6. VIVIENDO
COMO CIUDADANOS DEL CIELO.
La Palabra
de Dios nos enseña en Fil_3:10 que los creyentes somos ciudadanos del
cielo, y en Fil_1:27 (NVI) nos exhorta a vivir como tales. Vivir
como ciudadanos del cielo implica comportarnos como es digno del Evangelio, es
decir, viviendo conforme a lo que nos enseña la Palabra de Dios, buscando
primeramente el Reino de Dios (el gobierno de Cristo en nuestras vidas) y su
justicia (poniendo en práctica la Palabra) para que todas las cosas nos sean
añadidas, estando firmes en un mismo Espíritu (es decir, siendo guiados por el
Espíritu Santo, Rom_8:14) esforzándonos en vivir por la fe (el justo vivirá por
la fe, Rom_1:17).
Todo ello
implica entonces poner nuestra mirada en las cosas eternas, no en las
temporales (los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la
vida, o lo que es lo mismo, lo que quiere la carne, el yo, el ego, la voluntad
propia, la autocomplacencia, la autogratificación, la autosatisfacción, la
autoexaltación, etc., Jua_3:30, Mat_16:24-26, 1Jn_2:15-17, Col_3:1-3),
porque nuestra vida verdadera, definitiva, esencial, no es la vida terrenal
sino la vida eterna (la que viene del cielo y en la cual viviremos por la
eternidad, siendo esta vida terrenal solo una preparación para la por venir,
donde ya no habrá más lágrimas, ni más tristeza, ni más enfermedad ni dolor, ni
pecado, ni corrupción (Apo_21:1-4).
El
cristianismo no es una religión (ritos, cultos, congregación). Es
fundamentalmente un estilo de vida que aprendemos en la Biblia (Sal_119:105)
para lo cual el Señor nos ha dado Su Espíritu Santo para que nos empodere, nos
ayude, nos enseñe, nos guíe y nos ayuda a hacer morir todo lo viejo en nosotros
para interiorizar en nuestra mente y corazón el nuevo estilo de vida (Hch_1:8,
Rom_:8:26, Jua_14:26, Jua_16:13, Rom_8:13-14, Rom_8:12, Efe_4:22-24).
Y el
resultado de ese estilo de vida es el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fe (fidelidad y obediencia), mansedumbre
(humildad), templanza (dominio propio y obediencia) (Gal_5:22-23).
No tenemos
que vivir desde el principio en la perfección de este estilo de vida pero
nuestro corazón, y todo nuestro ser necesita estar enfocado, decidido y
orientado a alcanzarlo gradualmente con la ayuda del Espíritu Santo (Fil_1:6,
Pro_4:18) para que podamos experimentar la buena voluntad de Dios (Rom_12:2),
Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) que
es una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), próspera
(3Jn_1:2), bendecida (Efe_1:3) y en victoria (Rom_8:31-39).
Todo ello
es lo mismo que nos enseña la Palabra en el Sal_23:1-6: Jehová es mi
Pastor (si oímos y obedecemos Su voz, Jua_10:27) y nada nos
faltará: provisión, descanso, reposo, dirección, protección, seguridad,
victoria, unción, gozo, misericordia, vida eterna.
Bien vale
la pena vivir de esa manera, aun cuando eventualmente podamos fracasar y tomar
malas decisiones (1Jn_1:9), pero si nuestro corazón está enfocado en
ello, si nuestro deseo es verdaderamente agradar a Dios con todo nuestro ser,
no solo lo vamos a ir logrando, sino comenzaremos a vivir las bendiciones de Su
Reino de una manera creciente cada vez.
Vivir de
esa manera, vivir en el estilo de vida del Reino, en el estilo de vida del
Evangelio, es la mejor manera de invertir nuestra vida, y no solo en beneficio
propio, sino de todas las personas que nos rodean, y al final, tendremos por la
eternidad esa vida perfecta que todos anhelamos, y la tendremos por los siglos
de los siglos (Jua_3:16-18, Apo_21:1-4).
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