Nacer de nuevo y nacer del agua y del Espíritu (salvación y discipulado).
En Jua_3:3-5 Jesús mismos nos enseña de dos situaciones que necesitamos vivir para poder entrar en la plenitud de la vida que Él tiene para nosotros: en primer lunar necesitamos nacer de nuevo por el Espíritu para ver el Reino de Dios, lo que sucede cuando reconocemos el Señorío de Cristo en nuestras vidas (salvación), y en segundo lugar necesitamos nacer del agua (la Palabra) y del Espíritu (la comunión con el Espíritu Santo) para entrar en el Reino de Dios (en la plenitud de la vida del Reino, Jua_10:10, Efe_1:3, Efe_1:22-23, Rom_8:31-39).
Nacer del Espíritu es cuando reconocemos en nuestro corazón (no solo en nuestra mente, Rom_10:8-10) que Jesús es el Hijo de Dios, que se encarnó como Hombre para nuestra redención (pagar la consecuencia de nuestros pecados, la muerte, Rom_6:23) para que nosotros tuviéramos perdón de pecados y vida eterna en Él. La Palabra nos enseña que cuando ello sucede (cuando creemos en Él, cuando creemos en Su Nombre que significa creer en Quién Él es) se producen dos situaciones: una es que nacemos de nuevo (2Co_5:17) y todas las cosas viejas pasaron (la vieja naturaleza pecadora, la vieja manera de vivir, la esclavitud al pecado y a la muerte, a la carne, etc.) y todas son hechas nuevas (una nueva naturaleza a la imagen de la de Dios, una nueva manera de vivir, la libertad del pecado, de la muerte, de la carne, etc.).
Y nacer del agua y del Espíritu, es aprender a vivir en la vida eterna que ya tenemos en Cristo desde el momento en el que nacemos de nuevo. Ese aprendizaje va de la mano del conocimiento, no de oídas, sino en verdad, de la Palabra de Dios (Sal_119:105, Sal_1:1-3) y de la comunión creciente con el Espíritu que es Quién nos guía a toda verdad y nos enseña todas las cosas (Jua_14:26, Jua_16:13) que dará como resultado el que hagamos la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta para nosotros (Mat_7:21, Rom_12:2).
Y la Voluntad de Dios para nosotros, aquí y ahora, aparte de crecer en el conocimiento de la Palabra y en la comunión con Su Espíritu Santo es que vivamos aquí y ahora, de manera creciente, la vida eterna plena, bendecida, en victoria (Jua_10:10, 3Jn_1:2, Rom_8:37) y perfecta en la eternidad.
Muchos creyentes necesitamos entender que la vida cristiana no se trata solo de ser salvos y asistir a nuestras congregaciones, sino que, después de ser salvos, hay una nueva vida que desarrollar y vivir para experimentar la buena voluntad de Dios en nuestras vidas, Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza y llevar nuestra vida cada día en aumento hasta la perfección (Jer_29:11, Pro_4:18, Fil_1:6), una vida de maravillosas transformaciones que hará el Espíritu Santo en nosotros, tanto interiormente como en nuestra conducta y entorno, para que podamos experimentar cada día en mayor medida, Sus bendiciones y Sus maravillas.
Por ello Jesús nos habla de dos cosas diferentes en el pasaje de Juan_3:3-5, ver el Reino que es experimentar la Salvación en Él, y entrar en el Reino que es vivir en la plenitud de Sus bendiciones. Pero ello requiere que vivamos, con la dirección de Su Palabra y del Espíritu Santo (Sal_119:105, Rom_8:14) y ayudados por el Espíritu Santo y Su poder (Rom_8:26, Hch_1:8), lo que implica nuestra colaboración con el Espíritu Santo, para experimentar esa vida plena que El tiene para nosotros (3Jn_1:2). Como podemos ver, no estamos solos en el proceso, el Espíritu Santo, que es el Todo Poder de Dios está con nosotros, vive con nosotros y está sobre nosotros para ayudarnos en todo momento cuando disponemos nuestro corazón y nuestra voluntad a caminar en ello y hacer la parte que nos corresponde, que es la menor parte porque la mayor, que es la transformación de nuestro corazón, la convicción y el compromiso de hacerlo y nuestro empoderamiento para caminar en la Voluntad de Dios, la hace el Espíritu Santo.
La Palabra en Gal_6:7-8 nos habla de esa colaboración con el Espíritu Santo como una siembra: si seguimos sembrando para alimentar la vieja manera de vivir (pensamientos, decisiones, voluntad, motivaciones, actitudes que antes de conocer a Cristo teníamos) entonces cosecharemos corrupción, en tanto que si sembramos para alimentar la nueva manera de vivir (la Palabra de Dios, conociéndola, atesorándola y viviéndola con la ayuda del Espíritu Santo) entonces cosecharemos vida eterna.
Si solo somos salvos, seguiremos "sembrando" la vieja forma de vivir, y con ello seguiremos cosechando los mismos frutos de esa vieja manera de vivir (las obras de la carne, Gal_5:19-21, los caminos que nos parecen derechos en nuestra opinión, pero nos llevan a ruina. Pero si buscamos el Reino de Dios (Mat_6:33) estaremos sembrando para el Espíritu y cosecharemos vida eterna, plena, bendecida, victoriosa, manifestando el fruto del Espíritu (Gal_5:22-23).
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