AVIVÁNDONOS.
Uno de los retos del creyente, que necesitamos asumir todos los días es el de, no solo mantener firme nuestro amor al Señor, sino en crecimiento. La Palabra nos advierte que el enfriamiento de ese amor es una realidad a la que nos enfrentamos también cotidianamente (Apo_2:4, Mat_24:12) y que es un arma del diablo para robarnos, matarnos y destruíirnos la vida abundante que Dios en Cristo tiene para cada uno de nosotros (Jua_10.10).
Para ello puede usar muchísimas armas: problemas, adversidades, stress, diversiones, entretenciones, presiones de trabajo, desánimo, frustración, y muchos motivos más. Lo importante es que estemos atentos para no caer en sus trampas y alejarnos, aunque sea un paso a la vez, del Señor.
Por ello en 2Ti_1:6, la Palabra nos advierte, a través de la advertencia a Timoteo, que avivemos el fuego del don que está en nosotros: en primer lugar, el amor que el Espíritu ha derramado en nuestros corazones (Rom_5:5), en segundo lugar, la comunión con el Espíritu Santo (Efe_5:18), y en tercer lugar, los dones espirituales que Dios nos ha dado para que los utilicemos en nuestro servicio a Él y al prójimo (1Co_12:4-11).
El profeta Habacuc, consciente de ello y guiado por el Espíritu Santo, clama al Señor que avive Su obra en medio de los tiempos (Hab_3:2), y ello es tan válido, o más, ahora que en el tiempo en el que el Espíritu inspiró a los escritores de la Palabra esos pasajes, principalmente porque estamos viendo que los tiempos finales se acercan, y mientras ello sucede, la maldad y las maquinaciones del diablo en contra del mundo y de los cristianos en particular, se acreciente porque sabe que le queda poco tiempo (Apo_12:12). La necesidad de avivarnos en este tiempo es creciente, porque la maldad y las maquinaciones del diablo también son crecientes en un mundo que está totalmente confundido, sin dirección, buscando en tinieblas soluciones para los problemas que lo aquejan: pobreza, ingobernabilidad, corrupción, violencia, adicciones, inmoralidad sexual, insalubridad, impunidad, delincuencia, injusticia, rechazando a Dios totalmente y siguiendo sus propios caminos llamando a lo bueno, malo; a la luz, tinieblas; a lo amargo, dulce, etc. (Rom_1:18-32, Isa_5:20-23, 2Ts_3:1-5, 2Ts_4:3-4).
Necesitamos cada día fortalecernos en el Señor y en el poder de Su fuerza (Su Palabra y Su Espíritu Santo) para poder apagar todos los dardos de fuego del maligno (maquinaciones, tentaciones, etc.) y mantenernos firmes en este tiempo (Efe_6:10-18) creciendo en la fe que es nuestro escudo protector y en el conocimiento de la Palabra que es nuestra arma ofensiva en contra del enemigo. Recordemos que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra huestes espirituales de maldad que hoy están cubriendo de tinieblas toda la tierra para envolver a todos sus habitantes, en la desesperación de que les queda poco tiempo para realizar sus obras malignas. Pero nosotros no estamos en tinieblas como para que ello nos sorprenda: somos del día, somos de la luz, somos de Cristo (1Ts_5:5) y no somos de los que retroceden (Heb_10:39) porque estamos equipados por Él para vencer todo ello (Fil_4:13, Rom_8:31-39, 1Jn_4:4).
Y una de las cosas que es bien importante que tomemos en cuenta, además del crecimiento en el amor al Señor y en Su Palabra, la comunión con el Espíritu Santo y el fortalecimiento en Su poder, y nuestro servicio al Señor y al prójimo, es que no dejemos de congregarnos máxime que vemos que aquel día se acerca (Heb_10:25). La comunión con nuestros hermanos en Cristo es fundamental en este tiempo porque nos fortalece, nos anima y nos consuela en medio de los días malos que nos está tocando vivir (Heb_10:25, Sal_133:1-3, 1Co_14:3, Gen_2:18, Ecl_4:9-12).
Todo lo malo que está sucediendo en el mundo está profetizado y son los dolores de parto de un nuevo mundo que está por venir en cuanto el Señor regrese en Su segunda venida para establecer un reino de paz y de justicia (el Reino Milenial, Apo:20:6) como antesala al Nuevo Cielo y a la Nueva Tierra en la que los hijos de Dios viviremos por la eternidad (Apo_22:1-4). Y también está profetizada la necesidad que tenemos de avivarnos a nosotros mismos y alentarnos unos a otros al avivamiento del fuego de Dios en nuestros corazones. Seamos cada uno de nosotros el cumplimiento de esa profecía y mantengámonos firmes y avanzando en el día malo. La victoria está cerca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario