decidió y nos adoptó, y junto con ello nos hizo nuevas criaturas (2Co_5:17), engendradas por Él a través de Su Palabra (1Pe_1:23) y con Su naturaleza (2Pe_1:3-4).

 

Y Él es la Verdad y no puede mentir (Num_23:19), de tal manera que, si Papá dice que somos, entonces somos; si Papá dice que tenemos, entonces tenemos; y si Papá dice que podemos, entonces podemos. Y Su Palabra es una maravillosa recopilación de todo lo que Él dice que somos, tenemos y podemos como Sus hijos (2Pe_1:3-4).

 

Él es el Dios Todopoderoso que hizo todo lo que es y existe en todo el universo. Aquel para Él que nada le es imposible (Luc_1:37). Aquel que nos ha dicho que si creemos veremos Su Gloria (Su acción, Sus respuestas, Sus milagros) (Jua_11:40).

 

Ello implica que si lo creemos (lo que somos, lo que tenemos y lo que podemos), Él lo hará en nosotros por Su Espíritu Santo que nos ha dado para que nos ayude en todo ello y más (Rom_8:26), confiando plenamente en Él en lugar de en las circunstancias, en lo lugar de lo terrenal (Sal_121:1-8), en lugar de en nuestros propios criterios, pensamientos, sentimientos, etc. (Pro_16:25).

 

Y todo comienza con la fe (certeza, convicción de lo que no vemos y de lo que esperamos, Heb_11:1) porque Él es galardonador de lo que tienen fe (Heb_11:6), y al que cree todo le es posible (Mar_9:23).

 

La ausencia de ella implica años en el desierto (en lo básico, en lo mínimo) como le sucedió al pueblo de Israel después de salir de Egipto, que no le creyó a Dios Su promesa de que Él les entregaría la tierra prometida, y por ello vagaron cuarenta años en el desierto. Pero la presencia de ella en nuestras vidas implica disfrutar de una vida en la tierra prometida (adopción, provisión, libertad, restauración, sanidad, protección, seguridad, plenitud, y tantísimos otros beneficios: todas las promesas de Dios en Su Palabra).

 

No es solo creer en Dios, sino creerle a Dios, creer en lo que dice Su Palabra (Heb_11:8, Mar_11:22, Luc_6:46), creer en Quién es Él, en lo que Él hace, en Sus mandamientos, en Sus promesas, y vivir dirigido por ello, no como algo que se da de la noche a la mañana, sino como un proceso continuo de crecimiento y de perfeccionamiento (Fil_1:6) que, sin embargo, sin comienza a producir Sus frutos de inmediato.

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).


Buenas y nuevas siembras (decisiones).

 

BUENAS Y NUEVAS SIEMBRAS (DECISIONES).

 

Todos los días tenemos que tomar decisiones, en muchas situaciones, es decir, muchas decisiones.  Tenemos dos grandes formas de tomarlas: desde nuestros propios pensamientos y voluntad (el temor, el miedo, la codicia, la autogratificación, la autoexaltación, la sexualidad, la ansiedad, la impaciencia, etc., Pro_16:25) o desde la dirección de Dios (la fe, la esperanza, el agradecimiento, el contentamiento, la paz, la paciencia, etc.).

 

Cualquier decisión que tomemos va a tener resultados, pero no los mismos resultados (Mat_7:13-14, Mat_16:24-26). Unos podrán ser aparentemente favorables a corto plazo, pero terribles a largo plazo, con gratificación a corto plazo pero con problemas a mediano y largo plazo.  Otros que no nos pueden parecer favorables a corto plazo pero que son grandemente beneficiosos a largo plazo, con gratificación talvez no a corto plazo pero si a mediano y largo plazo. Los primeros son los que tomamos de acuerdo a nuestros propios criterios (terrenales y temporales) en tanto que los otros son los que tomamos de acuerdo a los criterios de Dios (celestiales y eternos).

 

No hay ninguna forma de escapar a esos resultados: son una ley de la creación (natural, emocional y espiritual (Gen_8:22, Gal_6:7-8, Deu_30:19-20) y sus resultados trascienden a un tan largo plazo como la eternidad: el que escoja por los criterios de Dios, comenzando por reconocer el Señorío de Cristo en su vida (Rom_10:8-.10, Jua_1:12, Rom_8:15-17, Rom_12:2) será salvo y tendrá vida eterna, y el que escoja vivir su vida bajo sus propios criterios tendrá condenación eterna (Jua_3:16-21, Deu_30:19-20).

