¿CÓMO SER GUIADOS POR EL ESPÍRITU? (ROM_8:14).
La Palabra de Dios nos enseña en Rom_12:14 que los hijos de Dios somos guiados por Su Espíritu Santo, lo cual para nosotros es una doble garantía de que todo lo que hagamos sea conforme a la voluntad de Dios y, por lo mismo, bendecido por Dios (Sal_119.105, Rom_12:2).
Pero como en nuestra interior podemos escuchar tres tipos de voces que se parecen aunque en el fondo de lo que nos pueden decir es totlamente diferente y sus resultados son totalmente opuestos, (1, nuestra propia voz, la voz del ego, del yo, de la carne; 2, la voz del diablo y de los demonios; y 3, la voz del Espíritu Santo), necesitamos aprender a discernir la voz del Espíritu Santo. Por ello necesitamos conocer sus características y aprender a discernir, mediante la práctica, cada una de ellas.
Nuestra voz, la voz de la carne, del ego, del yo. Es egoísta, egocéntrica, solo piensa en si misma (yo pienso, yo siento, yo creo, yo digo, yo, yo, yo). Nos dirige a querer satisfacer las pasiones excesivas de nuestro cuerpo (sexualidad inmoral, gula, ocio, pereza, glotonería, sensualidad), llevando lo bueno de Dios más allá de los límites de Su voluntad. Como resultado de ella no vamos a tener paz interior, vamos a experimentar inseguridad, incredulidad, dudas, provocando una batalla en nuestro interior con respecto a lo mejor que Dios quiere para nosotros (en Cristo, lo bueno es enemigo de lo mejor, como lo evidencian las tentaciones del diablo a Jesús en el desierto, Mat_4:1-11). Nos va a dirigir a la autocomplacencia, la autogratificación, la autoexaltación, la autosatisfacción.
La voz del diablo y de los demonios. Es una voz contraria a la Palabra, que aunque la pueda usar, la usa torcidamente, como lo trato de hacer con Cristo y que tiene mucho parecido con la voz de la carne (de hecho, muchas veces, si no todas, se alía con ella). Tampoco nos va a dar paz interior, produciendo en nosotros inseguridad, incredulidad, dudas, etc., y provocando una batalla en nuestro interior con respecto a lo mejor.
La voz del Espíritu Santo. Es conforme a la Palabra de Dios (Sal_119:105, Jua_14:26, Jua_15:26). El resultado de lo que nos indique va a ser el fruto del Espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio) y obediencia a Dios, servicio, hacer bien a los demás. Y como resultado de ello producirá en nosotros fe, certeza, convicción (aunque no necesariamente nos guste lo que nos diga (Heb_11:1). Todo a lo que nos dirija será para la gloria de Dios (Col_3:22-24), no para la nuestra, y sabremos que sabremos, que es la voz de Él. No generará dudas, incredulidad, desorden, etc., sino seguridad, fe, orden, etc.
Aprender a ser guiados por el Espíritu Santo es un proceso contínuo (Fil_1:6), en el que vamos a ser guiados por nuestros aciertos pero también por nuestros errores (Rom_8:28-29), siendo lo fundamental en ello que aprendamos a renunciar a nuestro yo (Rom_8:13) para que el Señor crezca en nosotros y nosotros (nuestro yo) mengüe (Jua_3:30, Mat_16_24-26). Para ello necesitamos aprender a partir de las cosas más pequeñas, aparentemente insignificantes (que ropa vestir, que comida comer, que ruta tomar en nuestro camino, etc.), e ir creciendo hasta las cosas mayores (si en lo poco somos fieles, el Señor nos pondrá sobre lo más, Luc_16:10, Luc_19:17).
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