DEJANDO ATRÁS EL
PASADO.
Caminar en Dios es dejar atrás el pasado (2Co_5:17,
Luc_9:62). Es dejar atrás el dolor,
el rechazo, la falta de perdón, el resentimiento, el pecado, los errores, los
fracasos, las malas decisiones, las equivocaciones, etc. (Rom_8:1). En
Cristo lo viejo ya paso, todo es nuevo cada día (Lam_3:22-23). Dios es un Dios de nuevas oportunidades cada
día, pero para poderlas aprovechar necesitamos soltar, dejar ir, dejar que nos
siga determinando, el pasado (Heb_12:1-2, Fil_2:13-14). El pasado ya
pasó, no lo podemos cambiar, pero podemos aprender de él y dejarlo ir. El
pasado es una oportunidad de aprendizaje, no un ancla que frene el resto de
nuestras vidas. Es un momento, no un monumento. Pero en Cristo y con Cristo si
podemos cambiar el hoy el futuro (Jer_29:11).
La forma de dejar atrás el pasado es aprender de él
y perdonar hasta que el dolor del recuerdo desaparezca (Rom_8:28-29, Heb_12:15,
Mat_18:21-22). Puede que en un principio perdonar no sea fácil, pero es sanador
y liberador aunque nos cueste. Y con el tiempo se va haciendo más fácil hasta
que se convierte en un estilo de vida de ir con el perdón por delante siempre.
Cada vez que perdonamos son cadenas que nos atan al pasado que se rompen. En
una de las primeras oportunidades en mi vida cristiana que me tocó perdonar
algo y a alguien que me había provocado muchísimo daño y dolor, pude sentir, en
mi espíritu y en mi corazón, que caían cadenas a mis pies que habían tenido
atado todo mi ser. Porque eso es lo que hace precisamente el perdón. Y luego de
ello vi cómo comenzaron a fluir bendiciones espirituales y materiales que
habían estado detenidas por causa de mi falta de perdón. Heb_12.15 nos
enseña que no permitamos que raíces de amargura (resentimiento, falta de
perdón, envidia, celos, etc.) derivadas de cosas que nos sucedieron en el
pasado y nos causaron dolor, se aniden en nuestro corazón, echen raíces en él
porque nos contaminarán y contaminarán a otros y nos impedirán alcanzar la
gracia (el favor) de Dios.
En el capítulo 3 del Libro de Nehemías que nos
habla de la restauración de los muros de Jerusalén (el lugar de la morada
terrenal de Dios), y que hoy nos habla también acerca de la restauración de los
muros, las protecciones de nuestro corazón que es el lugar de la morada de Dios
en nosotros, menciona una puerta de Jerusalén, que era la Puerta del Muladar,
pero esa puerta tenía una característica especial: no era una puerta de
entrada, era una puerta de salida, de la salida de la basura, de todo lo que
contaminaba la ciudad. Y ello nos enseña que necesitamos darle salida a todo lo
que nos contamina, y entre ello el pasado doloroso, pecaminoso, negativo, de
errores, fracasos y malas decisiones. La Palabra nos enseña que esa puerta de
salida de nuestro corazón es perdonar todas esas cosas y pedirle perdón a Dios
por ellas (1Jn-1:9) y seremos limpiados de toda maldad.
En Isa_43:18-19 Dios nos dice que no nos
acordemos de las cosas pasadas, de las antiguas y dolorosas, porque Él quiere
hacer todas las cosas nuevas en nosotros, y pronto saldrán a luz (después de
que nosotros perdonemos y pidamos perdón). Él hará otra vez caminos en el
desierto y ríos en la soledad, caminos de alegría y gozo (Sal_118:24) en
lugar de caminos de tristeza y decepción. Y 1Cor_1:9-12 el Padre dice
que son cosas que nuestros ojos no han visto ni nuestros oídos han escuchado ni
han estado en nuestro corazón y mente, y que son cosas que están preparadas
para los que le aman (para nosotros).
De tal manera que como dice un dicho: “para atrás,
ni para agarrar aviada”, solo para aprender para no caer en lo mismo (Rom_8:28-29)
y recordar de donde nos sacó el Señor (1Co_1:26-31, Eze_36:31) para no
volver nunca atrás y para recordar todas las maravillas que Él ha hecho en
nuestras vidas que son las primicias (anticipos) de lo que hará hoy y en el
futuro en nosotros (Pro_4:18, Fil_1:6, Sal_103:1-2).
Importante. Pero ojo, todo esto solo lo podremos alcanzar en Cristo Jesús, bajo Su
Señorío y Su Salvación, de tal manera que si quieres experimentar este aliento
del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón
(Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una
sencilla oración allí donde estés pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu
incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que
Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo
por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que
le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37,
Jua_8:31-32, Jua_8:36).