DIAS DE RESTAURACIÓN.
Cada día que vivimos, para Dios, es un día
para nuestra restauración en algún punto de nuestra vida pero principalmente de
nuestro corazón (Luc_4:18, Fil_1:6, Joe_2:25) porque Él es un Dios de
restauración.
Dios quiere restaurar prioritariamente
nuestro corazón porque de él, si está sano, emana la vida (Pro_4:23). Un
corazón que no está sano lo que provoca es nuestra ruina. En nuestra vieja
manera de vivir, como no guardábamos nuestro corazón, de él manaba la muerte y
por ello nosotros estábamos muertos en delitos y pecados (Efe_2:1). Pero
ahora Dios nos ha dado nueva vida y con ello ha empezado el proceso de la
restauración de nuestro corazón, que implica sanar toda amargura (emociones
negativas) resultado de ofensas y experiencias destructivas en nuestra vida
antes de Cristo, destruir todo patrón de conducta pecaminoso (fortalezas,
argumentos y altiveces, 2Co_10:4-5) que nos impiden conocer de una mejor
manera a Dios y a Cristo y llevar todo pensamiento a la obediencia a Cristo que
es nuestra liberación (Jua_8:31-32).
Él quiere liberarnos de todo aquello que
pueda impedir el cumplimiento de Sus planes de bien para darnos un futuro y una
esperanza (Jer_29:11) y llevar nuestra vida cada día en aumento (Pro_4:18),
porque como un Padre amoroso Él desea que vivamos la vida abundante (Jua_10:10),
plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), próspera (3Jn_1:2)
y en victoria (Rom_8:31-39) que Cristo compró con su muerte y el
derramamiento de Su Sangre en la Cruz para nosotros.
Y todo comienza en la restauración de nuestro
corazón para después restaurar todas las demás áreas de nuestra vida a Su
plenitud, Su bendición, Su Gozo, Su Libertad, etc. (Joe_2:25-27, Jer_15:19,
Job_33:26).
En Dios la restauración y la restitución van
de la mano. La palabra que se traduce al español como restauración significa:
afirmación, aquietar, arreglar, descansar, estar firme, levantar, estar de pie, prevalecer, reedificar,
restituir, sostener, compensar, conformar, devolver, recobrar, recompensar,
recuperar, regresar, reposo, resarcir, rescatar, restablecer. Y la Palabra que se traduce restitución (en
hebreo: "shalam", como "shalóm"): significa ser
verdaderamente humano, estar seguros (en espíritu, alma, mente), estar completos,
pagar el daño, hacer paz (con Dios, con el prójimo, con nosotros), próspero
(integralmente), recompensar, resarcir, retribuir.
Como podemos ver por el significado de las
palabras restauración y restitución en el idioma bíblico original, significan
una trasformación total de todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo), un
regreso al diseño original de Dios (imagen y semejanza de Él, Gen_1:26-27)
de vida plena y eterna (Gen_1:28), ser verdaderamente humanos en el
total significado que ello implicaba en nuestra creación original como seres
humanos.
Y ello es un proceso que inicia en nuestras vidas
en el momento en el cual le entregamos a Cristo Jesús nuestras vidas (de
verdad, de corazón, no de labios) para que el sea nuestro Señor además de
Salvador (Rom_10:8-10), en el momento en el que, por creer en Cristo,
somos adoptados hijos de Dios (Jua_1:12) y Dios, como nuestro Padre
perfecto, toma control de nuestras vidas y nos dirige por Su Palabra y Su
Espíritu Santo a esa restauración y restitución (Dios primero restaura y luego
restituye, primero sana y después llena). Y ese proceso sigue con la ayuda del
Espíritu Santo todos los días de nuestra vida (Fil_1:6) hasta que
lleguemos a la Presencia del Señor cuando partamos de este mundo terrenal. Y
para ello, nuestro Padre ha hecho morar al Espíritu Santo en nosotros, nos ha
hecho Su Templo por la regeneración de nuestra vieja naturaleza transformándola
a la naturaleza divina que nunca debimos perder (1Co_6:19, Hch_1:8,
Jua_7:37-39).
El proceso de restauración y restitución se lleva
a cabo, cuando con el poder, la dirección, la ayuda y la obra del Espíritu
Santo en nosotros vamos siendo transformados cada día (2Co_3:18, Fil_1:6)
mediante la renovación de nuestro entendimiento con la Palabra de Dios (Rom_12:2,
Efe_4:22-24) proceso que no es en nuestras propias fuerzas sino por el
poder del Espíritu Santo, y del cual nosotros somos colaboradores (1Co_3:9,
2Co_6:1) mediante la decisión de permitir al Espíritu Santo que nos
transforme menguando nosotros y creciendo Cristo en nosotros (Jua_3:30)
y la decisión de que como hijos obedientes, con la ayuda del Espíritu Santo,
pondremos en práctica la Palabra de Dios (1Pe_1:13-16, Jua_14:15-17).
Y aunque a veces nos pueda costar tomar la
decisión de permitir la transformación del Espíritu Santo saliendo de una
aparente zona cómoda a una zona nueva, la decisión y el proceso vale la pena
porque nos conducirá a la libertad (Jua_8:31-32), la vida y la bendición
(Deu_30:19-20) y a experimentar la buena voluntad de Dios, agradable y
perfecta (Rom_12:2).
Así que ánimo, y a vivir cada día de nuestras
vidas como días de restauración y restitución.
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