lunes, 30 de marzo de 2026

El amor que mueve el universo.

 

 

EL AMOR QUE MUEVE EL UNIVERSO.

 

Cada evento en el mundo y en nuestro propia vida es el resultado de una cadena incontable de tiempo, de eventos y de lugares geográficos que vienen desde la creación del mundo (Hch_17:26-28).

 

Cada evento que sucede en el mundo, nuestra propia vida y en nuestra cotidianidad es el resultado de incontables eventos, interacciones, confluencias, encuentros, relaciones, etc., que no son una casualidad sino un ordenamiento divino que los determinó, ordenó y realizó cada uno en su tiempo para llegar al resultado que vemos hoy.

 

Pongamos por ejemplo nuestra vida: somos el resultado de la vida de nuestros dos padres, que son el resultado de la vida de nuestros 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, 32 de ellos y así sucesivamente, y además del diseño de cada uno de nuestros días (Sal_139:13-16).

 

De tal manera que ninguno de nosotros es el resultado del azar, del descuido, de una falta de plan, etc. Quizá desde la perspectiva de lo terrenal podría ser así, pero nunca desde la perspectiva eterna.

Dios nos conoció desde antes de la fundación del mundo (Rom_8:30), somos el resultado de un plan y propósito perfectamente estructurado y ejecutado por nuestro Dios y Padre para que lo vivamos y lo cumplamos (Jer_29:11, Sal_138:8).

 

Todas las cosas deben trabajar juntas con absoluta precisión para que cualquier evento específico suceda como lo hace (Rom_8:28-29) y para que Dios responda cualquiera de nuestras oraciones junto con las oraciones de una infinidad de personas más que oran al mismo tiempo que nosotros y por cuestiones diversas, inclusive las más pequeñas. Él dirige las cosas, mueve y coordina todos los eventos del tiempo, el espacio, la geografía, las demás personas y condiciones necesarias con una perfección, sabiduría y exactitud asombrosas (Omnipotencia, Omnisciencia, Omnipresencia, Justicia, Amor, Santidad, Paciencia, etc.).

 

Él mueve el universo por cada uno de nosotros (Heb_1:3), por usted y por mí, y todo ello por el maravilloso hecho de que Él nos ama con amor eterno (Jer_31:3) y quiere lo mejor para nosotros en todo tiempo (Pro_4:18, Fil_1:6), porque así es como Dios nos ama, con un amor mayor que el tiempo y el espació (Rom_8:38-39) del que nada ni nadie nos puede separar y que se manifestó cuando Él  envió a Cristo al mundo a morir por nuestros pecados para que tuviéramos, salvación y vida eterna (Jua_3:16-17). 

 

¿Estamos viviendo en el reconocimiento de ese amor maravilloso, infinito, extraordinario, o no lo estamos perdiendo? ¿O estamos pensando que es por nosotros, por nuestros méritos y merecimientos que estamos viviendo lo bueno que hemos vivido en el pasado, estamos viviendo hoy y viviremos en el pasado?

 

 

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