martes, 17 de febrero de 2026

Tanto que agradecer.

 

TANTO QUE AGRADECER.

 

Ninguno de nosotros decidió donde ni cuando nacer, no escogimos a nuestros padres ni el ambiente en el cual viviríamos. Sin embargo, ninguno de nosotros ni nuestras circunstancias de vida son el resultado de la casualidad sino somos el resultado de un plan que fue elaborado y determinado desde antes de la fundación del mundo (Mat_25:34, Efe_1:4).

 

Ese plan se concretó en el momento de nuestra concepción, estando Dios presente en el momento exacto y estando presente en el vientre de nuestra madre viendo que fueran formadas todas las cosas que íbamos a necesitar de acuerdo con Su plan para cada uno de nuestros días (Sal_139:13-16).

 

Nada fue dejado al azar o a la casualidad, todo fue hecho de acuerdo con Su plan maestro para nuestro bien, en primer lugar, para que le buscáramos (Hch_17:26-28) y en segundo lugar, para que pudiéramos vivir de acuerdo con sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11).

 

Puede ser que la vida que llevamos en el pasado y aún hoy no sea todo lo que hubiéramos querido, pero una cosa si es totalmente cierta, es la vida que necesitábamos para poder tener nuestro encuentro personal con Cristo y disfrutar de la eternidad con Él. Solo pensemos un momento: si nuestra vida hubiera sido todo lo ideal que hubiéramos pensado ¿abríamos tenido necesidad de un encuentro con Cristo, hubiéramos tenido necesidad de Cristo y de todas Sus bendiciones? Lo más probable es que la respuesta sea negativa. Y los planes de Dios para nosotros, de aquí en adelante son los mejores que nos podemos imaginar: vida abundante (Jua_10:10), vida bendecida (Efe_1:3), vida plena (Efe_1:22-23), vida victoriosa (Rom_8:31-39), vida próspera en todos los ámbitos de la vida para que nos vaya bien en todo (3Jn_1:2) y vida en aumento (Pro_4:18), y al partir de la vida terrenal, una vida eterna con Cristo donde no habrá ni más lágrimas, ni más tristezas, ni más dolor, ni más pecado, ni más corrupción, ni problemas, ni adversidades, ni malas decisiones, ni fracasos, etc. (Apo_21:1-4).

 

Todo lo que ha sucedido en nuestras vidas ha sido una bendición de la gracia de Dios para con nosotros: nuestra vida familiar, nuestro lugar de habitación, nuestras circunstancias de vida, nuestras experiencias de aprendizaje, nuestros problemas, etc., Todo ello nos ha llevado a ser las personas que somos hoy, imperfectas, pero en proceso de perfeccionamiento continuo en el Señor, de tal manera que, en realidad, y en última instancia, deberíamos estar agradecidos por todo lo que Dios ha permitido que nos ha acercado a Él, y por todo lo que Dios no ha permitido que nos hubiera alejado de Él.

 

La Palabra, en Jua_3:27, nos enseña que nada le es dado al hombre que no le haya sido dado del cielo. También en Stg_1:17 nos enseña que toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces en Quién no hay mudanza ni sombra de variación. Y también en Efe_2:8-10 la Palabra nos enseña que por Gracia somos salvos por medio de la fe, y todo ello es un don de Dios para que nadie se jacte en Su presencia, además de que somos hechura suya creados en Cristo Jesús para buenas obras las que Él preparó de antemano (y nos preparó a cada uno de nosotros) para que anduviéramos en ellas.

 

¿Qué significa todo ello? Que son más las cosas por las cuales estar agradecidos en nuestra vida que quejosos: tenemos una familia que nos guarda, nos acoge, nos ama, nos cuida, tenemos un techo y suficiente ropa para estar abrigados frente a las inclemencias del tiempo, tenemos alimento para nosotros y nuestra familia, nuestro cuerpo está funcionando bien, aunque pudieran haber algunos inconvenientes temporales, pero en Cristo sabemos que por Sus llagas hemos sido curados, tenemos un trabajo e ingresos para cubrir nuestras necesidades, vemos, escuchamos, respiramos, nuestro corazón late, y todo ello, no por nosotros, sino por la misericordia de Dios, además de otras muchas cosas por las cuales podemos estar agradecidos.

 

La Palabra nos enseña que una forma de vivir la vida con gozo, con optimismo, con esperanza, con fe, es en primer lugar, recordarnos de todos Sus beneficios (Sal_103:1-2) que, si una vez Dios nos los ha dado, nos los volverá a dar porque Él no cambia (Mal_3:6, Heb_13:8). En segundo lugar, no es solo recordar sino agradecer por lo que Él ha hecho en el pasado, está haciendo en el presente y hará en el futuro (1Ts_5:18, Sal_100:4). Todo ello nos ayuda a pensar en todo lo bueno, lo agradable, lo de buen nombre, las bendiciones del Señor, etc., fortaleciendo nuestra fe y esperanza en lo que Dios hará y nos aleja de la queja, de la duda, del negativismo, de la incredulidad, del pesimismo.

 

Detengámonos un momento, alejemos nuestros pensamientos de lo cotidiano, lo urgente, y dediquémonos a pensar en todo lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas y está haciendo, desde las cosas más pequeñas como respirar y que nuestro corazón lata, hasta los hechos milagrosos y portentosos que hemos experimentado en nuestras vidas, y después, demos gracia al Señor y alabémoslo por Su Amor, Misericordia, Gracia y Favor para con nosotros, y hagamos de ello una constante, y nuestras vidas, o esos momentos de tristeza y emociones negativas serán transformados en gozo, alegría, fe, optimismo, esperanza, y nuestra perspectiva de cada día cambiará, porque Él cambia nuestro lamento en danza, nuestra tristeza en alegría, nuestras lágrimas en risa, nuestro duelo en alegría, etc. (Isa_61:1-3).

 

Aprovechemos cada día, y cada instante, para dar gracias por todo lo que recibimos de nuestro Padre Celestial, con gozo y en comunión constante con Él y nuestros días serán días de alegría y de victoria aún en medio de circunstancias difíciles (1Ts_5:16-18, Rom_8:28-29).

 

lunes, 16 de febrero de 2026

El temor de Dios.

 

EL TEMOR DE DIOS.

 

A veces, por el énfasis que se hace en que Dios es un Dios de amor, misericordia y gracia, además de un entendimiento incorrecto de la frase “ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia” nos olvidamos del temor de Dios dejándolo relegado al Antiguo Testamento, y como si en el Nuevo Testamento ya no fuera necesario, Sin embargo, todo lo contrario.

 

En primer lugar, necesitamos, viviendo bajo la Gracia, la sabiduría que es la aplicación práctica de la Palabra de Dios en las situaciones específicas de nuestra vida, y el principio de la sabiduría es el temor de Dios (Pro_1:7).

 

En segundo lugar, en Rom_3:18 la Palabra nos enseña que una característica de las personas en este tiempo, lo cual en mayor o menor medida aplica también a los creyentes, es que no hay temor de Dios delante de ellos.

 

En 2Co_7:1 la Palabra nos enseña que la santidad se perfeccionar en el temor de Dios, y la búsqueda de la santidad en todos los aspectos de nuestra vida es la voluntad de Dios para con nosotros (1Ts_4:3, 1Ts_4:7), pues sin santidad nadie le verá (Heb_12:15).

 

En Efe_5:21, cuando la Palabra compara la vida de la iglesia con la de un matrimonio, inicia instruyéndonos que nos sometamos unos a otros en el temor de Dios, lo que implica la necesidad del temor de Dios en la vida de la iglesia para presentarnos delante de Él como una novia limpia, santa, gloriosa, sin mancha y sin arruga (Efe_5:25-27).

 

El temor de Dios no debería ser terror, pánico, miedo, pero si respeto, reverencia, honra, obediencia, entendiendo que Dios es nuestro Padre, pero también es Dios Todopoderoso, Omnisciente, Omnipresente, Justo, Santo, etc., que no puede tener por inocente al culpable, y que no puede ser burlado porque todo lo que sembramos eso también cosecharemos (consecuencia, Gal_6:7-8) de manera que si sembramos para el Espíritu cosecharemos vida eterna, pero si sembramos para el pecado (la carne) cosecharemos corrupción.

 

Nuestro Padre es un Padre amoroso, pero también es un Padre responsable que quiere lo mejor para Sus hijos y por ello los forma, y dentro de ese proceso de formación está Su disciplina amorosa (Heb_12:5-11), porque el Señor al que ama lo disciplina y, si es necesario, azota a todo el que recibe por hijo (Heb_12:6) y si nos dejara sin disciplina entonces no seríamos hijos sino bastardos (Heb_12:8). Y todo ello porque si bien es cierto que la disciplina cuando la recibimos no es causa de gozo sino de tristeza, posteriormente dará frutos apacibles de justicia a los que en ella hemos sido ejercitados (Heb_12:11), siendo partícipes de Su Santidad lo cual nos es provechoso porque la obediencia y la santidad son un vehículo por el cual las bendiciones de Dios se manifiestan en nuestras vidas (Mat_6:33, Deu_28:1-2).

 

Si bien es cierto la Palabra de Dios nos insiste mucho en que Dios en grande en amor, misericordia, gracia y favor, también nos recuerda que Él es fuego purificador y jabón de lavadores (Mal_3:2) y horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo (Heb_10:31).

 

Pero, si verdaderamente amamos al Señor y procuramos caminar en obediencia a Su Palabra (Mat_14.15-17, Mat_14:21, Mat_14:23) no deberíamos tener temor de la disciplina del Señor porque Él también es lento para la ira y grande en misericordia (Sal_86:15, Sal_103:8, Sal_145:8) además de que contamos con la ayuda del Espíritu Santo para ayudarnos a no pecar (Rom_8:26) y si pecáramos, Él también nos convence de pecado, de justicia y de juicio (Jua_16:7-8) para que inmediatamente nos volvamos al Señor en arrepentimiento y confesión para el perdón de nuestros pecados (1Jn_1:8) sabiendo que Sus misericordias son nuevas para con nosotros todos los días (Lam_3:22-23).

 

De tal manera que, así como vivimos bajo el amor de Dios, Su Gracia y Su Misericordia, también vivamos equilibradamente en el temor de Dios: respeto, honra, reverencia y obediencia a Él y en todo nos irá bien y viviremos confiadamente bajo Su Abrigo en protección, provisión, seguridad, bendición, confianza, reposo, dirección, etc.

 

Vivir en temor de Dios no es vivir aterrados, sino vivir en amor hacia Él, siguiendo Sus instrucciones que son para nuestro bien, dejándonos guiar por Su Palabra (Sal_119:105) y por Su Espíritu Santo (Rom_8:14), para que en todo nos vaya bien y vivíamos en Su buena voluntad, agradable y perfecta (Rom_12:2), lo que implica vivir en Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11), en una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), en victoria (Rom_8:31-39), en aumento (Pro_4:18) y en prosperidad (que nos vaya bien en todas las cosas (3Jn_1:2).

 

Si aún no has reconocido el Señorío de Cristo en tu vida de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) y/o no estás viviendo bajo este aliento del cielo (amor y temor de Dios), hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

La paciencia.

 

LA PACIENCIA.

 

 

La paciencia es una cualidad del carácter que Dios, por el Espíritu Santo, quiere manifestar en nosotros porque no solo es parte del carácter de Cristo, sino que también es parte del fruto del Espíritu (2Co_3:18, Gal_5:22-23) además de que nos es precisa para alcanzar por la fe las promesas de él para nosotros (Heb_6:12),

 

La paciencia es un atributo comunicable de Dios, es decir, un atributo que nosotros podemos y necesitamos tener, y en la Palabra de Dios tenemos ejemplos de la paciencia del Señor para con nosotros:

·         Por Su paciencia alcanzamos su benignidad que nos guía al arrepentimiento (Rom_2:4). Y porque hemos recibido la paciencia del Señor para con nosotros, de la misma manera, de gracia, necesitamos ejercer paciencia con los demás (Mat_10:8).

·         En Su paciencia, Él pasó por alto nuestros pecados pasados y nos fue propicio por medio de la fe en la Sangre de Cristo (Rom_3:25).

·         Él es el Dios de la paciencia y la consolación (Rom_15:5), y como imitadores de Él (Efe_5:1, Mat_5:48) nosotros también necesitamos mostrar paciencia y consolación para con los demás.

·         Por la paciencia de Dios alcanzamos su benignidad que nos guía al arrepentimiento (Rom_2:4).

 

Aparte de lo anteriormente mencionado, la paciencia nos es necesaria:

·         Para que por ella junto con la fe alcancemos las promesas de Dios (Heb_6:12, Rom_8:25, Heb_6:15, Heb_10:36)

·         Para aplacar el enojo propio y ajeno (Pro_25:15).

·         Para ganar nuestras almas (Luc_21:19).

·         Por la paciencia y la consolación de las Escrituras nos mantenemos en la esperanza de la eternidad con Dios (Rom_15:4), y alcanzamos un mismo sentir (unidad) en Cristo con nuestros hermanos en la fe (Rom_15:5).

·         Junto con la humildad y la mansedumbre, nos ayuda a soportarnos, aceptarnos, amarnos y perdonarnos unos a otros (Efe_4:2).

·         Como escogidos de Dios santos y amados, necesitamos vestirnos de ella (Col_3:22), además de que es una cualidad recomendable y necesaria para un ministro de Cristo (2Co_6:4, 2Co_12:12, 1Ti_6:11, 2Ti_3:10, 2Ti_4:2, Tit_2:2).

·         Nos es necesaria para enfrentar y vencer las aflicciones (2Ts_1:4).

·         La necesitamos para correr la carrera de la vida cristiana que tenemos por delante (Heb_12:1).

·         La necesitamos para ser perfectos y cabales sin que nos falte cosa alguna (Stg_1:4).

·         La necesitamos para afirmar nuestros corazones porque la venida del Señor está cerca (Stg_5:8).

 

Como ya mencionamos anteriormente, la paciencia es una parte del fruto del Espíritu (Gal_5:22-23), por lo que necesitamos que el Señor encamine nuestros corazones hacia Su Amor y hacia la paciencia de Cristo. Y Dios lo hace de muchas maneras, principalmente a través de la tribulación y la prueba que fortalecen nuestra paciencia y esperanza (Rom_5:3-4, Stg_1:3, Col_1:11).

 

Como hemos visto, la paciencia es una cualidad del carácter que nos es necesaria para muchas cosas, que Dios por el Espíritu Santo quiere desarrollar en nosotros para la salvación de nuestras almas ahora, en la vida terrenal, para que podamos vivir la vida que es Su buena Voluntad, agradable y perfecta para nosotros (Rom_12:2), en Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11): vida abundante (Jua_10:10), vida bendecida (Efe_1:3), vida plena (Efe_1:22-23), vida en victoria (Rom_8:31-39), que todo en la vida nos salga bien (3Jn_1:2) y vida en aumento (Pro_4:18).

 

La paciencia no es una cualidad que las circunstancias del mundo en el que vivimos, propicie, más bien propicia todo lo contrario: lo instantáneo (leche, sopa, comida, café, comunicación, información, diversión, etc.), por ello necesitamos clamar al Señor para que Él nos ayude con Su Espíritu Santo a morir a la inmediatez y a manifestar la paciencia por Su Espíritu Santo (Rom_8:13-14, Rom_8:26) y dispongamos nuestro corazón para ir creciendo en ella cada día (Fil_1:6).

 

 

La obediencia, ¿bendición o castigo?

 

LA OBEDIENCIA ¿BENDICIÓN O CASTIGO?

 

Muchas personas en el mundo tienen la idea de que la obediencia es un castigo o un instrumento para refrenar el darnos gusto y experimentar los “placeres de la vida”, y tienen razón parcialmente, si por gusto y/o “placeres de la vida” entendemos la vida licenciosa de pecado: hedonismo, placer sexual, materialismo, codicia, orgullo, vanagloria, etc. Y ello porque el diablo, el mundo y la carne encuentran en la obediencia un obstáculo para sus objetivos de robar, matar y destruir (Jua_10:10, Ro _6:23). Esas ideas y cualquier otra que sea negativa respecto a la obediencia tienen el mismo origen y tienen el mismo propósito.

 

Yendo un poco más profundo en el concepto, la desobediencia (junto con la rebelión y la obstinación) tienen su origen en el diablo mismo, y es la expresión de su esencia. El diablo, que anteriormente a su caída era Luzbel, un querubín protector (Isa_14:12-16, Eze_28:14), cayó en desobediencia, rebelión y obstinación delante de Dios, y con ello, no solo perdió su alto privilegio delante de Dios, sino que se privó a sí mismo de la bendición de vivir eternamente en las delicias de la presencia de Dios y del cielo. Su naturaleza original fue totalmente transformada por la desobediencia de la misma manera que transforma la nuestra: de Lucero de la mañana pasó a ser tiniebla, de Querubin delante de Dios, paso a ser el rey del infierno condenado eternamente.

 

Y de la misma manera la desobediencia opera en nosotros. Adán y Eva fueron creados para vivir en el Edén, en una vida perfecta en obediencia a Dios (Gen_2:15-17). Sin embargo, vino el diablo y les ofreció “placer”, “gusto”, “satisfacción”, etc., (Gen_3:1-5) si le obedecían a Él (desobedeciendo a Dios), que resultaron ser falsas promesas cuando cayeron en la desobediencia y se enfrentaron al resultado de sus malas decisiones: muerte, dolor, adversidad, división, etc. (Gen_3:6-19).

