COMO UN PADRE TRAE A SU HIJO.
Dios,
para quienes hemos reconocido el Señorío de Cristo en nuestras vidas no solo
mental sino de corazón, y estamos viviendo cada día más (aunque sea poco a
poco) en la obediencia a su Palabra, Dios es nuestro Padre (Jua_1:12,
Rom_8:15-17).
Y
los padres naturales derivan su actividad, aunque muchas veces no estén
conscientes de ello, de como Dios es como Padre porque Dios, en todos nosotros
ha puesto eternidad en nuestro corazón, y parte de ello es el ser padres (Ecl_3:11).
Un
padre, muchas veces, lleva a su hijo pequeño en brazos, cuando no ha aprendido
a caminar, cuando está demasiado cansado para seguir caminando, cuando está
enfermo o discapacitado, cuando lo sostiene para abrazarlo, etc. Y como ese
padre es para su hijo pequeño, así es Dios para Su pueblo y para Sus hijos, solo que en una forma
perfecta y sin importar nuestras edades.
Cuando los israelitas llegaron al final de su viaje
por el desierto Moisés les habló de Dios como un padre que los había llevado en brazos (Deu_1:31,
Isa_46:3-4) aunque ello nos lo hubieran percibido
físicamente, en lo espiritual así sucedió (Dios los cuidó, los sostuvo cuando
estaban cansados, etc.) durante los 40 años que estuvieron en el desierto.
Y si ello lo hace con Su pueblo, cuanto más no lo hará
con nosotros Sus hijos (Isa_40:11, Jua_10:27-29),
y no solo abrazarnos espiritualmente, sino también emocional y hasta
físicamente en algunas ocasiones. Recuerdo una oportunidad en que estando en un
retiro, el predicador estaba hablando de como Dios nos restaura cuando estamos
cansados y nos sostiene cuando estamos emocionalmente bajos, y en ese momento
le dije al Señor que necesitaba sentir Su abrazo, y aunque no lo vi
físicamente, sentí como me abrazó de una forma muy particular, como cuando yo
abrazó a mis amigos, poniéndome a sus espaldas y rodeándolos con mis brazos, y
sentí algo tan especial, sanando y restaurando mi corazón, sintiéndome amado y
especial, y llenándome de ternura.
Y
eso mismo quiere hacer Dios con cada uno de nosotros porque Él no hace acepción
de personas, y si se lo pedimos porque verdaderamente lo necesitamos y lo
anhelamos en el corazón, Él lo hará en algún momento porque Él no hace acepción
de personas (Deu_10:17, Rom_2:11).
Nuestra
vida terrenal es como un viaje por el desierto donde pasaremos por momentos en
que estaremos demasiado cansados para continuar. Será en esos momentos que Él
nos sostendrá y nos llevará en Sus brazos: enfermos, heridos, quebrantados
emocional y/o espiritualmente, cansados físicamente, agobiados con los
problemas que enfrentamos a diario, etc. Si hacemos una pausa, vamos a Él con nuestras
cargas y cansancio, Él nos hará descansar (aunque físicamente no lo sintamos,
pero Él lo hará).
Es
entonces cuando Él nos sostendrá, Su mano tomará la nuestra y nos dará nuevas
fuerzas y nos levantará (Isa_40:28-31), Sus “brazos” invisibles nos
sostendrán y nos abrazarán, y aunque no lo veamos, lo sentiremos, y nos llevará
al lugar y momento designados para nuestra recuperación, para nuestra victoria,
para salir de esas situaciones.
Y
hay otro momento en que un hombre tomará a su hijos en sus brazos: cuando su hijo haya
muerto. Y cuando nosotros cerremos nuestros ojos por última vez en esta vida
los brazos del Padre nos sostendrán una vez más y nos llevará del desierto de
este mundo a nuestra tierra prometida en la eternidad (Sal_48:14).
No hay comentarios:
Publicar un comentario