MERECIMIENTOS
O GRACIA.
Hoy quiero compartir
con ustedes algo que deriva de mi testimonio de vida en Cristo, de mi
experiencia en mi caminar con Él a lo largo de muchísimos años, como todos los Alientos
del cielo para cada día” que hemos estado compartiendo, aunque en ellos no lo
mencione expresamente. Todos ellos son el resultado de mi experiencia vivida,
no de teoría o de información, sino de realidades que he experimentado
realmente siguiendo, aunque sea imperfectamente y con equivocaciones, al Señor
mediante la obediencia a Su Palabra y a la dirección del Espíritu Santo que han
sido luz y lámpara creciente para mi (Sal_119:105, Rom_8:14), y que aún
cuando no hable expresamente de mí, implícitamente todos se refieren a mi y a
lo que he vivido. Pero que también estoy seguro de ello, porque lo he escuchado
y visto de otros hermanos en la fe, es la experiencia común de cuantos hemos
llegado a creer de corazón en Cristo como el Hijo de Dios, muerto en la Cruz
por nuestros pecados, y resucitado para la gloria de Dios Padre por Quién
tenemos entrada a una forma de vida totalmente diferente cuyo destino final es
la Eternidad con Él. Después de esta introducción entremos entonces en la
materia de este aliento.
Todo lo que
nosotros llamamos “méritos”, o “logros” propios, en última instancia dependen
de la familia en la que nacimos, del lugar donde nacimos, de las circunstancias
que nos han rodeado desde nuestro nacimiento hasta esta fecha que han
determinado las oportunidades que hemos tenido. Si somos totalmente honestos y
llegamos al fondo del asunto nos daremos cuenta que todo lo que somos, tenemos y
podemos ha dependido de las circunstancias en las que hemos vivido, que no las
hemos determinado nosotros. Quién las ha determinado ha sido Dios.
Y si ello no
nos convence, comencemos por el principio. Cuando nuestros padres biológicos
nos concibieron, la posibilidad de que fuéramos nosotros los que naciéramos era
de por lo menos 1 en 3 millones (la cantidad de espermatozoides que emitió
nuestro padre biológico para fecundar el ovulo materno), pero fuimos cada uno
de nosotros los que fuimos concebidos por un proceso que la ciencia no ha
podido descubrir, y posiblemente no lo descubrirá porque es sobrenatural. La
Palabra de Dios nos enseña que cuando estábamos siendo concebidos en el vientre
de nuestra madre, el Señor estaba allí viendo que fuera hecho todo lo que Él
había determinado desde antes de la fundación del mundo: que fuéramos nosotros
los que naciéramos (Sal_139:13-16, Rom_8:29).
El lugar y el
tiempo de nuestro nacimiento también Él lo determinó (Hch_17:26-28)
junto con las circunstancias que rodearían nuestra vida, para que todo ello nos
encaminara a buscarlo y encontrarlo. Y también, de acuerdo a lo que nos enseña Sal_139:13-16,
Él determinó en semilla, las habilidades, capacidades, talentos, etc., que
luego se desarrollarían impulsadas por nuestras circunstancias de vida, para
que pudiéramos llevar adelante las obras que Él preparó de antemano para que
anduviéramos en ellas (Efe_2:10). Y aún nuestras oposiciones a todo ello
Él las sabía de antemano y previó las circunstancias para que, voluntariamente,
decidiéramos superarlas (Fil_2:13). Y todo ello, para que viviéramos en
su buena voluntad, agradable y perfecta para nosotros.
Si pareciera
que no estamos viviendo en Su buena voluntad el día de hoy, no es por culpa de
Dios, es por nuestra resistencia a buscarlo, a encontrarlo, a vivir alineados a
lo que Él planeo para nosotros, como Dios le dice a Pablo en su encuentro
camino a Damasco: “dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hch_9:5,
Hch_26:14). Y lo primero que se ha opuesto al cumplimiento de ella es que
no lo hemos decidido (Deu_30:19-20).
Todos hemos
recibido por gracia una semilla de eternidad en nuestros corazones (Ecl_3:11)
desde nuestra concepción que también fue obra y rodeada de Su gracia, que ha
estado allí tratando de dirigirnos hacia Dios, y muchas veces nos hemos
resistido a ello (la conciencia, la ley escrita en nuestros corazones, las
maravillas que Dios ha hecho en Su creación a nuestro alrededor) y nosotros nos
hemos resistido a ello (Rom_1:18-23). De tal manera que si no estamos
viviendo en Su buena voluntad, agradable y perfecta, no es culpa ni
responsabilidad de Dios, sino de nuestra escogencia equivocada que hoy la
podemos revertir reconociendo nuestra necesidad de Él y Su Señorío, mediante
una oración sincera que salga de lo profundo de nuestro corazón (Rom_10:8-10).
Después de ello, lo sobrenatural de Él se comenzará a manifestar en nuestras
vidas haciendo de nuevo todo lo que estuvo mal en nuestra vida antes de escogerlo
a Él (2Co_5:17).
Y después de
ello, Él, por Su Palabra y por Su Espíritu no enseñará a dar los pasos
necesarios para vivir en Sus planes (Su voluntad) para nosotros, planes de bien
para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (eternidad), llevando nuestra
vida en aumento cada día (Fil_1:6, Pro_4:18), avanzando hacia una vida
cada vez más abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3),
victoriosa (Rom_8:31-39) en la que todo nos vaya saliendo bien (3Jn_1:2).
Y todo ello
por gracia, solamente por gracia como bien lo reconoció Pablo en 1Co_15:10:
por gracia somos lo que somos y hacemos lo que hacemos. Si no le hemos dado
enteramente nuestra vida al Señor, hoy es el tiempo de hacerlo, pero si ya se la
hemos entregado, hoy es el día de tomar nuevas fuerzas y seguir avanzando, con
ánimo, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, para
alcanzar esas metas que son parte del supremo llamamiento de Dios en Cristo (Fil_3:12-14).
No que lo
merezcamos, no que tengamos que hacer méritos para alcanzarlo, porque toda
nuestra vida, aún cuando no éramos salvos, ha sido por Su gracia preparándonos
para este tiempo (Est_4:14) y para los tiempos por venir, que aunque el
mundo vaya para peor, para los que estamos en el Señor y permanecemos en Él, vienen
para mejor.
Y si todo es
por gracia, lo primero que necesitamos para seguir adelante es agradecimiento
(que se deriva de la palabra “gracia”) y dejar atrás la queja que nos envenena,
nos negativiza, produce en nosotros incredulidad, duda y desesperanza.
Hoy es un buen
día ya sea para comenzar a caminar en la nueva vida en Cristo, o para
fortalecer nuestra decisión de seguir caminando en Él hacia el destino
maravilloso que Él tiene para cada uno de nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario