jueves, 26 de marzo de 2026

Merecimientos o gracia.

 

MERECIMIENTOS O GRACIA.

 

Hoy quiero compartir con ustedes algo que deriva de mi testimonio de vida en Cristo, de mi experiencia en mi caminar con Él a lo largo de muchísimos años, como todos los Alientos del cielo para cada día” que hemos estado compartiendo, aunque en ellos no lo mencione expresamente. Todos ellos son el resultado de mi experiencia vivida, no de teoría o de información, sino de realidades que he experimentado realmente siguiendo, aunque sea imperfectamente y con equivocaciones, al Señor mediante la obediencia a Su Palabra y a la dirección del Espíritu Santo que han sido luz y lámpara creciente para mi (Sal_119:105, Rom_8:14), y que aún cuando no hable expresamente de mí, implícitamente todos se refieren a mi y a lo que he vivido. Pero que también estoy seguro de ello, porque lo he escuchado y visto de otros hermanos en la fe, es la experiencia común de cuantos hemos llegado a creer de corazón en Cristo como el Hijo de Dios, muerto en la Cruz por nuestros pecados, y resucitado para la gloria de Dios Padre por Quién tenemos entrada a una forma de vida totalmente diferente cuyo destino final es la Eternidad con Él. Después de esta introducción entremos entonces en la materia de este aliento.

 

Todo lo que nosotros llamamos “méritos”, o “logros” propios, en última instancia dependen de la familia en la que nacimos, del lugar donde nacimos, de las circunstancias que nos han rodeado desde nuestro nacimiento hasta esta fecha que han determinado las oportunidades que hemos tenido. Si somos totalmente honestos y llegamos al fondo del asunto nos daremos cuenta que todo lo que somos, tenemos y podemos ha dependido de las circunstancias en las que hemos vivido, que no las hemos determinado nosotros. Quién las ha determinado ha sido Dios.

 

Y si ello no nos convence, comencemos por el principio. Cuando nuestros padres biológicos nos concibieron, la posibilidad de que fuéramos nosotros los que naciéramos era de por lo menos 1 en 3 millones (la cantidad de espermatozoides que emitió nuestro padre biológico para fecundar el ovulo materno), pero fuimos cada uno de nosotros los que fuimos concebidos por un proceso que la ciencia no ha podido descubrir, y posiblemente no lo descubrirá porque es sobrenatural. La Palabra de Dios nos enseña que cuando estábamos siendo concebidos en el vientre de nuestra madre, el Señor estaba allí viendo que fuera hecho todo lo que Él había determinado desde antes de la fundación del mundo: que fuéramos nosotros los que naciéramos (Sal_139:13-16, Rom_8:29).

 

El lugar y el tiempo de nuestro nacimiento también Él lo determinó (Hch_17:26-28) junto con las circunstancias que rodearían nuestra vida, para que todo ello nos encaminara a buscarlo y encontrarlo. Y también, de acuerdo a lo que nos enseña Sal_139:13-16, Él determinó en semilla, las habilidades, capacidades, talentos, etc., que luego se desarrollarían impulsadas por nuestras circunstancias de vida, para que pudiéramos llevar adelante las obras que Él preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efe_2:10). Y aún nuestras oposiciones a todo ello Él las sabía de antemano y previó las circunstancias para que, voluntariamente, decidiéramos superarlas (Fil_2:13). Y todo ello, para que viviéramos en su buena voluntad, agradable y perfecta para nosotros.

 

Si pareciera que no estamos viviendo en Su buena voluntad el día de hoy, no es por culpa de Dios, es por nuestra resistencia a buscarlo, a encontrarlo, a vivir alineados a lo que Él planeo para nosotros, como Dios le dice a Pablo en su encuentro camino a Damasco: “dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hch_9:5, Hch_26:14). Y lo primero que se ha opuesto al cumplimiento de ella es que no lo hemos decidido (Deu_30:19-20).

 

Todos hemos recibido por gracia una semilla de eternidad en nuestros corazones (Ecl_3:11) desde nuestra concepción que también fue obra y rodeada de Su gracia, que ha estado allí tratando de dirigirnos hacia Dios, y muchas veces nos hemos resistido a ello (la conciencia, la ley escrita en nuestros corazones, las maravillas que Dios ha hecho en Su creación a nuestro alrededor) y nosotros nos hemos resistido a ello (Rom_1:18-23). De tal manera que si no estamos viviendo en Su buena voluntad, agradable y perfecta, no es culpa ni responsabilidad de Dios, sino de nuestra escogencia equivocada que hoy la podemos revertir reconociendo nuestra necesidad de Él y Su Señorío, mediante una oración sincera que salga de lo profundo de nuestro corazón (Rom_10:8-10). Después de ello, lo sobrenatural de Él se comenzará a manifestar en nuestras vidas haciendo de nuevo todo lo que estuvo mal en nuestra vida antes de escogerlo a Él (2Co_5:17).

 

Y después de ello, Él, por Su Palabra y por Su Espíritu no enseñará a dar los pasos necesarios para vivir en Sus planes (Su voluntad) para nosotros, planes de bien para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (eternidad), llevando nuestra vida en aumento cada día (Fil_1:6, Pro_4:18), avanzando hacia una vida cada vez más abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-39) en la que todo nos vaya saliendo bien (3Jn_1:2).

 

Y todo ello por gracia, solamente por gracia como bien lo reconoció Pablo en 1Co_15:10: por gracia somos lo que somos y hacemos lo que hacemos. Si no le hemos dado enteramente nuestra vida al Señor, hoy es el tiempo de hacerlo, pero si ya se la hemos entregado, hoy es el día de tomar nuevas fuerzas y seguir avanzando, con ánimo, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, para alcanzar esas metas que son parte del supremo llamamiento de Dios en Cristo (Fil_3:12-14).

 

No que lo merezcamos, no que tengamos que hacer méritos para alcanzarlo, porque toda nuestra vida, aún cuando no éramos salvos, ha sido por Su gracia preparándonos para este tiempo (Est_4:14) y para los tiempos por venir, que aunque el mundo vaya para peor, para los que estamos en el Señor y permanecemos en Él, vienen para mejor.

 

Y si todo es por gracia, lo primero que necesitamos para seguir adelante es agradecimiento (que se deriva de la palabra “gracia”) y dejar atrás la queja que nos envenena, nos negativiza, produce en nosotros incredulidad, duda y desesperanza.

 

Hoy es un buen día ya sea para comenzar a caminar en la nueva vida en Cristo, o para fortalecer nuestra decisión de seguir caminando en Él hacia el destino maravilloso que Él tiene para cada uno de nosotros.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario