martes, 4 de noviembre de 2025

Cinco prioridades de Dios para nosotros.

 Cinco prioridades de Dios para nosotros.

La Palabra de Dios, además de Sus leyes, mandamientos, preceptos y normas que necesitamos poner en práctica en nuestras vidas para vivir vidas abundantes (Jua_10:10), plenas (Efe_1:22-23), prósperas (3Jn_1:2), bendecidas (Efe_1:3) y en victoria (Rom_8:31-39) nos enseña cuestiones prioritarias de Dios, que necesitamos cuidar por sobre todas las cosas para alcanzar esos planes de bien que Dios tiene para nosotros para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y llevar nuestra vida en aumento como la luz de la aurora (Pro_4:18, Fil_1:6).

Podemos mencionar cinco de ellas, que, sin lugar a duda, son las que engloban todas las demás, haciendo hincapié en que Dios no las va a cambiar porque a nosotros no nos parezcan o nos gusten.  Son inmutables en el tiempo, para toda cultura, para toda nación y para toda persona en cualquier parte que se encuentra, y no tienen sustitutos ni atajos.  Esas prioridades son:

Obviamente, la primera necesidad que tenemos en nuestra vida es la de reconocer el Señorío de Cristo en nuestras vidas y ser salvos (Hch_17:26-28, Jua_3:16-17, Mar_16:15-16). Que le busquemos para ser salvos ya que, sin ello, cualquier otra cosa que hagamos está demás y no tendrá fruto de bendición en nuestras vidas (Jua_15:1-5). Todos los beneficios de la vida cristiana son exclusivos para los hijos de Dios, por lo que primeramente necesitamos ser hijos de Dios (Jua_1:12, Rom_8:15-17).

La segunda la encontramos en Mat_6:33. Buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, y ello consiste en buscar el constante Señorío de Cristo en nuestras vidas, que es equivalente a la obediencia a Su Palabra, conociéndola, entendiéndola, atesorándola en nuestro corazón y obedeciéndola, no de mente, no de labios para afuera, sino interiormente, de corazón (Rom_10:8-10). Y como consecuencia, todas las cosas que sean nuestra necesidad más relevante para la vida eterna y la vida terrenal nos serán dadas.

Aunque las demás podrían ser incluidas en las dos anteriores, es necesario que las explicitemos para tenerlas siempre presentes como prioridades de Dios para nosotros, siendo la tercera de ellas lo que Jesús nos indicó como el mandamiento supremo de la ley y que engloba toda la ley en Mat_22:36-40. Que le amemos con todo nuestro ser y que amemos al prójimo como a nosotros mismos. El amar al Señor con todo nuestro ser implica obedecer sus mandamientos (Jua_14:15, Jua_14:21, Jua_14:23), que al final de cuentas nos indican la aplicación práctica de sus prioridades para nuestra vida.

La cuarta de Sus prioridades para nosotros está escrita en Jua_3:30Es necesario que Él crezca en nosotros y que nosotros mengüemos. Ello es equivalente a negar la carne (Mat_16:24-24), el yo, el ego, la voluntad propia, en primer lugar, porque solo el que hace la voluntad del Padre podrá entrar en el Reino de los Cielos que es equivalente a disfrutar de todas sus bendiciones que implican la plenitud de vida y Sus buenos planes de bien para nosotros. Es lo mismo que negarnos a todo pensamiento que nos parezca derecho en nuestra propia opinión (contraria o ajena a la voluntad de Dios) ya que su fin, al final no serán los buenos planes de Dios sino la ruina, la escasez, el vacío, etc.

Y la quinta prioridad es la que nos enseña Su Palabra en Pro_4:23. Sobre toda cosa guardada, guardar nuestro corazón porque de Él mana la vida (plena, bendecida, abundante, próspera, en victoria). Si no guardamos nuestro corazón vamos a cosechar lo contrario (insatisfacción, maldición, escasez, nos va a ir mal y derrota). Y cuidamos nuestro corazón llenándonos de la Palabra, teniéndola presente todo el tiempo delante de nosotros (pensamientos, emociones, sentimientos, actitudes, motivaciones, decisiones, acciones). Cuidamos nuestro corazón cuando cuidamos nuestros pensamientos, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que hablamos, los modelos que seguimos, a donde vamos, con quién tenemos comunión, nuestras motivaciones y nuestras actitudes, que se van amoldando gradualmente a lo que nos enseña la Palabra (Rom_12:2, Efe_4:22-24) despojándonos de la mentalidad de la vieja manera de vivir.

Todo ello parecería ser demasiado difícil para nosotros, y lo es, si pretendemos hacerlo por nuestras propias fuerzas (fuerza de voluntad) y de una sola vez. Sin embargo, si lo hacemos con la ayuda y el poder del Espíritu Santo, refugiados en la Gracia de Dios y con fe (certeza, convicción y obediencia) (Efe_2:8-10, Heb_11:1), y gradualmente, al ritmo del Espíritu Santo, la cosa será diferente. Recordemos dos cosas fundamentales: en primer lugar, que Dios nos ha dado de Su Espíritu Santo para que nos convenza, nos enseñe, nos guíe y nos ayude en todas las cosas principalmente para hacer morir lo viejo en nosotros que se opone a lo nuevo de Él (Rom_8:13-14, Jua_14:26, Jua_16:13, Rom_8:26) y en segundo lugar, no solo nos ha dado el Espíritu Santo, sino que nos ha llenado de Su Poder para poder realizar todo aquello que Él nos pida (Hch_1:8) y gradualmente (Fil_1:6, 2Co_3:28) por lo que nuestra dependencia necesita ser total en cuanto a seguir la Palabra (Sal_119:105) y la dirección del Espíritu Santo (Rom_8:13-14).  

Nuestro reto entonces es crecer cada día en el conocimiento de la Palabra, amándola, buscándola, atesorándola y obedeciéndola (Sal_1:2-3, Jos_1:7-8, 3Jn_1:2) y en la comunión con el Espíritu Santo para recibir Su dirección y obedecerle y estar firmes aún en medio de los días malos (Efe_6:10-18).


 

 

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