miércoles, 4 de marzo de 2026

Días de liberación.

 

DIAS DE LIBERACIÓN.

 

Cuando la Palabra nos habla de liberación no necesariamente se refiere a liberación de posesión demoníaca, aunque la incluye. Se refiere principalmente a liberación de cargas, opresión, sentimientos y emociones negativas, a todo aquello que nos pueda estar privando de una vida en plenitud, abundancia, gozo, libertad, etc.

 

La Palabra nos enseña también que Dios quiere liberarnos, porque Él es el Dios de la Libertad, y Él envió a Su Hijo al mundo para que nosotros pudiéramos ser libres de toda carga, opresión, dolor, ansiedad, temor, angustia, depresión, frustración, decepción, y en fin toda emoción negativa que nos ataque y/o agobie.

 

Dios no ha cambiado, Él sigue siendo el mismo hoy que fue ayer y que será mañana (Mal_3:6, Heb_13:8). El que desea que cada uno de nosotros tenga vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-39), en aumento (Pro_4:18), en prosperidad en todas las áreas de la vida para que nos vaya bien en todo (3Jn_1:2).

 

Para alcanzar todo ello, lo primero que necesitamos es arrepentirnos de nuestros pecados, de vivir una vida sin tomar en cuenta la voluntad de Dios para nosotros que es buena, agradable y perfecta (Rom_12:2, Mat_7:21) y poner nuestras vidas en sus manos reconociendo Su Señorío sobre ellas (Rom_10:8-10). No necesitamos nada más que un corazón dispuesto e inclinado a Él. No necesitamos hacer cambios de conducta antes de ello. Si son necesarios esos cambios será Dios quién los haga desde nuestro corazón, no nosotros (2Co_3:18, Fil_1:6).

 

Mat-11:27-30 nos lo enseña con absoluta claridad: lo primero que necesitamos para ser liberados de todo lo que nos carga, agobia, nos roba la vida que Dios quiere que tengamos, es venir a Él y compartir el yugo con Él para que hallemos descanso para nuestras almas. El yugo no es algo que pese, sino más bien el instrumento por el cual compartiremos la carga de nuestras vidas y seremos ayudados, fortalecidos y dirigidos por Él. Un yugo, es un aparato que se usa para unir a dos bueyes (uno experto y otro en entrenamiento) para que juntos halen de una carreta o un arado, dirigiendo y entrenando el buey experto al otro. Y eso es figura de lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas por medio del Espíritu Santo cuando venimos a Cristo. A partir de ese momento tendremos un Entrenador, Ayudador, Consolador, Apoyo, Protector, Director, que nos ayudará a vivir la vida que Dios en Cristo pagó en la Cruz para cada uno de nosotros, liberándonos de las cargas que nos agobian y oprimen, porque la liberación es el pan de los hijos de Dios (Mat-15:22-26), una liberación que va siendo constante y gradual en la medida en la que nos acostumbramos al yugo que nos alivia, nos libera, nos apoya, nos dirige.

 

Para ello vamos a ser introducidos por el Señor en la escuela de la mansedumbre (dominio propio, obediencia) y la humildad (dejar nuestro egocentrismo, Jua_3:30) entendiendo que lo que Dios quiere para nosotros es mejor, mucho mejor, de lo que nosotros podemos desear o alcanzar.

 

Cuando venimos al Señor Jesucristo para poner nuestras vidas en Sus manos reconociendo Su Señorío, somos hechos hijos de Dios (Jua_1:12, Rom_8:15-17), y Dios como Padre Bueno y perfecto, por Su Espíritu Santo en nosotros (1Co_6:19) nos formará, dirigirá, ayudará, entrenará, corregirá, etc., además de sanar, liberar y restaurar nuestro corazón (Luc_4:18-19) para que podamos vivir en la plenitud de la vida de hijos, además de que tendremos, como hijos, libre acceso al Trono de la Gracia de Dios para encontrar misericordia y gracia para el oportuno socorro, y dentro de ello, de las cargas que nos agobian y que nos roban la vida plena, abundante, en libertad y gozo que Dios quiere para cada uno de Sus hijos.

 

Otro beneficio de los hijos de Dios es que, por Su Espíritu Santo, seremos impulsados a conocer Su Palabra, que nos hará libres de todo lo que nos impida ir creciendo en esa clase de vida que Dios quiere para nosotros (Jua_8:31-32), y seremos llenos de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y templanza que es el fruto del Espíritu Santo en nosotros (Gal_5:22-23) y que son todas cualidades del carácter que necesitamos para una vida plena y bendecida. 

 

La vida en Cristo es una vida de constante libertad de cargas de opresión, obstáculos, aflicciones, etc., porque al estar en Cristo e ir conociendo Su Palabra seremos libertados y al que el Hijo de Dios libertare será verdaderamente libre (Jua_8:36) porque Cristo no solo vino al mundo para que tuviéramos perdón de pecados y vida eterna sino también para deshacer todas las obras del diablo (1Jn_3:8) porque mayor es Él que está en nosotros, que el que está en el mundo (1Jn_4:4), liberándonos de toda emoción negativa que no viene de Dios sino del diablo, consecuencia de vivir en la desobediencia a Dios y a su Palabra.

 

De tal manera que si venimos al Señor con nuestras cargas, opresiones, emociones negativas, etc., encontraremos libertad en Él y ninguna opresión, carga, frustración o emoción negativa nos podrá vencer aunque eventualmente traten de atacarnos. Si estamos en el Señor seremos más que vencedores en todas las cosas (Rom_8:28-39) y todas ellas obrarán, en lugar de en nuestra contra, a favor, para ir creciendo en el Señor, en la vida en Él, y por lo tanto, en la abundancia, plenitud, prosperidad, victoria, libertad, etc., que Él nos promete en Su Palabra y Él no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse, y si Él lo ha dicho, Él lo hará (Num_23:19).

 

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