DÍAS DE LUZ.
El
día judío comienza al caer
la tarde, al anochecer, es decir, comienza en oscuridad. Nuestros días, a pesar
de que no son días como el día judío, también comienzan en la oscuridad de la
madrugada.
Cualquiera
que sea el día que tomamos como
referencia, comienza con la oscuridad y termina en la luz. Y todo ello es un
modelo de nuestras vidas.
Nuestras vidas comienzan en la
oscuridad de la vida en el mundo, sin Cristo, y al cabo del tiempo, venimos a
la salvación en Cristo, pasando de la oscuridad a la luz (Hch_26:18).
Pero no solo eso, sino a una luz que va en aumento cada día hasta que sea
perfecta (Pro_4:18, Fil_2:14).
Cada
día es diferente
al anterior en muchas cosas (diferentes retos, diferentes circunstancias,
diferentes problemas), aunque puedan tener algunas similitudes. Y cada una de
esas cosas representa una nueva oportunidad de crecer en la Luz que es Cristo (Jua_8:12,
Rom_8:28-29, 2Co_3:18), porque cada día, independientemente que nosotros lo veamos
desde la tierra, nublado, por encima de las nubes, por encima de la oscuridad,
hay luz. Todos son días de luz en última instancia, y más aún, si estamos en
Cristo que es la Luz, nuestros días serán días de luz cada vez más radiantes.
Si
estamos en Cristo que es la Luz, nuestros días serán días de luz. Su Palabra (Cristo encarnado) es Luz (Sal_119:105)
y si la seguimos (no solo la escuchamos) será luz y nos llevará a la luz, que implica victoria
(Rom_8:31-39), bendición (Efe_1:3), plenitud (Efe_1:22-23),
abundancia (Jua_10:10), aumento y prosperidad (Pro_4:18, 3Jn_1:2).
Cada
día son días de buenos
planes de Dios para nosotros (Jer_29:11), y Su propósito es que dejen de ser planes y
caminemos en ellos, en Su Buena Voluntad agradable y perfecta (Rom_12.2,
Mat:7:21), que se vuelvan concretos en nuestras vidas, y
para ello nos ha dejado Su Palabra y Su Espíritu Santo para que nos guíen a la
consecución de esos planes.
De
manera que cada uno de nuestros días pueden ser días de luz si estamos en
Cristo, además de que nosotros mismos seremos luz para otros (Mat_5:14-16)
reflejando la Luz de Cristo en nuestro carácter y en nuestra forma de vivir
para que otros vean nuestras buenas obras y glorifiquen al Padre y quieran
seguirlo (porque también somos sal que produce sed de Dios en otros, Mat_5:13).
Que
nuestros días sean días de luz y que nosotros seamos luz implica, entonces, que
vivamos a la Luz de Cristo, y si vivimos bajo esa Luz, sembrando para el
Espíritu (haciendo la Palabra) cosecharemos vida eterna, plena, abundante,
bendecida, en victoria (Gal_6:7-8).
Cristo es la Luz del mundo. Si estamos en
Cristo, si estamos siguiendo a Cristo (Su Palabra, Sal_119:105)
tendremos la Luz en nosotros, y si tenemos la Luz en nosotros, todos nuestros
días serán días de luz, iluminados, dirigidos por la Luz de Cristo para que no
tropecemos en las circunstancias de cada uno de ellos y nos mantengamos firmes.
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