TANTO QUE AGRADECER.
Ninguno
de nosotros decidió donde ni cuando nacer, no escogimos a nuestros padres ni el
ambiente en el cual viviríamos. Sin embargo, ninguno de nosotros ni nuestras
circunstancias de vida son el resultado de la casualidad sino somos el resultado
de un plan que fue elaborado y determinado desde antes de la fundación del
mundo (Mat_25:34, Efe_1:4).
Ese
plan se concretó en el momento de nuestra concepción, estando Dios presente en
el momento exacto y estando presente en el vientre de nuestra madre viendo que
fueran formadas todas las cosas que íbamos a necesitar de acuerdo con Su plan
para cada uno de nuestros días (Sal_139:13-16).
Nada
fue dejado al azar o a la casualidad, todo fue hecho de acuerdo con Su plan
maestro para nuestro bien, en primer lugar, para que le buscáramos (Hch_17:26-28)
y en segundo lugar, para que pudiéramos vivir de acuerdo con sus planes de bien
para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11).
Puede
ser que la vida que llevamos en el pasado y aún hoy no sea todo lo que
hubiéramos querido, pero una cosa si es totalmente cierta, es la vida que necesitábamos
para poder tener nuestro encuentro personal con Cristo y disfrutar de la
eternidad con Él. Solo pensemos un momento: si nuestra vida hubiera sido todo
lo ideal que hubiéramos pensado ¿abríamos tenido necesidad de un encuentro con
Cristo, hubiéramos tenido necesidad de Cristo y de todas Sus bendiciones? Lo
más probable es que la respuesta sea negativa. Y los planes de Dios para
nosotros, de aquí en adelante son los mejores que nos podemos imaginar: vida
abundante (Jua_10:10), vida bendecida (Efe_1:3), vida plena (Efe_1:22-23),
vida victoriosa (Rom_8:31-39), vida próspera en todos los ámbitos de la
vida para que nos vaya bien en todo (3Jn_1:2) y vida en aumento (Pro_4:18),
y al partir de la vida terrenal, una vida eterna con Cristo donde no habrá ni
más lágrimas, ni más tristezas, ni más dolor, ni más pecado, ni más corrupción,
ni problemas, ni adversidades, ni malas decisiones, ni fracasos, etc. (Apo_21:1-4).
Todo
lo que ha sucedido en nuestras vidas ha sido una bendición de la gracia de Dios
para con nosotros: nuestra vida familiar, nuestro lugar de habitación, nuestras
circunstancias de vida, nuestras experiencias de aprendizaje, nuestros
problemas, etc., Todo ello nos ha llevado a ser las personas que somos hoy,
imperfectas, pero en proceso de perfeccionamiento continuo en el Señor, de tal
manera que, en realidad, y en última instancia, deberíamos estar agradecidos
por todo lo que Dios ha permitido que nos ha acercado a Él, y por todo lo que Dios
no ha permitido que nos hubiera alejado de Él.
La
Palabra, en Jua_3:27, nos enseña que nada le es dado al hombre que no le
haya sido dado del cielo. También en Stg_1:17 nos enseña que toda buena
dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces en Quién
no hay mudanza ni sombra de variación. Y también en Efe_2:8-10 la Palabra nos
enseña que por Gracia somos salvos por medio de la fe, y todo ello es un don de
Dios para que nadie se jacte en Su presencia, además de que somos hechura suya
creados en Cristo Jesús para buenas obras las que Él preparó de antemano (y nos
preparó a cada uno de nosotros) para que anduviéramos en ellas.
¿Qué
significa todo ello? Que son más las cosas por las cuales estar agradecidos en
nuestra vida que quejosos: tenemos una familia que nos guarda, nos acoge, nos
ama, nos cuida, tenemos un techo y suficiente ropa para estar abrigados frente
a las inclemencias del tiempo, tenemos alimento para nosotros y nuestra
familia, nuestro cuerpo está funcionando bien, aunque pudieran haber algunos
inconvenientes temporales, pero en Cristo sabemos que por Sus llagas hemos sido
curados, tenemos un trabajo e ingresos para cubrir nuestras necesidades, vemos,
escuchamos, respiramos, nuestro corazón late, y todo ello, no por nosotros,
sino por la misericordia de Dios, además de otras muchas cosas por las cuales
podemos estar agradecidos.
La
Palabra nos enseña que una forma de vivir la vida con gozo, con optimismo, con
esperanza, con fe, es en primer lugar, recordarnos de todos Sus beneficios (Sal_103:1-2)
que, si una vez Dios nos los ha dado, nos los volverá a dar porque Él no cambia
(Mal_3:6, Heb_13:8). En segundo lugar, no es solo recordar sino
agradecer por lo que Él ha hecho en el pasado, está haciendo en el presente y
hará en el futuro (1Ts_5:18, Sal_100:4). Todo ello nos ayuda a pensar en
todo lo bueno, lo agradable, lo de buen nombre, las bendiciones del Señor,
etc., fortaleciendo nuestra fe y esperanza en lo que Dios hará y nos aleja de
la queja, de la duda, del negativismo, de la incredulidad, del pesimismo.
Detengámonos
un momento, alejemos nuestros pensamientos de lo cotidiano, lo urgente, y dediquémonos
a pensar en todo lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas y está haciendo,
desde las cosas más pequeñas como respirar y que nuestro corazón lata, hasta
los hechos milagrosos y portentosos que hemos experimentado en nuestras vidas,
y después, demos gracia al Señor y alabémoslo por Su Amor, Misericordia, Gracia
y Favor para con nosotros, y hagamos de ello una constante, y nuestras vidas, o
esos momentos de tristeza y emociones negativas serán transformados en gozo,
alegría, fe, optimismo, esperanza, y nuestra perspectiva de cada día cambiará,
porque Él cambia nuestro lamento en danza, nuestra tristeza en alegría,
nuestras lágrimas en risa, nuestro duelo en alegría, etc. (Isa_61:1-3).
Aprovechemos
cada día, y cada instante, para dar gracias por todo lo que recibimos de
nuestro Padre Celestial, con gozo y en comunión constante con Él y nuestros
días serán días de alegría y de victoria aún en medio de circunstancias difíciles
(1Ts_5:16-18, Rom_8:28-29).