viernes, 20 de marzo de 2026

La noche y el día.

 

LA NOCHE Y EL DÍA.

 

Desde la perspectiva humana corriente, el día conduce a la noche, pero desde la perspectiva de Dios es al revés: la noche conduce al día (Gen_1:5).

 

Si el día condujera a la noche, entonces todo pasaría de la luz a la oscuridad, de lo blanco a lo negro, de lo bueno a lo malo. Todo se pondría oscuro, todo estaría en el proceso de oscurecerse, todo estaría en el proceso de volverse tinieblas, y así es el camino d el mundo, pero no es el camino de Dios.

 

Cuando Dios creó el universo no fue día y noche, fue tarde (noche) y día, el período de las 24 horas que conforman un día completo comenzó con la noche y terminó antes de que volviera la oscuridad. Y con ello estaba significando que en Él todo pasa de la oscuridad a la luz (Gen_1:3-5).

 

Hay un principio en la Palabra (Heb_11:3) que nos enseña que lo que se ve fue hecho de lo que no se ve, es decir, que el mundo natural es un espejo del mundo espiritual. Y en el mundo espiritual Dios nos lleva de la oscuridad a la luz (contrario a lo que hace el diablo, el mundo y la carne).

 

Cuando reconocemos el Señorío de Cristo en nuestras vidas, nacemos de nuevo desde la oscuridad y avanzamos hacia el día, la luz, Dios porque Dios es luz y no hay ninguna tinieblas en Él (1Jn_1:5), y como pertenecemos a Dios ese es el orden de nuestra vida, pasar:

De la oscuridad (del mundo, de la carne) a la luz del Espíritu (3Co_4:6, Hch_26:18, Col_1:13).

De la debilidad a la fortaleza (2Co_12:9).

De la esclavitud a la libertad (Rom_6:17, Jua_8:31-32).

De la desesperación a la esperanza (Isa_61:1-3).

De la culpabilidad a la inocencia (2Co_6:11).

De las lágrimas a la alegría (Isa_61:3).

De la muerte a la vida (1Jn_3:14, 2Ti_1:10).

Del egoísmo al amor (Rom_5:5).

De la incredulidad a la fe (Heb_10:38).

De la carne al Espíritu (Rom_8:5-8).

De la potestad de las tinieblas al Reino de la Luz de Cristo (Hch_26:18).

De la tristeza a la alegría, del llanto a la risa, del luto a la fiesta, de la angustia a la seguridad (Isa_61:1-3, Jer_31:13).

 

Y cada noche que podamos experimentar en nuestra vida nos conducirá al amanecer (Sal_30:5).

 

Necesitamos vivir según el orden y el proceso del tiempo establecido por Dios, de esa manera nuestra vida se estará moviendo siempre hacia lo mejor (Fil_1:6, Pro_4:18, 2Co_3:18), hacia los planes de Dios, nuestro Padre, que son planes de bien para darnos un futuro terrenal y una esperanza firme (la eternidad), planes que implican una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Rom_8:31-39), en lo que todo lo que hagamos nos saldrá bien (3Jn_1:2).

 

La pregunta que necesitamos hacernos es doble: por un lado, si ya estamos en el lado de la luz o todavía estamos en el de la oscuridad. Si todavía estamos en el lado de la oscuridad este es el tiempo en que necesitamos volvernos a la luz mediante el reconocimiento de Cristo como el Señor de nuestras vidas (Rom_10:8-10) y con ello iniciar ese cambio tan necesario (2Co_5:17), y si ya hicimos ese cambio hace algún tiempo, necesitamos redoblar nuestro enfoque  decisión de seguir avanzando hacia la luz, de no detenernos, principalmente en este tiempo en que los días son malos y nos estamos encaminando aceleradamente al fin de los tiempos (Luc_18:1) fortaleciéndonos cada día en el Señor y en el poder de su fuerza para permanecer firmes (Efe_6:10-13).

 

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