martes, 17 de febrero de 2026

Tanto que agradecer.

 

TANTO QUE AGRADECER.

 

Ninguno de nosotros decidió donde ni cuando nacer, no escogimos a nuestros padres ni el ambiente en el cual viviríamos. Sin embargo, ninguno de nosotros ni nuestras circunstancias de vida son el resultado de la casualidad sino somos el resultado de un plan que fue elaborado y determinado desde antes de la fundación del mundo (Mat_25:34, Efe_1:4).

 

Ese plan se concretó en el momento de nuestra concepción, estando Dios presente en el momento exacto y estando presente en el vientre de nuestra madre viendo que fueran formadas todas las cosas que íbamos a necesitar de acuerdo con Su plan para cada uno de nuestros días (Sal_139:13-16).

 

Nada fue dejado al azar o a la casualidad, todo fue hecho de acuerdo con Su plan maestro para nuestro bien, en primer lugar, para que le buscáramos (Hch_17:26-28) y en segundo lugar, para que pudiéramos vivir de acuerdo con sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11).

 

Puede ser que la vida que llevamos en el pasado y aún hoy no sea todo lo que hubiéramos querido, pero una cosa si es totalmente cierta, es la vida que necesitábamos para poder tener nuestro encuentro personal con Cristo y disfrutar de la eternidad con Él. Solo pensemos un momento: si nuestra vida hubiera sido todo lo ideal que hubiéramos pensado ¿abríamos tenido necesidad de un encuentro con Cristo, hubiéramos tenido necesidad de Cristo y de todas Sus bendiciones? Lo más probable es que la respuesta sea negativa. Y los planes de Dios para nosotros, de aquí en adelante son los mejores que nos podemos imaginar: vida abundante (Jua_10:10), vida bendecida (Efe_1:3), vida plena (Efe_1:22-23), vida victoriosa (Rom_8:31-39), vida próspera en todos los ámbitos de la vida para que nos vaya bien en todo (3Jn_1:2) y vida en aumento (Pro_4:18), y al partir de la vida terrenal, una vida eterna con Cristo donde no habrá ni más lágrimas, ni más tristezas, ni más dolor, ni más pecado, ni más corrupción, ni problemas, ni adversidades, ni malas decisiones, ni fracasos, etc. (Apo_21:1-4).

 

Todo lo que ha sucedido en nuestras vidas ha sido una bendición de la gracia de Dios para con nosotros: nuestra vida familiar, nuestro lugar de habitación, nuestras circunstancias de vida, nuestras experiencias de aprendizaje, nuestros problemas, etc., Todo ello nos ha llevado a ser las personas que somos hoy, imperfectas, pero en proceso de perfeccionamiento continuo en el Señor, de tal manera que, en realidad, y en última instancia, deberíamos estar agradecidos por todo lo que Dios ha permitido que nos ha acercado a Él, y por todo lo que Dios no ha permitido que nos hubiera alejado de Él.

 

La Palabra, en Jua_3:27, nos enseña que nada le es dado al hombre que no le haya sido dado del cielo. También en Stg_1:17 nos enseña que toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces en Quién no hay mudanza ni sombra de variación. Y también en Efe_2:8-10 la Palabra nos enseña que por Gracia somos salvos por medio de la fe, y todo ello es un don de Dios para que nadie se jacte en Su presencia, además de que somos hechura suya creados en Cristo Jesús para buenas obras las que Él preparó de antemano (y nos preparó a cada uno de nosotros) para que anduviéramos en ellas.

 

¿Qué significa todo ello? Que son más las cosas por las cuales estar agradecidos en nuestra vida que quejosos: tenemos una familia que nos guarda, nos acoge, nos ama, nos cuida, tenemos un techo y suficiente ropa para estar abrigados frente a las inclemencias del tiempo, tenemos alimento para nosotros y nuestra familia, nuestro cuerpo está funcionando bien, aunque pudieran haber algunos inconvenientes temporales, pero en Cristo sabemos que por Sus llagas hemos sido curados, tenemos un trabajo e ingresos para cubrir nuestras necesidades, vemos, escuchamos, respiramos, nuestro corazón late, y todo ello, no por nosotros, sino por la misericordia de Dios, además de otras muchas cosas por las cuales podemos estar agradecidos.

 

La Palabra nos enseña que una forma de vivir la vida con gozo, con optimismo, con esperanza, con fe, es en primer lugar, recordarnos de todos Sus beneficios (Sal_103:1-2) que, si una vez Dios nos los ha dado, nos los volverá a dar porque Él no cambia (Mal_3:6, Heb_13:8). En segundo lugar, no es solo recordar sino agradecer por lo que Él ha hecho en el pasado, está haciendo en el presente y hará en el futuro (1Ts_5:18, Sal_100:4). Todo ello nos ayuda a pensar en todo lo bueno, lo agradable, lo de buen nombre, las bendiciones del Señor, etc., fortaleciendo nuestra fe y esperanza en lo que Dios hará y nos aleja de la queja, de la duda, del negativismo, de la incredulidad, del pesimismo.

 

Detengámonos un momento, alejemos nuestros pensamientos de lo cotidiano, lo urgente, y dediquémonos a pensar en todo lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas y está haciendo, desde las cosas más pequeñas como respirar y que nuestro corazón lata, hasta los hechos milagrosos y portentosos que hemos experimentado en nuestras vidas, y después, demos gracia al Señor y alabémoslo por Su Amor, Misericordia, Gracia y Favor para con nosotros, y hagamos de ello una constante, y nuestras vidas, o esos momentos de tristeza y emociones negativas serán transformados en gozo, alegría, fe, optimismo, esperanza, y nuestra perspectiva de cada día cambiará, porque Él cambia nuestro lamento en danza, nuestra tristeza en alegría, nuestras lágrimas en risa, nuestro duelo en alegría, etc. (Isa_61:1-3).

 

Aprovechemos cada día, y cada instante, para dar gracias por todo lo que recibimos de nuestro Padre Celestial, con gozo y en comunión constante con Él y nuestros días serán días de alegría y de victoria aún en medio de circunstancias difíciles (1Ts_5:16-18, Rom_8:28-29).

 

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