UN
DÍA PARA
SERVIR.
La Palabra de Dios nos enseña que Dios
no solo nos llamó para ser salvos y sus hijos (Jua_1:12), sin también para que
le sirviéramos (Isa_41:9). Dios nos llamó de tierras lejanas (pecado,
apartados de la ciudadanía de los santos, estando perdidos) y nos llamó para
ser Sus hijos-siervos.
Y ello no es solo para super
especiales, sino para todos Sus hijos. Isaías, después de ser limpio (salvo) fue
llamado para servirle (Isa_6:5-8). La suegra de Pedro, una vez que fue
sanada, le servía (Mat_8:14-15). El que quiera ser mayor, no en jerarquía
sino en crecimiento, madurez y plenitud en Cristo necesita servirle a Él
sirviendo a los demás (Mat_10:42-45, Fil_2.3-49).
El
Señor, cuando somos salvos,
nos da dones (1Co_12:3-6), para provecho de los demás (1Co_12:7,
1Pe_4:10) y les da dones a los demás para provecho nuestro
de tal manera que nos sirvamos los unos a los otros, y nadie sea superior a los
demás (1Co_12:12-25). Todos somos necesarios, todos somos operativos y
funcionales (1Co_12:21-23) y todos tenemos dones diferentes para
complementarnos unos con otros (1Co_12:14-17), de tal manera que en el Cuerpo
de Cristo ninguno está demás, ninguno sobra, ninguno deber ser inoperante, solo
receptor, sino que todos además de recibir necesitamos dar, porque dando es como
recibiremos (Luc_6:37-38).
En 2Co_5:17-18 el
Señor nos enseña que somos ministros de la reconciliación, de un Nuevo Pacto (2Co_3:8), linaje
escogido, real sacerdocio, nación santa,
pueblo escogido por Dios para anunciar Sus Virtudes (1Pe_2:9). Y todo ello no
porque seamos competentes por nosotros mismos, sino que nuestra competencia
proviene de Dios que no solo nos llamó para ser Sus hijos-siervos, sino que
también nos equipa y perfecciona todo el tiempo para que lo podamos hacer para
Su Gloria (Fil_1:6, Efe_4:11-13).
Todos
somos Sus llamados a servirle, aunque no todos lo vamos a servir de la misma
manera. Él nos da diferentes dones para que sirvamos en diferentes áreas, y
además toma nuestras especificidades y las potencializa para que lo hagamos de formas
diferentes, pero todos con el mismo objetivo: servir a las necesidades de los
demás (Fil_2:4), unos con obras de misericordia (Mat_25:35-40),
otros ministrando a los demás para sanidad,
restauración, liberación
(Luc_4:18), otros testificando con nuestra
forma de vida (Hch_1:8, Jua_13:35, Mat_6:14-16) y contando lo que Dios
ha hecho en nuestra vida (Mar_5:18-20), otros evangelizando a quienes no
conocen al Señor (Mar_16:15-18),
otros discipulando a otros para que crezcan en la fe (Mat_28:18-20) y de
otras muchas formas.
Hoy, entonces,
como cada uno de los días de nuestra vida, son días para servir a Dios
sirviendo a los demás. No desperdiciemos las oportunidades que Dios nos da cada
día para ello: cada persona con la que nos cruzamos y/o relacionamos es la
oportunidad que Dios nos da de que las sirvamos, ya sea de las formas como mencionamos
anteriormente, o bien con nuestro aliento, consolación, exhortación,
edificación, ánimo, etc. (1Co_14:3, Gal_6.1-2).
Que seamos
conocidos no por ser pasivos ni servidos, sino por ser servidores y dadores
activos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario