COMO VASIJAS DE BARRO (2Co_4:7).
La Palabra de Dios nos identifica a los seres humanos como vasijas (o vasos, 2Co_4:7), porque en nuestro origen primario fuimos hechos del polvo de la tierra (Gen_2:7). En ello hay una enseñanza poderosa.
Una vasija cerrada nunca puede contener nada que sea mayor que su propio tamaño, pero una vasija abierta no tiene limitaciones, puede contener cosas que son más grandes que su propio tamaño.
Por ello, una vasija o un vaso siempre tiene su parte superior abierta para contener cosas, principalmente líquidos y cosas mayores que ella misma. Originalmente los seres humanos fuimos diseñados por Dios para ser llenos de Él que es infinitamente mayor que nosotros, de Su Palabra que es como agua que limpia (Jua_15:3), y de su Espíritu Santo que es como ríos de agua viva que corren en nuestro interior (Jua_7:37-39).
La Palabra nos menciona el hecho de que nosotros somos como vasijas no solo en el pasaje de 2Co_4:7 sino también en Jer_18:1-6 y otros pasajes. Entre ellos resalta una figura poderosa que responde a lo que mencionamos anteriormente respecto a lo que debe llenarnos en Jua_2:1-12. En este pasaje se menciona que en la fiesta de las bodas de Caná se acabó el vino, y Jesús mandó llenar seis tinajas de piedra con agua y cuando convirtió el agua en vino este vino fue superior a cualquier otro que hubieran servido en las bodas.
Las vasijas de piedra eran seis, y en la Biblia el número seis es el número que representa a los seres humanos, de tal manera que esas seis vasijas nos representan a cada uno de nosotros.
Y esas vasijas eran de piedra, y recordemos que la Palabra dice que Dios transformará nuestro corazón de piedra cerrado a Él y a todo lo espiritual estando muertos en nuestros delitos y pecados, en un corazón de carne (Eze_36:26).
Esas vasijas estaban vacías y vacía está nuestra vida cuando el Señor Jesús no está presente en ellas como nuestro Señor y Salvador, de tal manera que, para llenar nuestras vasijas, en primer lugar, necesitamos reconocer el Señorío de Cristo en nuestras vidas para tener perdón de pecados y vida eterna (Jua_3:16, Rom_10:8-10, Jua_1:12).
Y a continuación de ello necesitamos comenzar a llenar nuestras vasijas con el agua de la Palabra y con la comunión del Espíritu Santo, y de esa manera, como resultado tendremos:
· Una vida abundante (Jua_10:10) como abundante fue el vino que Jesús milagrosamente proveyó.
· Una vida plena (Efe_1:22-23) porque seremos llenos de la plenitud de Cristo.
· Una vida próspera porque en la medida que llenamos nuestras vidas con la Palabra de Dios y la ponemos por obra tendremos salud y prosperaremos en todas las cosas (3Jn_1:2).
· Una vida bendecida porque Dios en Cristo nos bendice con toda bendición (Efe_1:3).
· Una vida victoriosa porque en Cristo somos más que vencedores en todas las cosas (Rom_8:31-39).
· Y una vida llena de gozo, como llenas fueron esas vasijas de vino, que es un tipo del gozo del Señor (Efe_5:18), y el gozo del Señor es nuestra fortaleza (Neh_8:10) para enfrentar todas las adversidades que pudieran venir a nuestras vidas (Jua_16:33) y que el Señor hará obrar para nuestro bien (Rom_8:28-29).
La clave, entonces, es reconocer el Señorío de Cristo en nuestras vidas y vivir en consecuencia, y ser constantemente llenos de la Palabra y del Espíritu Santo (Col_3:16, Efe_5:18, 1Co_6:19).
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