 

Si observamos bien esos versículos de Gen_3, cuando desobedecemos en realidad estamos manifestando la esencia de la naturaleza del diablo, en lugar de manifestar la esencia de la naturaleza de Dios que es la obediencia, y nos privamos de la luz, la bendición, la vida, la paz, y todo lo bueno de Dios, para vivir la oscuridad, la maldición, la muerte, el temor, la inseguridad, el dolor y todo lo malo del diablo.

 

Una vez establecido el origen y la esencia de la desobediencia, que promete “satisfacción” pero su fin es muerte (Pro_16:25, Rom_6:23), podemos empezar a comprender la realidad de la obediencia.  La obediencia es, en realidad, un muro de protección para que nuestra vida no se vaya por un despeñadero, es la valla de protección que nos mantiene en el camino de la vida buena y de las bendiciones de Dios. Es un muro de protección y una valla de amor que nuestro Buen Padre y Dios ha establecido para nosotros para que no nos desviemos del camino de la bendición (Efe_1:3), abundancia (Jua_10:10), plenitud (Efe_1:22-23), prosperidad (3Jn_1:2), victoria (Rom_8:31-39), crecimiento y aumento (Pro_4:18) que forman parte de Sus planes de bien para nosotros Sus hijos, para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (eternidad).

 

La obediencia es un regalo de amor de Dios para nosotros que viene acompañado del Espíritu Santo que Dios nos da por Su Gracia en la salvación, por cuanto es el resultado del dominio propio que es el fruto del Espíritu que mora en nosotros desde la salvación y hasta la eternidad (1Co_6:19, Jua_7:37-39, Jua_14:15-19, Eze_36:27), además de que el Espíritu Santo nos regala el poder para obedecer (Hch_1:8).  

 

La obediencia es bendición también por cuanto es el “camino” por el cual las bendiciones que son por gracia por medio de la fe (Efe_2:8-9) vienen a nosotros (Deu_28:1-2, Mat_6:33). Y la obediencia también es conveniencia porque por ella somos bendecidos en todo lo que hemos mencionado anteriormente.  La obediencia es conveniencia para nosotros porque nos alinea con los planes y el propósito de Dios para nuestras vidas que son buenos, agradables y perfectos (Rom_12:2) y es siembra de la que recibiremos una cosecha de bendición y vida eterna (Gal_6:7-8). 

 

De tal manera que, si anteriormente hemos pensado que la obediencia es sacrificio, obstáculo para “disfrutar de la vida”, algo pesado, difícil o castigadora (cuando la Verdad es que todos esos calificativos en realidad corresponden a la desobediencia) es tiempo de cambiar de mentalidad (la vieja manera de pensar) renovando nuestra mente con la Verdad (Jua_14:6) que es el Camino, la Verdad y la Vida.

 

Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

 

Delicias en medio de la adversidad.

 

DELICIAS EN MEDIO DE LA ADVERSIDAD.

 

A todos, pienso qué sin excepción, nos gustaría vivir toda nuestra vida en una delicia, y sin adversidades, pero ello, por el mundo en que vivimos, imperfecto y pecador, es imposible. Si no es por nuestras imperfecciones y/o pecado, es por las de los demás que debemos enfrentar adversidades en mayor o menor grado.

 

Sin embargo, a pesar de las adversidades, si podemos vivir una vida en delicias constantes, si no es que permanentes. Y ello es cuando ponemos nuestra vida, confianza, seguridad, pensamientos, etc., en las manos de Dios.

 

Él nos enseña en Su Palabra que ha hecho cada día para que nos gocemos y nos deleitemos en Él (Sal_118:24) porque en Su Presencia hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal_16:11), y además de las delicias nos da Su gozo que es nuestra fortaleza (Neh_8:10) para superar toda adversidad.

 

Sin embargo, a pesar de las adversidades, si podemos vivir una vida en delicias. Y ello es cuando ponemos nuestra vida, mirada, pensamientos, etc., en las manos de Dios. En Mat_11:28-30 Jesús nos instruye a que traigamos todas nuestras cargas delante de Él (incluye las adversidades) y que Él nos hará descansar si aprendemos de Él que es manso y humilde de corazón, y nos ponemos Su yugo (ayuda, obediencia, dirección) porque Su yugo es fácil y ligera su carga y hallaremos descanso para nuestras almas. Por otro lado, el Sal_23:1-3 también nos enseña que si Él es nuestro Pastor (y nosotros sus ovejas que oímos Su voz y le obedecemos, Jua_10:27), entonces no solo nada nos faltará, sino que Él nos hará descansar en lugar de delicados pastos, junto a aguas de reposo nos pastoreará, confortará nuestra alma y nos guiará por sendas de justicia por amor de Su Nombre (y todo ello es delicia).

 

El Señor ha creado cada uno de nuestros días para que nos gocemos y nos alegremos en Él (delicias), no para que los suframos, aunque no ignora el hecho de que algunas veces podremos enfrentar aflicción (Jua_16:33), pero si estamos en Él las venceremos cada día. Y aunque parezca imposible, recordemos que para Él nada hay imposible (Luc_1:37) y para el que puede creer en Él todo es posible (Mar_9:23). Para ello, empecemos cada día reconociendo Su Gracia (Jua_1:16-17) y ello implica reconocer que todo lo que somos, tenemos y podemos es un regalo de Su Gracia (1Co_15:10, Jua_3:27, Stg_1:17) y ser agradecidos con todo (1Ts_5:18), aun lo que no es una delicia porque Él lo hará obrar para nuestro bien (Rom_8:28-29). Al hacerlo, los días que podrían ser de quejas y lamentos se convertirán en días de gratitud, de gozo y de gracia (Isa_61:1-3) porque la gratitud es hija de la gracia y es la reacción correcta de los bendecidos, los hijos de Dios, los salvos en Cristo (Efe_1:3), y tan correcta que su ausencia sorprendió a Jesús cuando sanó a los diez leprosos y solamente uno regreso a darle las gracias (Luc_17:17-19) y como la gratitud atrae más gracia, este hombre agradecido no solo recibió de Jesús su sanidad sino también su salvación.

 

Vivir días con gratitud y en delicia delante del Señor implica también aceptar Su perdón, Su voluntad, Sus bendiciones, reconociéndolas cada día con agradecimiento (1Ts_5:18) porque son buenas, agradables y perfecta (Rom_12:2) sin ningún lugar a duda, porque nos dirigen a una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Jua_10:10), próspera (3Jn_1:2) y en aumento (Pro_4:18), en cumplimiento de Sus planes de bien para nosotros para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11).

 

Dios quiere darnos todo ello (y por ello la vida en Él es una delicia, y en agradecimiento), y para que lo logremos nos ha dado Su Palabra para que obedeciéndola sea nuestra guía para alcanzarlo (Sal_119:105) y además nos ha dado Su Espíritu Santo que vive en nosotros (1Co_6:19) y nos regala Su poder y Su ayuda para que lo logremos (Hch_1:8, Rom_8:26), que, por cierto, es otro motivo más de agradecimiento y de gozo.

 

Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

Precio, condiciones o decisiones.

 

PRECIO, CONDICIONES O DECISIONES.

 

 

Muchas personas en el ámbito cristiano mencionan que para seguir a Cristo o para servirlo en alguna asignación y/o ministerio hay que pagar un precio. Sin embargo, bíblicamente, ello no es así. Todo el precio para seguirlo y para cualquier asignación que Él nos da, Él ya lo pagó en la Cruz del Calvario. Efe_2:8-10 nos enseña que todo lo que tenemos en Cristo desde la salvación y todo lo que ella implica posteriormente (la vida de salvos) Jesús la compró para nosotros en la Cruz despojando a los principados y a las potestades de todo derecho sobre nosotros y librándonos de sus poderes (Col_2:13-15), para que no solo fuéramos salvos por gracia por medio de la fe, sino también para que pudiéramos caminar y realizar las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas, que son las obras de la vida cristiana, por esa misma gracia por medio de la fe (Efe_2:10).

 

Probablemente la mentalidad mercantilista del mundo (“nada es gratis”, “nadie regala nada”), y que no haya sido renovada la mente en todos los aspectos en la vieja manera de pensar, hacen creer esa mentira del diablo para desanimarnos. También puede estar influida esa manera de pensar en el hecho de pretender que todo lo de Dios debe ser sin esfuerzo (la ley del mínimo esfuerzo), y como la vida en Cristo y el desarrollo de las asignaciones que Él nos da requieren algún esfuerzo, eso deriva en pensar que esas cosas tienen un precio. Ahora bien, ese esfuerzo no es un pago o precio; es el resultado de una decisión que va a requerir de carácter, persistencia y perseverancia, de ninguna manera un precio.

 

De lo anterior podemos deducir claramente que lo que si se requiere en cualquiera de esas cosas son decisiones, qué a nuestra carne, ego o yo no les va a gustar porque van a implicar la renuncia a que ellos controlen nuestras decisiones y hagamos lo que ellos quieran, que para la carne puede parecer un precio que ello tenga que pagar, pero en realidad no es un precio, es una decisión.

 

La Palabra nos enseña en Deu_30:19-20, que Dios ha puesto delante de nosotros la bendición y la maldición, la vida o la muerte, y que escojamos la vida y la bendición para que nos vaya bien en todo, y eso es decisión, no precio. Lo contrario, la maldición y la muerte son los resultados de escoger según lo que la carne quisiera (Gal_6:7-8), y al no escogerlo, la carne nos hace pensar que es un precio que estamos pagando.

 

La Palabra también nos enseña en Efe_4:22-24 que nos despojemos de la vieja manera de pensar (la manera de la carne que esta viciada conforme a sus deseos engañosos) y nos revistamos de la nueva manera que está creado en Dios en santidad y verdad, y ello también es una decisión, no un precio.

 

En Rom_12:2 también la Palabra nos enseña que nos renovemos en la manera de pensar conforme a lo que nos enseña la Palabra, que no pensemos como el mundo (conforme a lo que le agrada da la carne), para que podamos comprobar cuál sea la buena voluntad de Dios agradable y perfecta, y ello también es una decisión, no un precio.

 

Otras cosas que nos enseña la Palabra de Dios en cuanto a seguir a Cristo y el servicio en cualquier asignación que Él tenga para nosotros es que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Efe_4:13), que Dios pone en nosotros el querer como el hacer (Fil_2:13) y que Él nos ha llenado con el poder de Su Espíritu Santo (Hch_1:8) para ayudarnos en todas las cosas (Rom_8:26), de tal manera que  nos ha equipado para ello, y eso no es un precio, es un empoderamiento, y es por gracia, no por obras ni méritos.

 

Todas esas decisiones que necesitamos tomar en nuestra vida como creyentes para seguir a Cristo y para cualquier asignación que Él tenga para nosotros, son decisiones que nos convienen porque nos dirigen hacia una vida plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), abundante (Jua_10:10), en victoria (Rom_8:31-39), en aumento (Pro_4:18), en prosperidad en todas las áreas de la vida (3Jn_1:2), y al cumplimiento de los planes de bien y no de mal que Dios tiene para nosotros para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11). Y son de nuestra exclusiva conveniencia, porque las tomemos o no, Él va a seguir reinando en Su Trono y Él sigue siendo Dios, porque Él no necesita de nosotros porque es “El Todopoderoso” y los que si necesitamos de Él somos nosotros (1Co_15:10, Jua_15:5, Jua_3:27, Stg_1:17).

