DE ESCLAVOS A LIBRES.
Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto era para que entrara en la Tierra Prometida, una tierra de promesas (tierra de la que fluye leche y miel). El trayecto no fue directo para posibilitar que se entrenaran durante un tiempo para enfrentar los retos de la Tierra Prometida (echar fuera los pueblos que habitaban allí). Pero finalmente, cuando ya estaban entrenados para ello, no entraron porque no cambiaron su mentalidad.
Seguían teniendo mentalidad de esclavos.
- • Ignorando lo mejor que tenían por delante.
- • Ignorando las promesas y el poder de Dios para cumplirlas.
- • Añorando lo casi nada bueno que tenía la vida de esclavos.
Y lo mismo que le pasó al pueblo de Israel, nos puede pasar a nosotros si no cambiamos nuestra mente. Dios nos sacó de la esclavitud del pecado y de la muerte, de las tinieblas a la luz, a una vida llena de promesas y bendiciones. El trayecto no es directo porque necesitamos ser entrenados, transformados, para enfrentar los retos de la Tierra Prometida (destruir las fortalezas que el diablo estableció en nuestras mentes para mantenernos esclavos). Necesitamos establecer en nuestra mente la mente de libres de la vieja manera de vivir y pensar (Efe_4:22-24, Rom_12:2). Visualizar lo mejor que tenemos por delante (Pro_4:18, Jer_29:11, 2Co_3:18).
- • Somos lo que la Biblia dice que somos y necesitamos creerlo.
- • Tenemos lo que la Biblia dice que tenemos y necesitamos creerlo.
- • Podemos lo que la Biblia dice que podemos y necesitamos creerlo.
¿Que necesitamos hacer para ello? Afirmarnos en la Palabra de Dios (Sal_119:105), nuestra hoja de ruta hacia la Tierra Prometida de las promesas de Dios. Fortalecernos en el poder del Espíritu Santo (Rom_8:14), nuestro guía en la hora de ruta. Dejando el engaño de que lo pasado fue algo bueno (el pecado nunca es bueno, es ruina).
Jua_3:3-5 nos enseña. Que una cosa es ver el Reino de Dios (la salvación) y otra cosa diferente es entrar al Reino (la vida plena y abundante). Para ver el Reino necesitamos nacer de nuevo (2Co_5:17) pero para entrar en el Reino necesitamos renovar nuestra mente, nacer del agua (la Palabra) y del Espíritu (la dirección y transformación que el Espíritu obra en nosotros, Rom_8:14, 2Co_3:18). Nuestra parte en ese proceso es la menor parte, y la parte del Señor por el Espíritu Santo es la parte más difícil: la transformación de nuestro corazón para vivir la vida que Dios quiere y tiene para nosotros que es una vida bendecida, abundante, plena, victoriosa (Efe_1:3, Jua_10:10, Efe_1:22-23, Rom_8:31-39, 3Jn_1:2).
Nuestra tarea es, con la ayuda del Espíritu Santo (Rom_8:26, Hch_1:8) negarnos a seguir los patrones mentales de la vieja manera de vivir (la hora de ruta del diablo, el mundo y la carne) y de corazón querer renovar nuestra mente con los patrones mentales de la nueva hoja de ruta (arrepentimiento, obediencia, sujeción, amor a Dios y al prójimo, buscar el Reino de Dios y Su justicia, guardar nuestro corazón de toda obra de la carne, del mundo y del diablo, Efe_4:22-24, Rom_12:2, Mat_4:17, 1Pe_1:14-16, Mat_22:36-40, Mat_6:33, Rom_8:13). Parecería difícil si pensamos hacerlo por nuestro propio esfuerzo y en nuestro propio tiempo, pero es fácil cuando le permitimos al Espíritu Santo que nos ayude en ello, que nos imparta Su poder para lograrlo, y en el tiempo de Él (Ecl_3:11, Fil_1:6, 2Co_3:18).
Cada día que dejamos de hacerlo, es un día que estamos teniendo un costo de oportunidad: porque nos perdemos de disfrutar de la vida abundante de Cristo para nosotros, de sus bendiciones con las que Él ya nos bendijo (Efe_1:3) y que encontramos en el camino de la obediencia (Deu_28:1-2, Mat_6:33) y también nos perdemos los galardones, tesoros, recompensas y coronas que el tiene para cada uno de nosotros para la eternidad, pero que alcanzamos aquí en la tierra por la obediencia a la Palabra y vivir en amor (Luc_6:35, Heb_10:35, Mt_6:19-21, 1Co_3:11-15, Apo_2:10, Apo_3:11, Stg_1:12).
Hoy es el día, en primer lugar, de buscar al Señor mientras puede ser hallado (Isa_55:6) porque habrá un día en la vida que ya no le podrán hallar (Amo_8:11) que puede ser hoy mismo o mañana, y ello implica, si no le hemos entregado nuestra vida a Jesús como Señor y Salvador, si no hemos creído verdaderamente en Él y nacido de nuevo (2Co_5:17), que lo hagamos reconociendo Su Señorío de corazón y en nuestra mente y corazón (Rom_10:8-10) y de esa manera ser hechos Sus hijos (Jua_1:12, Rom_8:14-16), y para los hijos de Dios nos corresponde ser buscadores del Reino de Dios y su justicia (Mat_6:33, Mat_11:12), siendo diligentes en ello para que nos vaya bien en la vida a nosotros y nuestra descendencia (2Ti_2:1, 1Co_16:13-14, Pro_10:4, Pro_21:5, Deu_6:1-3). Ello es lo mejor y más extraordinario que nos puede pasar en la vida, y además de ello, recibiremos y viviremos la vida eterna desde ahora y para siempre.
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