EL AMOR QUE MUEVE EL UNIVERSO.
Cada
evento en el mundo y en nuestro propia vida es el resultado de una cadena
incontable de tiempo, de eventos y de lugares geográficos que vienen desde la
creación del mundo (Hch_17:26-28).
Cada
evento que sucede en el mundo, nuestra propia vida y en nuestra cotidianidad es
el resultado de incontables eventos, interacciones, confluencias, encuentros,
relaciones, etc., que no son una casualidad sino un ordenamiento divino que los
determinó, ordenó y realizó cada uno en su tiempo para llegar al resultado que
vemos hoy.
Pongamos
por ejemplo nuestra vida: somos el resultado de la vida de nuestros dos padres,
que son el resultado de la vida de nuestros 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16
tatarabuelos, 32 de ellos y así sucesivamente, y además del diseño de cada uno
de nuestros días (Sal_139:13-16).
De
tal manera que ninguno de nosotros es el resultado del azar, del descuido, de
una falta de plan, etc. Quizá desde la perspectiva de lo terrenal podría ser
así, pero nunca desde la perspectiva eterna.
Dios
nos conoció desde antes de la fundación del mundo (Rom_8:30), somos el
resultado de un plan y propósito perfectamente estructurado y ejecutado por
nuestro Dios y Padre para que lo vivamos y lo cumplamos (Jer_29:11,
Sal_138:8).
Todas las cosas deben trabajar juntas con absoluta
precisión para que cualquier evento específico suceda como lo hace (Rom_8:28-29)
y para que Dios responda cualquiera de nuestras oraciones junto con las
oraciones de una infinidad de personas más que oran al mismo tiempo que
nosotros y por cuestiones diversas, inclusive las más pequeñas. Él dirige las
cosas, mueve y coordina todos los eventos del tiempo, el espacio, la geografía,
las demás personas y condiciones necesarias con una perfección, sabiduría y exactitud
asombrosas (Omnipotencia, Omnisciencia, Omnipresencia, Justicia, Amor,
Santidad, Paciencia, etc.).
Él mueve el universo por cada uno de
nosotros (Heb_1:3), por usted y por mí, y todo ello por el maravilloso
hecho de que Él nos ama con amor eterno (Jer_31:3) y quiere lo mejor
para nosotros en todo tiempo (Pro_4:18, Fil_1:6), porque así es como
Dios nos ama, con un amor mayor que el tiempo y el espació (Rom_8:38-39)
del que nada ni nadie nos puede separar y que se manifestó cuando Él envió a Cristo al mundo a morir por nuestros
pecados para que tuviéramos, salvación y vida eterna (Jua_3:16-17).
¿Estamos
viviendo en el reconocimiento de ese amor maravilloso, infinito,
extraordinario, o no lo estamos perdiendo? ¿O estamos pensando que es por
nosotros, por nuestros méritos y merecimientos que estamos viviendo lo bueno
que hemos vivido en el pasado, estamos viviendo hoy y viviremos en el pasado?
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