 

De tal manera que si has tenido la idea de que para ser cristiano tienes que pagar un precio o el esfuerzo que implica es grande, y ello te ha impedido la bendición de la salvación ahora y por la eternidad, y de vivir la vida plena y bendecida en Dios, hoy es el tiempo de dejar atrás esos pensamientos y abrazar la salvación que es en Cristo.   Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

Días de Gracia.

 

DIAS DE GRACIA.

 

La Gracia de Dios es el regalo inmerecido que Él nos da cada día, por el cual sus bendiciones se hacen manifiestas en nuestras vidas. Hay tres tipos de gracia. La Gracia general, por la cual Dios bendice con lo mínimo su creación (hace salir el sol y llover sobre buenos y malos, la Gracia salvífica por la cual somos salvos (Efe_2:8-9), y la Gracia específica, la Gracia para quienes son hijos de Dios (Jua_1:12, Rom_8:14-15) por la cual vivimos todos los días la vida cristiana y Dios nos bendice con el cumplimiento de todas Sus promesas (las riquezas de Su Gracia, Efe_1:7, Efe_2:7).

 

Podríamos decir que Dios es la fuente de la Gracia, y la Gracia es el canal de Sus bendiciones para Su creación en general, y para Sus hijos de manera especial, por ello Pablo manifestó en 1Co_15:10 “por la Gracia de Dios soy lo que soy y he trabajo, no yo, sino la Gracia de Dios conmigo”.

 

De tal manera que por la Gracia de Dios, los hijos de Dios somos lo que somos (Efe_2:8-9, 1Pe_2:9-10), por la Gracia de Dios podemos lo que podemos (Efe_2:10, Fil_4:13) y por la Gracia de Dios tenemos lo que tenemos (Jua_3:27, Stg_1:17) y por la Gracia de Dios vivimos lo que vivimos (Rom_8:28-29) aunque no todo sea perfecto pero en el camino de serlo (Fil_1:6), con todo lo necesario para que caminemos en el propósito de Dios para nuestras vidas (Sal_139:13-16) y principalmente teniendo a Él (Padre, Hijo y Espíritu Santo) a nuestro favor en todos los aspectos de la vida (Sal_23:1-5, Sal_121:1-8, Col_1:17, Col_3:3).

 

Y todo ello para que comprobemos la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta para nosotros (Rom_12:2), Sus planes de bien para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (la eternidad) y llevar nuestra vida en aumento (Pro_4:18, Fil_1:6), teniendo una cada vez mayor vida abundante (Jua_10:10), bendecida (Efe_1:3), plena (Efe_1:22-23), en victoria (Rom_8:31-39) y en salud y prosperidad (que nos vaya bien) en todas las áreas de la vida (3Jn_1:2). Y ello solo requiere nuestra decisión de ser salvos (no precio) reconociendo el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10, Jua_1:12) que nos es totalmente conveniente porque en lugar de condenación eterna tendremos vida eterna, y que gradualmente vayamos viviendo de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios (Rom_12:2, Efe_4:22-23, 3Jn_1:2, Fil_1:6) con la ayuda de la Palabra (Sal_119:105) y del Espíritu Santo (Rom_8:26) que nos empoderan para vivir la vida que Dios quiere que vivamos (Sal_138:8).

 

Por la gracia de Dios nuestro carácter imperfecto, compulsivo, impulsivo, terrible, etc., será transformado paso a paso en el carácter de Cristo (Col_3:18, Gal_2:20), viviremos en la libertad del pecado y sus consecuencias (acusación, culpa, juicio, condenación, y todas las emociones negativas que nos asaltan, Rom_8:1, Rom_8:31-32, 2Co_3:17), y viviendo la vida cada vez más abundante, plena, bendecida, victoriosa, próspera que es el plan de Dios para nosotros como ya lo mencionamos anteriormente. De tal manera que ser salvos y vivir la vida cristiana progresivamente, nos conviene totalmente a nosotros. Si nosotros no lo hacemos, Dios sigue siendo Dios, pero nosotros no alcanzamos todo lo que Él tiene para nosotros (Deu_28:1-2). Y en eso consiste la Gracia: en que todo lo que Dios nos enseña en Su Palabra (leyes, mandamientos, preceptos, estatutos, principios, etc.) es para nuestro bien (promesas y bendiciones), sin que ello le agregue nada a Dios más que la satisfacción de ver a Sus hijos caminando en una vida en aumento cada vez mayor.

 

Y todo ello no es por nosotros mismos, de principio a fin. Es por Su Gracia y solamente por Su Gracia. Cristo pagó el precio para todo ello cuando aún éramos Sus enemigos, desobedientes, desleales, burladores, pecadores, etc. Y aun estando en nuestros delitos y pecados Dios envió Su Espíritu Santo para que nos quitara la venda de nuestros ojos (1Co_2:14, 2Co_4:4) y nos regenerará (2Co_5:17, Jua_3:3) y nos empoderara para vivir la vida cristiana dentro del plan de Dios (Hch_1:8), guiándonos (Rom_8:14), ayudándonos (Rom_8:26), transformándonos (2Co_3:18).

 

Ahora bien, la Gracia y el amor de Dios que incluye Su perdón, no debe ser un motivo para seguir viviendo de la vieja manera de vivir, en primer lugar porque es contra nuestra nueva naturaleza (2Pe_1:3-4, 1Pe_1:23), no es un permiso para el libertinaje y mantenernos en la esclavitud del pecado y de la vieja manera de vivir, y en segundo lugar, porque si la descuidamos, los que vamos a sufrir pérdida somos nosotros, haciendo que sea en vano para nosotros (1Co_15:10). Que la aprovechemos al máximo para crecer en madurez espiritual y humana, haciendo la voluntad de Dios,  que no la pisoteemos ni afrentemos al Espíritu de Gracia pecando, viviendo en la vieja manera de vivir como nos enseña Heb_10:29, que seamos libres y sanos de la amargura (emociones negativas que se enraícen en nuestro corazón) por cualquier razón para que no nos impida alcanzar Su Gracia (Heb_12:15). Aprovecharla al máximo también significa vivir en gozo permanente (Sal_118:24), comunión y agradecimiento con el Dador de la Gracia (1Ts_5:16-18).  

 

Como ya mencionamos anteriormente, por la Gracia de Dios somos lo que somos, tenemos lo que tenemos y podemos lo que podemos qué dice Dios en Su Palabra. Y ¿cómo lo sabemos, conocemos y vivimos? Mediante primero, reconociendo el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10), segundo, desarrollando la nueva naturaleza que Dios nos da (2Co_5:17, 2Pe_1:3-9) mediante el conocimiento y fe en la Palabra (Sal_119:105), renovando nuestro entendimiento con ella (Rom_12:2) y atesorándola y creyéndola en nuestro corazón (Rom_10:17), con la ayuda y comunión del Espíritu Santo (Rom_8:26) que viene a hacer morada en nosotros cuando entregamos nuestra vida al Señorío de Cristo (1Co_6:19).

 

Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

Días de enfrentar y vencer los difíciles y los imposibles. Días de victoria.

 

DIAS DE ENFRENTAR Y VENCER LOS DIFÍCILES Y LOS IMPOSIBLES. DIAS DE VICTORIA.

 

Hay cosas y situaciones que se presentan en nuestras vidas, que a nuestros ojos naturales parecen imposibles, como para los israelitas les parecía imposible tomar la ciudad de Jericó para entrar a poseer la tierra prometida, o como para los que estaban alrededor de David les parecía que imposible que él derrotara a Goliat, o salir ilesos del horno de fuego para los que conspiraron contra los amigos de Daniel o del foso de los leones para los que conspiraron contra David. Incluso para los discípulos de Jesús les parecía algo imposible que Él resucitara o que los cristianos, sin armas, pudieran derrotar al imperio romano.

 

Pero Israel tomó la ciudad de Jericó, David derrotó a Goliat, los amigos de Daniel salieron ilesos del horno de fuego, Daniel salió ileso del foso de los leones, CRISTO RESUCITÓ, y el imperio romano sucumbió. Y en todos los casos que parecían imposibles, que nos relata la Biblia y que hemos vivido los creyentes en Cristo hay algo en común: la intervención de Dios, nuestro Padre, el Dios de los imposibles, el Dios de los todo posibles, el Dios Todopoderoso que obra a favor de Sus hijos como un Padre responsable, amoroso, cuidadoso.  No que vayamos a pasar por situaciones adversas, que Dios permite como parte de nuestro proceso de maduración y formación, sino que de todas ellas vamos a salir victoriosos (Rom_8:28-29), fortalecidos, perfeccionados, formados (1Pe_5:8-10) y preparados para nuevos retos, nuevas responsabilidades y nuevas bendiciones que ni nos hemos imaginado, porque cosas que ojos humanos no han visto, ni oídos han oído ni han estado en el corazón de nosotros, son las que Dios ha preparado para los que le amamos (1Co_2:9-12) y en Él haremos proezas (cosas maravillosas que nunca antes hemos hecho ni experimentado, Sal_60:12, Sal_108:13). Ahora bien, notemos algo muy importante: todo ello dice la Palabra de Dios, que es la Verdad, que lo tendremos si estamos en Cristo, y estar en Cristo es permanecer en Su Palabra, comenzando por reconocerlo como nuestro Señor y Salvador, no solo para una situación específica de nuestra vida, sino para todos los días y momentos de ella, y ser practicante gradual, en aumento cada día, de Su Palabra (Jua_15:7).

 

Talvez hoy tenemos un problema o hemos dejado de luchar contra él porque en el pasado te pareció imposible vencerlo, un mal hábito o pecado que constantemente nos asedia, una falla en nuestro carácter que nos impide avanzar como quisiéramos, una mala decisión que trajo consecuencias desagradables a nuestras vidas, o cualquier otra cosa.  Pero nada de ello es imposible para Dios y nada de ello es imposible superarlo si podemos creer y caminamos en la fe, porque el justo vivirá por la fe, no por lo que sé ve, sino por lo que Dios dice que es y que será, que tenemos y que tendremos, y que podemos y podremos.   que hoy tienes enfrente o que has dejado de luchar contra él porque en el pasado te pareció imposible vencerlo. Recordemos que nuestro Dios y Padre, el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo son el Dios de lo imposible (Luc_1:37) y que los Tres están a favor de nosotros para darnos la victoria. El Padre ya la decretó, el Hijo ya pagó el precio de esa victoria en la Cruz del Calvario y el Espíritu Santo nos empodera para que lo logremos (Pro_4:18, Col_2:13-15, Hch_1:8).

 

Los imposibles parecen imposibles hasta que los ponemos en las manos de Dios (Mat_11:28-30). Cuando los imposibles se “topan” con el poder del Todopoderoso y Padre nuestro, la imposibilidad se termina y la posibilidad se realiza (Sal_121:1-8, Sal_23:4-6).

 

Dejemos de creer que los imposibles son imposibles, creamos con todo nuestro corazón, aún en contra de las apariencias, que esos imposibles serán vencidos y pongámoslos en las manos de Dios, y Dios lo hará (Jua_11:40).  Creamos, escribamos la visión de la victoria sobre el imposible, leámosla todos los días, hasta que suceda porque sucederá (Hab_2:2-3). Lo que nos tenía amilanados, atemorizados, detenidos, limitados, etc., será derribado como Dios lo hizo con los muros de Jericó después de siete días que los Israelitas la estuvieron rodeando y siguiendo las instrucciones de Dios, y cuando llegó el tiempo para ello, porque Dios hace todas las cosas hermosas en Tu tiempo (Ecl_3:11).

