LA NOCHE Y EL DÍA.
Desde la perspectiva humana corriente, el día
conduce a la noche, pero desde la perspectiva de Dios es al revés: la noche
conduce al día (Gen_1:5).
Si el día condujera a la noche, entonces todo
pasaría de la luz a la oscuridad, de lo blanco a lo negro, de lo bueno a lo
malo. Todo se pondría oscuro, todo estaría en el proceso de oscurecerse, todo
estaría en el proceso de volverse tinieblas, y así es el camino d el mundo,
pero no es el camino de Dios.
Cuando
Dios creó el universo no fue día y noche, fue tarde (noche) y día, el período
de las 24 horas que conforman un día completo comenzó con la noche y terminó antes
de que volviera la oscuridad. Y con ello estaba significando que en Él todo
pasa de la oscuridad a la luz (Gen_1:3-5).
Hay
un principio en la Palabra (Heb_11:3) que nos enseña que lo que se ve
fue hecho de lo que no se ve, es decir, que el mundo natural es un espejo del
mundo espiritual. Y en el mundo espiritual Dios nos lleva de la oscuridad a la
luz (contrario a lo que hace el diablo, el mundo y la carne).
Cuando
reconocemos el Señorío de Cristo en nuestras vidas, nacemos de nuevo desde la
oscuridad y avanzamos hacia el día, la luz, Dios porque Dios es luz y no hay
ninguna tinieblas en Él (1Jn_1:5), y como pertenecemos a Dios ese es el orden
de nuestra vida, pasar:
De la oscuridad (del mundo,
de la carne) a la luz del Espíritu (3Co_4:6, Hch_26:18, Col_1:13).
De la debilidad a la fortaleza (2Co_12:9).
De la esclavitud a la libertad (Rom_6:17,
Jua_8:31-32).
De la desesperación a la esperanza (Isa_61:1-3).
De la culpabilidad a la inocencia (2Co_6:11).
De las lágrimas a la alegría (Isa_61:3).
De la muerte a la vida (1Jn_3:14, 2Ti_1:10).
Del
egoísmo al amor (Rom_5:5).
De
la incredulidad a la fe (Heb_10:38).
De
la carne al Espíritu (Rom_8:5-8).
De
la potestad de las tinieblas al Reino de la Luz de Cristo (Hch_26:18).
De la
tristeza a la alegría, del llanto a la risa, del luto a la fiesta, de la
angustia a la seguridad (Isa_61:1-3, Jer_31:13).
Y
cada noche que podamos experimentar en nuestra vida nos conducirá al amanecer (Sal_30:5).
Necesitamos
vivir según el orden y el proceso del tiempo establecido por Dios, de esa
manera nuestra vida se estará moviendo siempre hacia lo mejor (Fil_1:6,
Pro_4:18, 2Co_3:18), hacia los planes de Dios, nuestro Padre, que son
planes de bien para darnos un futuro terrenal y una esperanza firme (la
eternidad), planes que implican una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23),
bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-39), en lo que todo lo
que hagamos nos saldrá bien (3Jn_1:2).
La
pregunta que necesitamos hacernos es doble: por un lado, si ya estamos en el
lado de la luz o todavía estamos en el de la oscuridad. Si todavía estamos en
el lado de la oscuridad este es el tiempo en que necesitamos volvernos a la luz
mediante el reconocimiento de Cristo como el Señor de nuestras vidas (Rom_10:8-10)
y con ello iniciar ese cambio tan necesario (2Co_5:17), y si ya hicimos
ese cambio hace algún tiempo, necesitamos redoblar nuestro enfoque decisión de seguir avanzando hacia la luz, de
no detenernos, principalmente en este tiempo en que los días son malos y nos
estamos encaminando aceleradamente al fin de los tiempos (Luc_18:1)
fortaleciéndonos cada día en el Señor y en el poder de su fuerza para
permanecer firmes (Efe_6:10-13).
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