 

La pregunta, entonces, que nos corresponde responder en primera instancia es: ¿estamos seguros de que nuestros nombres ya están escritos en el Libro de la Vida Eterna con Dios como resultado de haber reconocido con nuestro corazón el Señorío de Cristo en nuestras vidas?  Si no estamos seguros de ello, hoy es el tiempo de asegurarnos esa decisión y ese futuro y de no correr más riesgos.  Hoy es el día de hacerlo con una oración sencilla allí donde estemos, pidiéndole a Dios que perdone nuestros pecados, ayude a nuestra incredulidad y por Su Espíritu Santo y Su Palabra nos guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

Y si estamos seguros de estar bajo el Señorío de Cristo en nuestras vidas, entonces la pregunta sería: ¿Estamos aminando en nuestras decisiones diarias hacia esa eternidad o seguimos tomándolas según nuestros propios criterios y solo para la terrenalidad sin considerar la eternidad?

 

El que decide para lo terrenal, de lo terrenal cosechará corrupción, pero el que decide para la eternidad, de la eternidad cosechará vida eterna, plena (Efe_1:22-23), abundante (Jua_10:10), bendecida (Efe_1:3), próspera en todas las áreas de la vida (3Jn_1:2), en victoria (Rom_8:31-39).

 

La Palabra nos enseña que nuestras decisiones para el hoy y para el mañana las debemos tomar poniendo nuestra mirada en lo eterno, en lo que Dios nos enseña a través de Su Palabra (Sal_139:105) y nos guía por Su Espíritu Santo (Rom_8:14), cambiando nuestra manera de pensar de la forma en la que piensa el mundo y la carne a la forma en la que piensa Dios (Rom_12:2, Efe_4:22-24, 3Jn_1:2).

 

No todas las decisiones nos llevan al mismo lugar, no todos los caminos nos llevan al mismo sitio.  Cada camino tiene un lugar de destino, y si elegimos por el camino de Dios ello nos llevará a una vida bendecida, y si elegimos por el camino de nuestros propios pensamientos posiblemente nos enfrentaremos a un desastre.

 

Cada decisión que tomamos en una semilla que trae en sí misma su fruto, fruto de bendición o fruto de maldición, nuestras decisiones no son semillas neutrales (Gal_6:7-8, Deu_30.19-20).  Si no lo hemos hecho aún, si estamos teniendo malas cosechas en nuestra vida, hoy es el tiempo de comenzar a tomar buenas decisiones y a cambiar las cosechas que recibiremos. Puede llevarnos un poco de tiempo, pero que veremos los resultados favorables, los veremos, sin lugar a duda (Hab_2:2-3).

lunes, 26 de enero de 2026

Los leprosos.

 

LOS LEPROSOS.

 

 

En el Antiguo Testamento, la lepra era, en algunos casos, símbolo o tipo del pecado (Num_12, 2Re_5), o cuando menos, personas ritualmente impuras incapaces de participar en la vida religiosa y comunitaria, y los que estaban enfermos de lepra eran apartados de la comunión con el resto de las personas de sus familias y comunidades, condenados a vivir en lugares apartados, para evitar la contaminación de los demás (Lev_13:45-46).  Ello implicaba un estigma religioso y social.

 

En el Nuevo Testamento ocurre un cambio radical: Jesús se acerca, toca y sana a los leprosos, algo que era impensable en su contexto (Mat_8:2-3, Mar_1:40-42, Luc_17:11-29, Mat_11:5, Luc_7:22) además de que nos instruye a sus seguidores a que vayamos y hagamos lo mismo (Mat_10:8).

 

Es importante notar que Jesús no solo los sanaba, los tocaba y los sanaba, y ello implicaba una sanidad integral: en primer lugar, espiritual porque quitaba de ellos el estigma religioso, en segundo lugar, emocional, porque al tocarlos estaba quitando de ellos el estigma social y además supliendo una carencia que habían experimentado desde la aparición de la lepra, el contacto físico que implica aceptación en lugar de rechazo, y finalmente la sanidad física.

 

La lepra es utilizada como símbolo de pecado en la Biblia (en algunos casos) porque tiene los mismos efectos que el pecado: nos daña progresivamente, nos aisla principalmente de Dios (Isa_59:2) y nos hace incapaces de recuperarnos y restaurarnos por nosotros mismos, por nuestras propias obras (Isa_64:6). Por el otro la sanidad de la lepra, implica, al igual que la salvación (Efe_2:8-9) una intervención divina para la sanidad del pecado (Heb_8:12, Heb_10:17), perdón (Hch_26:18, Efe_1:7, Col_1:14), restauración total (Luc_4:18-19) y reintegración a la comunidad de los hijos de Dios (Efe_2:12-16).

 

Desde la perspectiva bíblica entonces, la lepra nos habla de la fragilidad humana tanto físico como espiritual, del impacto del pecado y la exclusión que él implica, y de la necesidad de la sanidad integral (espíritu, alma y cuerpo, 1Ts_5:23), y sobre todo, que Dios no rehúye al impuro, sino que lo busca para restaurarlo (Jua_3:16-17).

 

Lo que la Biblia nos enseña que Dios hace por los pecadores, lo puede hacer por todo aquel que tenga el corazón dispuesto (Isa_55:6, Isa_1:18, Hch_2:21), sin que medien buenas obras como condición para ello (Efe_2:4-5, Efe_2:8-9).

 

De tal manera que, si todavía no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13), este es el tiempo de hacerlo, hoy es el día, porque Dios en su Palabra nos dice que habrá un tiempo (y ya está muy cercano, Amo_8:11) de tal manera que necesitas buscarlo mientras puede ser hallado (y esta puede ser una de las últimas oportunidades, Isa_55:6). Y ello lo puedes hacer con una oración simple pero salida del corazón, pidiéndolo a Dios que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por su Espíritu Santo te guie para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera, sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

Y si ya se le hemos entregado nuestra vida a Cristo reconociéndolo con el corazón como Señor y Salvador de tu vida, en primer lugar, vivamos con gozo y con agradecimiento al Señor todos los días de nuestra vida por esta salvación tan grande (1Ts_5:16-18) y cuidándola (Heb_2:1-3), que implica Su Adopción para con nosotros como hijos, y como tales, ser Sus herederos de todas sus promesas, de sus cualidades comunicables y del fruto del Espíritu (Jua_1:12, Rom_10:14-17), en segundo lugar, de seguir negando, con la ayuda del Espíritu Santo, nuestra carne, nuestra vieja manera de vivir y pensar para que podamos entrar en el disfrute pleno de Su herencia para con nosotros (Rom_14;3, Rom_12:2, Efe_4:22-24, 3Jn_1:2, Jos_1:7-8, Sal_1:1-3), y en tercer lugar, este es el tiempo de ir un paso más adelante, de crecer en Él (Fil_3:12-14), de crecer en la obediencia a Su Palabra (1Pe_1:13-16), de crecer en la comunión y dirección del Espíritu Santo (Efe_5:18), de velar y orar para estar preparados para su pronta venida por Su Novia (Efe_5:25-27, Efe_6:10-13).

 

 

Agradecimiento y bendición.

 

AGRADECIMIENTO Y BENDICIÓN.

 

La Palabra de Dios nos relata un episodio en el ministerio de Jesús que tiene una revelación muy importante para nosotros.

 

Cuando Jesús iba camino a Jerusalén se encontró con diez leprosos que le clamaron que los sanara.  Y Jesús, en respuesta a su petición, los envío para que fueran a presentarse con el Sumo Sacerdote para que les certificara su sanidad.  Ellos hicieron lo que Jesús les dijo a pesar de que no los sanó inmediatamente, pero fueron sanados en el camino (Luc_17:11-19).

 

La primera lección que podemos aprender de este episodio es que algunas veces nuestro milagro no va a ser inmediatamente, sino que vamos a tener que avanzar como si ya fuera, y en el proceso lo vamos a alcanzar. Dios llama las cosas que no son como si fueran (Rom_4:17), y la fe las recibe de igual manera, como si ya fueran (Mat_7:7-11).

 

Otra lección importante en el pasaje tiene que ver con la experiencia que pudieron tener los leprosos al sanar. Imaginémonos como se pudieron sentir los leprosos al ver y sentir su sanidad. Definitivamente tuvieron que experimentar un gozo indescriptible porque lo que recibían no solo significaba su sanidad, sino también la restauración a sus familias y a sus comunidades, por cuanto los leprosos, en ese tiempo, tenían que vivir apartados de la gente sana.  Solo podían vivir en lugares apartados con otros leprosos, para evitar el contagio.

 

En la Biblia la lepra es tipo del pecado, de tal manera que cada uno de nosotros era un leproso antes de conocer a Cristo, apartados de la ciudadanía y comunión de Dios y con los santos (Efe_2:12); de tal manera que lo que Jesús hizo por los leprosos físicamente, lo hizo con nosotros espiritualmente. Un motivo para tener y vivir en un perpetuo gozo sabiendo que fuimos perdonados de nuestros pecados, que tenemos vida eterna en Cristo y que pasaremos la eternidad con Cristo en un lugar perfecto, donde no habrá más pecado, ni tristeza, ni enfermedad, ni dolor, ni lágrimas, ni muerte, ni nada negativo (Apo_21:1-4) en lugar de pasarla en el tormento eterno del infierno.  El pecado nos vuelve leprosos a todos y nos convierte en cadáveres espirituales (Efe_2:1), y lo que Jesús en su momento vio en los leprosos, lo vio en nuestra alma pecadora, y en lugar de rechazarnos, nos recibió, limpio, sanó y restauró (Jua_6:37, Luc_4:18). Lo que hizo por ellos lo hizo también por nosotros, por todo aquel que tenga el corazón dispuesto (Isa_55:6, Isa_1:18, Hch_2:21), no por méritos sino por Su Gracia infinita (Efe_2:4-5, Efe_2:8-9).

 

Pero hay todavía otra lección importante que necesitamos aprender.  Cuando los leprosos fueron sanos, solo uno de ellos regreso a darle gracias a Jesús, mientras que los otros nueve recibieron su milagro y siguieron su camino. Incluso el leproso que regresó a darle gracias a Jesús lo hizo aún antes de presentarse al sacerdote y normalizar su vida.  Y como resultado de ello, él no fue solamente sano sino recibió una bendición adicional: la salvación de su alma, bendición que nos otros nueve que no regresaron no pudieron disfrutar. Se quedaron con la bendición terrenal, pero se perdieron la bendición eterna.  Y la lección que nosotros necesitamos aprender también de este pasaje es que un corazón agradecido recibe mayores bendiciones de tal manera que cuando recibimos una bendición de Dios nos es no solo necesario, sino conveniente, antes que nada, darle gracias al Señor por ella. Y aunque parece lo más normal del caso hacer lo que menciono, resulta que, en una gran cantidad de oportunidades, no le damos gracias al Señor por sus bendiciones, sino que las damos por echas, principalmente después de haber recibido un milagro de Su parte.

 

Seamos agradecidos y no indiferentes, y menos aún, quejosos porque el milagro o la bendición no fue como nosotros hubiéramos querido, y de esa manera tendremos una mayor bendición.  Nos conviene tener un corazón agradecido siempre, en todo momento, y que no sea solo por recibir un milagro, que bendiciones de Dios las recibimos todos los días y a todo instante porque no hay nada que recibamos que no nos sea dado del cielo (Jua_3:27, Stg_1:17,  Mat_5:45): el regalo de la vida, de respirar, de caminar, de comer, de ver, de escuchar, para comenzar y muchas otras bendiciones diarias y constantes que recibimos del Señor y para las cuales muchas veces necesitamos pedirle al Señor que nos abra los ojos para no darlas por echas sino recibirlas, vivirlas y disfrutarlas como lo que son: bendiciones de Él por Su gracia y Su misericordia.

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

Días de queja o agradecimiento, de tristeza o de gozo y alegría.

 

DÍAS DE QUEJA O AGRADECIMIENTO,  DE TRISTEZA O DE GOZO Y ALEGRÍA.

 

La Palabra de Dios en el Sal_118:24 nos enseña que cada uno de nuestros días es un día de gozo y alegría en el Señor. ¿Por qué nos lo dice si en la práctica hay días que no tenemos deseos de estar con gozo ni con alegría sino más bien de quejarnos, escondernos de la vida, alejarnos de todo y de todos?

 

Porque tanto tener gozo y alegría, como no tenerlo, es una decisión personal.  Dios ya hizo todo lo que era necesario para que tengamos gozo y alegría, ahora nos toca a nosotros tomarlo o rechazarlo. En primer lugar tenemos vida, y si estamos en Cristo, no solo tenemos vida sino que la tenemos en abundancia (Jua_10:10), además tenemos techo, sustento y abrigo (1Ti_6:8), nuestro cuerpo está funcionando (aunque pudiera tener algunos inconvenientes), tenemos una familia y provisión, y por sobre todo, si somos creyentes, tenemos salvación, perdón de pecados, vida eterna, esperanza, refugio, fortaleza, ayuda, protección, seguridad, confianza, fe (Jua_3:16, Sal_18:1-2) y muchas cosas más (aunque en este momento quizá no las estemos valorando y experimentando) porque tenemos nuestra mirada en las cuestiones temporales, terrenales que pueden estar siendo temporalmente adversas, en lugar de poner nuestra mirada en las cosas eternas, celestiales, y ello nos conduce a la queja en lugar del agradecimiento, y la queja nos lleva al pesimismo, la decepción, la tristeza, la frustración, la desesperación, la desesperanza, etc.

 

La Palabra nos enseña que no debemos desesperarnos ni caer en ninguna emoción y situación negativa, porque esas cosas son temporales y las venceremos con la ayuda de Dios (Jua_16:33, Rom_8:31-39) además de que, al salir de ellas, saldremos más que bendecidos y en victoria (Rom_8:28-29, 1Pe_5:8-10, 1Pe_1:5-6), y todo ello nos debería conducir al gozo, a la comunión con el Señor y al agradecimiento (1Ts_5:18) que son la voluntad de Dios para con nosotros.

 

La voluntad de Dios es que seamos agradecidos todo el tiempo porque la queja enferma el alma con negatividad, pesimismo, tristeza, frustración, agotamiento, decepción y un sinfín de emociones negativas, mientras que el agradecimiento sana el alma llenándola de esperanza, optimismo, alegría, fortaleza, etc. (Sal_103:1-2).

 

Además de todas las razones que hemos mencionado anteriormente para estar agradecidos, algunas otras razones para ello es que Dios, a pesar de las circunstancias adversas que podamos experimentar en algún momento de nuestra vida, no cambia Sus planes para nosotros, planes de bien y no de mal para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11), para llevar nuestra vida en aumento (Fil_1:6, Pro_4:18), para que todo lo que vivamos en el día a día, incluidas las experiencias adversas, obre para nuestro bien (Rom_8:28-29), para que tengamos vida y vida en abundancia (Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23), vida bendecida (Efe_1:3), vida próspera en todas las áreas (3Jn_1:2), vida victoriosa (Rom_8:31-39), vidas sanas, libres y restauradas (Luc_4:18-19), etc., y todo ello si estamos en Cristo y cada día nos proponemos conocerle más por medio de Su Palabra siendo guiados por ella (Sal_119:105) y por Su Espíritu Santo (Rom_8:14-17). No estamos solos, Dios, por el Espíritu Santo que mora en nosotros, no nos deja ni nos desampara y nos lleva paso a paso a cumplir Su propósito en nosotros que es todo lo que hemos mencionado y más (Sal_138:8).

 

Por todo ello y muchas cosas más, hoy y todos los días de nuestra vida vivámoslos con agradecimiento y gozo en el Señor porque para ello Dios nos los permite, para que nuestras vidas sean llenas de gozo y alegría. Vivamos cada sin quejas y nuestras vidas serán un remanso de amor, paz y gozo en el Espíritu (Rom_14:17).

 

Hoy es el día de tomar una decisión que será trascendental para nuestro futuro. Es el día de tomar la decisión de vivir cada día en agradecimiento, sin quejas. Y Dios hará la diferencia y lo necesario para que ello sea así. Él ha prometido que si permaneceos en Él viviremos días de gozo y alegría (Sal_118:24).

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

Días de adoración.

 

DIAS DE ADORACIÓN.

 

La adoración no es algo que hacemos ocasionalmente. Es un estilo de vida para el creyente que implica el amar al Señor con todo nuestro ser y con todas nuestras fuerzas, todos los días de nuestra vida y todos los instantes (Mat_22:36-40, Jua_4:23-24). Es igual a cuando una persona esta enamoradísima de otra, la adora, todo el día, todos los instantes, piensa en esa persona y concentra sus pensamientos en ella.

 

De tal manera que la adoración bíblica implica vivir con nuestra mirada, nuestros pensamientos y sentimientos puestos en el Señor todo el tiempo, lo cual sucede a través de diversas maneras intercambiables.

 

La primera de ellas es la acción de gracias, el agradecimiento. La Palabra nos enseña que entremos por sus puertas, a la comunión con Él, con acción de gracias (Sal_100:4) y que seamos agradecidos en todo tiempo y por todas las cosas porque esa es la voluntad de Dios para con nosotros (1Ts_5:18). Y ello implica por las cosas que nos agradan y por las que no nos agradan, no por las cosas en sí, sino porque Dios, nuestro Padre, hace que todas las cosas obren para bien de nosotros, sus hijos (Rom_8:28-29).

 

Una segunda forma de mantenernos en adoración con el Señor es a través de la alabanza. La Palabra nos enseña que entremos por sus atrios, a la comunión más profunda con Él, con la alabanza, que no es más que el reconocimiento de Quién es Dios y lo que Él hace por nosotros en todo el tiempo (pasado, presente y futuro). La Palabra nos exhorta a no olvidarnos de lo que Dios ha hecho por nosotros, a recordarlo con agradecimiento y con admiración (Sal_103:1-2).

 

Otra forma de mantenernos en adoración y comunión con el Señor es a través de la oración, que tal como nos lo enseña la oración del Padre Nuestro (Mat_6:9-15) que implica alabanza, petición por nuestras necesidades e intercesión pidiendo por las necesidades de otros, además de buscar respuestas (Jer_33:3) y buscar la dirección de Dios para todos nuestros asuntos.  Si bien es cierto la petición es oración, la petición no es toda la forma de oración.  Oración, en su significado bíblico es mantenernos en comunión con Dios, y como ya lo hemos visto en los párrafos anteriores también implica la acción de gracias y la alabanza, así como otras cosas que mencionaremos a continuación.

 

La meditación en la Palabra es otra forma de adoración y comunión con Dios porque nos conecta con Sus pensamientos. La Palabra nos enseña que oremos sin cesar (1Ts_5:17) y también que meditemos en la Palabra de día y de noche y que tengamos en ella nuestra delicia (Sal_1:1-3) lo que las hace equivalentes.  Meditar la Palabra es concentrar nuestros pensamientos en la búsqueda del entendimiento de ella y de su aplicación en las diferentes áreas de nuestra vida, todo lo cual nos lleva a ser fructíferos en el Señor y a que nos vaya bien en todas las cosas, lo cual también es parte y consecuencia de la adoración porque renovará nuestra mente (Rom_12:2, 3Jn_1:2, Jos_1:7-8), provocando que nuestros pensamientos dejen de ser los de la carne y sean los de Dios, que es una forma de conectarnos con Él, de tener comunión con Él, y que nos lleva a la obediencia, que es, en realidad, la esencia de la vida cristiana (1Pe_1:14-16, Deu_28:1-2, Mat_6:33).

 

La meditación de la Palabra se conecta también con su memorización, repetirla, compartirla, escribirla, lo que también nos relaciona con Dios y por lo tanto también es adoración y comunión (Deu_6:1-9).

 

Otra forma de adoración es buscar la manera y concentrar nuestras decisiones y acciones en que todo lo que hagamos sea para Su Gloria (Col_3:22-23).

 

Y todo lo anterior implica la obediencia a Su Palabra, que como la mencionamos, es la esencia de la adoración y de la vida cristiana y es lo que Dios busca de nosotros (1Pe_1:14-16, 1Ts_4:3, Deu_28:1-2, Mat_6:33) para lo cual nos ha equipado no solo con la Palabra (Sal_119:105) para que la conozcamos y la obedezcamos, sino también con el Espíritu Santo que nos ayuda en todo y entre ello, para la obediencia a Él (Rom_8:26, Jua_14_15-17).

 

Todo lo anterior significa que Dios nos ha equipado para la adoración, para vivir en plena comunión con Él. Ya todo está hecho de parte de Dios quién pagó en Cristo en la Cruz para que nosotros pudiéramos vivir de esa manera.  Ahora nos toca a nosotros tomar las decisiones necesarias para que ello suceda (Jua_3:30, Gal_2:20, Mat_16:24-26, Rom_8:31-32), y cuando tomemos la decisión, el Espíritu Santo nos ayudará con Su poder (Hch_1:8) para lograrlo gradualmente hasta que lleguemos a la perfección en ello (Fil_1:6, Pro_4:18, 2Co_3:18).

 

Así que tomemos la decisión, y seguro veremos que nuestras vidas serán crecientes en cuanto a vida abundante (Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23), vida bendecida (Efe_1:3), vida próspera en todas las áreas (3Jn_1:2), vida victoriosa (Rom_8:31-39), y en el cumplimiento de los planes de Dios para nosotros para darnos un futuro (vida terrenal) y una esperanza (en la eternidad). Además de que viviremos una vida de sorpresas, experiencias y aventuras en el Señor como nunca.

 

Hagamos de nuestra vida una vida continua de adoración y experimentaremos cada vez un mayor nivel del amor de Dios nuestro Padre (Jer_31:3), de gozo, de paz, de agradecimiento, de plenitud (1Ts_5:16_18).

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

 

 

 

Días de agradecimiento.

 

DIAS DE AGRADECIMIENTO (1).

 

La adoración, para nosotros los creyentes en Cristo, es una estilo de vida diario, que entre otras cosas, implica amar con todo nuestro ser al Señor, obedecerle igualmente con todas nuestras fuerzas, crecer en el conocimiento de Él y en la guianza del Espíritu Santo, y estar agradecido por todo lo que Él ha hecho en nuestras vidas, está haciendo y hará, comenzando porque nos liberó del camino al infierno, a la muerte terna, y cambió nuestro destino a la vida eterna en Él (Jua_4:23-24, Mat_22:37-38, 1Pe_1:14-16, Jua_17:3, Sal_119:105, Rom_8:14, Sal_100:4, 1Ts_5:18).

 

Y notemos algo muy importante, la Palabra nos enseña en Mat_7:21 que solo los que hacen la voluntad del Padre entrará en el Reino de Dios, que es vivir en Su justicia y disfrutar de la plenitud de Sus bendiciones para nosotros (Mat_6:33).  Y en 1Ts_5:18 el Señor nos instruye que demos gracia en todo porque esa es la Voluntad de Dios.

 

Si nuestro día no está siendo todo lo mejor que quisiéramos, o cualquier momento del futuro de nuestra vida no es lo que quisiéramos, es un buen momento para que alcemos nuestros ojos a Jesús con agradecimiento, recordando todo lo que Él ha hecho por nosotros anteriormente (las primicias, el anticipo de lo que hará hoy o en nuestro futuro inmediato), porque Él no cambia (Mal_3:8, Heb_13:8), y si lo hizo ayer, lo hará también hoy o mañana, y también para encontrar consuelo, protección, seguridad, fortaleza, respuestas y dirección (Mat_11:28-30, Sal_18:1-2).

 

Dejemos de ver lo que está mal, lo que no es como quisiéramos, y veámoslo con nuevos ojos, como el camino por el que Dios nos está llevando para algo mejor (Rom_8:28-29, 1Pe_5:8-10, 1Pe_1:5-6). Si estamos tristes, frustrados, agotados, decepcionados, deprimidos, etc., seguramente es porque ya hemos mirado mucho en la dirección equivocado (el problema) y no en lo que Dios puede hacer con el problema.

 

La libertad, el gozo, la paz, la fe, el optimismo, vienen cuando miramos en la dirección correcta:

·         A nuestro Padre que nos ama con un amor eterno, infinito, y un amor que mueve el universo a nuestro favor (Rom_8:29, 1Pe_5:8-10, 1Pe_1:5-6).

·         A nuestro Señor Jesucristo que nos ama de tal manera que Dio Su Vida por nosotros y para que nosotros pudiéramos tener vida y vida en abundancia (Jua_10:10), vida bendecida (Efe_1:3), vida plena (Efe_1:22-23), vida en victoria (Rom_8:31-39), vida prospera en todas las áreas (3Jn_1:2), vida en aumento (Pro_4:18, Fil_1:6).

·         Al bendito Espíritu Santo que está con nosotros todo el tiempo ayudándonos, guiándonos, fortaleciéndonos, empoderándonos, protegiéndonos, para transformar nuestra vida en una vida como la que Dios quiere para nosotros y que Cristo ya pagó en la Cruz del Calvario y para que nos vaya bien en todas las cosas, que es el verdadero significado de la prosperidad de Dios (3Jn_1:2, Sal_1:1-3, Jos_1:7-8).

 

Alcemos nuestros ojos al cielo (Sal_121:1) y adorémosle (Jua_4:23-24), quitando nuestros ojos de lo terrenal, natural, temporal, y poniéndolos en lo celestial, espiritual y eterno (Col_3:1-2).

 

Nunca seremos lo suficientemente fuertes ni tendremos tanto poder como para no necesitar adorar.  Las personas que no adoran a Dios no pueden recurrir a un poder mayor que a ellos mismos (Jer_17:5-8), en tanto que el corazón que no adora enfrenta las dificultades de la vida completamente solo e indefenso, Dios está con Él, nunca lo deja ni lo desampara (Heb_13:5).

 

Si no adoramos (poner nuestra mirada y todo nuestro ser en el Señor), pondremos nuestra mirada en los problemas, las limitaciones, las dudas, la incredulidad, los errores, los fracasos, las malas decisiones, los pecados, etc., y en la culpa, la condenación, la acusación, el juicio y principalmente la queja.

 

El agradecimiento abre las puertas a la fe que alcanza las promesas de Dios (Heb_11:6), en tanto que la falta de agradecimiento nos abre las puertas a la queja, a la duda, a la incredulidad y nos aleja del cumplimiento y/o el disfrute de las promesas y bendiciones de Dios.

 

Jesús nos enseño en Mat_11:28-30 que si estamos trabajados y cargados vengamos a Él, aprendamos de Él que es manso y humilde de corazón, obedezcamos Su Palabra y hallaremos descanso para nuestras almas.

 

Si no adoramos a Dios (agradecimiento, entre otras) vamos a terminar adorando otra cosa (quejas, problemas, etc.).  Es posible que el problema o la situación sea fuerte, pero Jesús es todavía más fuerte.  Permitámosle que Él sea nuestra fortaleza en cada día, en cada situación, en todo tiempo, y veremos la luz y la victoria en todo (Fil_4:13). 

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

Vivir nuestra herencia de victoria.

 

VIVIR NUESTRA HERENCIA DE VICTORIA.

 

La Palabra nos enseña en Rom_8:15-17 y Gal_4:7 que somos herederos de Dios, de todo lo que es de Él, y dentro de ello, la victoria sobre las obras de las tinieblas (Col_2:13-15).  No importa que sea con lo que ahora estemos batallando, o vayamos a batallar en el futuro (vicios, carácter, pecado, fracasos, etc.), aunque parezcan como la ciudad de Jericó para los israelitas (amurallada, impenetrable, invencible), en el Señor y como Sus hijos, no hay nada imposible (Luc_1:37) si podemos creer (Jua_11:40).  El Señor la venció todas esas obras de las tinieblas, y porque estamos en Él, somos herederos de esas victorias (1Jn_3:8, 1Jn_4:4, Rom_8:28-29, Jua_16:33, Fil_4:13).

 

Recordemos: somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, y ello incluye no solo la victoria sobre todas las obras de las tinieblas que pudieran venir contra nosotros, sino también herederos de todos Sus atributos, de todas sus cualidades comunicables, que están en nosotros (2Pe_1:3-4) como resultado de la nueva naturaleza que hemos recibido en la salvación por Su Gracia (2Co_5:17, 1Pe_1:23).

 

Entonces, la pregunta que necesitamos hacernos cuando nos enfrentamos a esos obstáculos, adversidades, malos hábitos, pecados, malas decisiones, errores, etc., no es si venceremos o no.  La pregunta correcta es ¿Cuándo lo haremos?  La vida siempre tendrá sus retos y los retos siempre tendrán oposición, pero en Dios Él nos dará las fuerzas para enfrentarlos (Hch_1:8, Rom_8:26), pero no solo para enfrentarlos sino, mejor aún, para vencerlos.

 

El problema de hoy no es necesariamente tiene que ser el problema de mañana.  Hoy es el día de enfrentarlo y tener victoria sobre él.  Mañana será otro día para enfrentar lo que tengamos que enfrentar y tener victoria nuevamente, y así sucesivamente, un día a la vez (Mat_6:34). Hoy es el día para esforzarnos, enfrentar y vencer lo que se nos presente (Jos_1:6-9).  Mañana será otro día, otras circunstancias, otros retos, otras victorias, otros problemas, etc.  Pero el día clave de la victoria es hoy.  Si libramos la batalla hoy, y superamos (aunque solo sea una parte del problema), el día de mañana también podremos hacerlo (con el resto del problema) o con los nuevos retos a los que nos enfrentemos.

 

El día clave de la victoria, el día clave para hacernos de nuestra herencia, es hoy.  Hoy es el día de que comencemos la batalla contra ese aparente gigante, y cortemos su crecimiento.  Si no lo hacemos (procrastinación), mañana será más grande.  Hoy es el primer día de la derrota de ese gigante que nos está estorbando e interponiéndose entre nosotros y la tierra prometida (la victoria) de hoy que Dios nos ha concedido.

 

En Cristo no solo no estamos solos (Dios está con nosotros en la persona del Espíritu Santo), sino que tenemos a nuestra disposición todo Su poder (Hch_1:8), toda Su ayuda (Rom_8:26) y todas las armas espirituales para vencer: la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios; el escudo de la fe; el Nombre que es sobre todo nombre ante el cual se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra; la oración, etc.

 

Echemos fuera todo pensamiento de derrota (que ninguno viene de Dios), que son armas que el diablo utiliza contra nosotros para robarnos, matarnos y destruirnos la herencia que tenemos en Cristo. Y armémonos con la Palabra de Dios y con la fe (creer y obedecer la Palabra) y enfrentemos cada situación adversa que nos quiera impedir el día de hoy que entremos en el resto de la herencia que Dios tiene para nosotros este día: vida abundante (Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23), vida bendecida (Efe_1:3), vida en victoria (Rom_8:31-39), Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y su vida en aumento en nosotros (Fil_1:6, Pro_4:18, 2Co_3:18).  Si Él con nosotros ¿quién contra nosotros? (Rom_8:31).

 

De tal manera que ¡¡¡Ánimo y adelante!!! En Cristo no podemos perder ninguna batalla, en Él somos más que vencedores en todas las cosas (Rom_8:31-39).

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).