EL PROPÓSITO
DE DIOS PARA NOSOTROS.
Es claro a lo largo de toda
la Palabra de Dios que Él tiene un propósito para cada cosa que ha creado, y
ello, por supuesto, nos incluye a cada uno de nosotros. Ninguno de nosotros
somos una casualidad, un descuido, un accidente, un hecho fortuito. En lo
natural podría ser, pero en lo espiritual, que es lo que determina todas las
cosas, cada uno de nosotros somos parte de un propósito específico de Dios que
se inserta en Su propósito para todas las cosas y toda la historia humana. Eso nos queda claro en Efe_1:4,
Sal_139:13-16, Hch_17:26-28, Sal_2:10.
¿Por qué es eso relevante
para nosotros? Porque vivir bajo el propósito de Dios va a implicar una vida
plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3) próspera (3Jn_1:2),
en victoria (Rom_8:31-39).
Ese propósito implica, en
primer lugar, que reconozcamos el Señorío de Cristo en nuestras vidas, no
mentalmente sino en el corazón (Rom_10:8-10) y seamos salvos. De esa
manera comenzamos nuestro caminar en Cristo como hijos de Dios (Jua_1:12)
y con ello se comienzan a realizar plenamente todos Sus planes para nosotros (Jer_29:11,
Pro_4:18). Ello no implica que todo lo
anterior en nuestras vidas haya sino una casualidad. Fue el camino que Dios utilizó para atraernos
hacia Él, a pesar y precisamente, por las condiciones difíciles que tuvimos que
enfrentar en nuestras vidas (Sal_40:2) para enderezar nuestros pasos y
dirigirlos hacia Él. Ello fue una
muestra de su amor y misericordia porque sin ello, si nuestras vidas hubieran
sido perfectas sin esas situaciones, nunca le hubiéramos buscado, y hubiéramos
vivido una vida por debajo de la calidad y expectativas de Dios para nosotros (Ose_11:4).
Una segunda razón por la cual el Señor permitió que pasáramos por esas
situaciones fue para que una vez salvos y habiendo sido consolados por el Señor,
demos testimonio de Sus maravillas para con nosotros (Mar_5:18-20) y podamos
guiar a otros y consolarles con la misma consolación con que fuimos consolados
por Él (2Co_1:3-5).
Una vez que venimos a Cristo
como nuestro Señor y Salvador, somos habilitados con dones, capacidades,
habilidades, talentos, condiciones y circunstancias sobrenaturales que Dios ha
establecido para que podamos servirle y alcanzar la calidad de vida que Él
tiene para nosotros, por cuanto dando a otros es como recibimos y todo lo que
sembramos en otros eso mismo vamos a cosechar más abundantemente (Mat_10:8, Hch_20:35,
Gal_6:7-10, etc.).
Tal como nos lo enseña la
Palabra en Hch_17:26-28 Dios nos ha colocado en un tiempo y en un lugar
específico, no solo para que lo busquemos y lo encontremos, sino también para
que seamos de bendición a los que se encuentra también allí compartiendo con nosotros
ese lugar y tiempo. Somos llamados a ser de bendición para otros (Gen_12:3)
y siendo de bendición para otros, ser bendecidos también nosotros.
Y en cuanto a cómo hacer y
vivir todo ello, tenemos la Palabra de Dios que es nuestra lámpara para
alumbrar nuestro camino (Sal_119:105) y es una Palabra segura (2Pe_1:19-21)
y el Espíritu Santo morando en nosotros, con nosotros y sobre nosotros para
ayudarnos en todas las cosas (Rom_8:26), enseñarnos, recordarnos y
guiarnos la Palabra (Jua_14:15-17, Jua_14:23, Jua_16:13), confrontarnos
y corregirnos (2Ti_3:16-17) a fin de que no solo estemos preparados para
toda buena obra, sino también para qué caminemos en los planes de Dios para
darnos un futuro y una esperanza.
De tal manera que entregarle
nuestras vidas a Cristo no tiene pérdida ninguna, más bien todo es ganancia y bendición.
Cualquier temor, incompetencia, duda, incredulidad, excusa, pretexto, etc., que
pudiéramos tener en nuestra mente y/o corazón, no son más que las trampas del
diablo para que no vivamos en esa plenitud de vida de Dios, porque el diablo es
quién roba, mata y destruye el propósito de Dios para nosotros. Por ello no
debemos hacerles caso a esas trampas, sino dirigir nuestros pasos al Señor y
mientras más rápido, mejor, porque antes comenzaremos a disfrutar de la
libertad, bendición, sanidad, liberación, restauración, protección, provisión,
etc., que él tiene para nosotros (Jua_8:31-32, Efe_1:3, Luc_4:18, Sal_18:2,
Sal_23:1, Fil_4:19).
Hoy es el día, mientras Él
pueda ser hallado (Isa_55:6) porque vendrá el tiempo (y está cerca) en
que las personas querrán buscarlo, pero no lo hallarán (Amo_8:11).
No hay comentarios:
Publicar un comentario