 

Jericó cayó ante Israel porque Dios estaba con ellos, Goliat el gigante cayó ante David porque Dios estaba con él, los demonios cayeron delante de Cristo en la Cruz del Calvario porque Dios estaba con Él, Y los imposibles que hoy nos están estorbando caerán porque Dios está con nosotros y porque están estorbando los planes de bien que Dios tiene para cada uno de nosotros para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (eternidad) (Jer_29:11) y porque Dios nos ha prometido llevar nuestra vida en aumento hasta que sea perfecta (Pro_4:18, Fil_1:6) y Dios cumplirá Su propósito en nosotros (Sal_138:8) porque Él no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse, y si Él lo dijo, Él lo hará (Num_23:19). No existe en el universo una persona, cosa o fuerza que se pueda oponer al Todopoder de Dios. Así que tranquilos. Confiemos en Dios y a Su tiempo veremos realizada la victoria que anhelamos y/o necesitamos.

 

Como mencionamos anteriormente, para experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

 

Días de descanso.

 

DIAS DE DESCANSO.

 

Una buena cantidad de días de nuestra vida nos encontramos frente a dificultades, problemas, adversidades, emergencias, accidentes, malas decisiones, fracasos, pecados, errores, etc., y todas esas cosas nos preocupan, nos angustian, nos agobian, nos fatigan, nos sobrecargan, nos cansan. Y pensamos que no hay soluciones, o son muy difíciles o son imposibles.

 

Pero hay Alguien que puede solucionar todo ello: Cristo (Mat_11:28-30). Él nos ha prometido que si venimos a Él con nuestras cargas (cuales quiera que sean), en mansedumbre y humildad, Él nos hará descansar. Ello significa que le reconozcamos como el Señor y Salvador de nuestras vidas, no solo en un momento determinado sino todo el tiempo de nuestras vidas, y entonces nuestras cargas se irán. No desaparecen, pero tendremos una manera totalmente diferente de afrontarlas sabiendo que si estamos en Cristo todas las cosas obrarán para bien (Rom_8:28-29), que en toda las cosas seremos más que vencedores (Rom_8:37) y que nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús (Rom_8:38-39).

 

Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida (Jua-14:6) y ello significa que Él es el Camino hacia la solución de todas las situaciones de la vida; que la Verdad para esas soluciones solo la encontramos en Él y en Su Palabra bajo la dirección del Espíritu Santo (Sal_119:105, Rom_8:14) y que por ello tendremos Vida y Vida en abundancia (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), próspera en todas las áreas de nuestra vida y por ello en todo nos irá bien (3Jn_1:2), en aumento (Pro_4:18, Fil_1:6), y viviremos en los planes de Dios para cada uno de nosotros, planes de bien para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (eterna).

 

Para Dios no hay nada imposible (Luc_1:37) y para el que puede creer todo es posible (Mar_9:23). Él es nuestro Todopoderoso (todo lo puede) Padre, que como Buen Padre tiene cuidado de nosotros en todos los aspectos de la vida y quiere lo mejor para cada uno de Sus hijos. Él de ninguna manera se deleita en nuestras adversidades, que por nuestra naturaleza imperfecta y porque vivimos en un mundo imperfecto tendremos que afrontar (Jua_16:33), pero nos garantiza la victoria frente a todas ellas si nos mantenemos firmes en Él (Efe_6:10-13) y las va a usar para que nos vaya aún mejor en la vida (1Pe_5:8-10) y para reforzar nuestra esperanza de la vida eterna (1Pe_1:5-6).

 

Él es experto en deshacer las obras del mal, del pecado, los errores, los fracasos, etc. (1Jn_3:8) y Su misericordia para con nosotros es nueva cada mañana, porque seguramente cada mañana la necesitamos precisamente por nuestras imperfecciones que nos hacen tomar decisiones equivocadas, pero Él está presta a  perdonarnos (1Jn_1:9) si las reconocemos, y no solo a perdonarnos sino que también a limpiarnos de toda maldad y a enseñarnos para que no volvamos a caer en semejantes cosas.

 

Él es experto en levantarnos desde el fondo de la desesperación y de las situaciones enredadas que podemos afrontar en nuestras vidas por nuestras malas decisiones (Sal_40:2).  Solo hay una condición, que como dice Jesús en Mat_11:28-30, es fácil y ligera.  Él no solo quiere ser nuestro ayudador, bombero, consejero externo o algo parecido para enfrentar las situaciones contrarias de nuestra vida.  Él quiere ser nuestro Señor y Salvador, de cada día, y no solo ayudarnos cuando estamos en problemas, sino ayudarnos a no meternos en problemas, a vivir vidas cada día más plenas, en libertad, en victoria, porque Él es Dios, no bombero, Él es Señor, no rescatista para sacarnos de problemas, Él es Señor de lo interno, no consejero externo.

 

Recordemos como empezamos con este Aliento del Cielo, con Mat_11.28-30: nos exhorta a venir a Él para que podamos descansar, pero necesitamos ponernos su yugo (apoyo, dirección, obediencia) porque es fácil (Él nos empodera con el Espíritu Santo para que lo podamos hacer, Hch_1:8, Rom_8:26) y ligera su carga (en contraposición a lo pesada que es la carga sin Él, y además sin futuro y sin esperanza seguros). Él nos enseñará a ser mansos (no hacer lo que se nos da la gana o lo que nos parece mejor en nuestra propia opinión, Pro_16:25), y humildes (mantenernos unidos a Él entendiendo que separados de Él nada podemos hacer para garantizarnos un futuro abundante, pleno, bendecido, en victoria y en ascenso, además de la esperanza de la vida eterna. Y su promesa (el resultado) es que hallaremos descanso para nuestras almas (vencer el lado negativo de las emociones y vivir en el lado positivo de ellas): amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio (Gal_5:22-23), cosas que nos son tan necesarias en este mundo tan lleno de todo lo contrario.

 

Por ello, si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).