martes, 11 de noviembre de 2025

Propósito de Dios y cambios.

 

PROPÓSITO DE DIOS Y CAMBIOS.

 

Dios tiene un propósito para nosotros (Efe_2:10) y nos creó y equipó para cumplirlo (Sal_139:13-16), comenzando por la salvación en Cristo (Rom_10:8-10), y ese propósito es que vivamos en sus buenos planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y llevar nuestras vidas en aumento como la luz de la aurora (Pro_4:18).

 

Dios es el que lo hará todo para que ello suceda, lo único que nosotros necesitamos es alinearnos con Él y anhelar el cumplimiento de esos planes, y Él lo hará (Num_23:19) porque Él no cambia ni se arrepentirá (Mal_3:6). La forma de alinearnos a Sus planes es alinearnos a los cambios que Él por Su Palabra y Su Espíritu opera en nuestros corazones (Sal_119:105, Rom_8:14). Él hará los cambios y las alineaciones en nuestra vida que sean necesarios para el cumplimiento de Sus planes. Nosotros solo tenemos que seguirlos.

 

De la misma manera que el pueblo de Israel cuando salió de Egipto tenía que seguirlo y Él derrotaría a sus enemigos y supliría sus necesidades, Él lo hará con nosotros, pero necesitamos seguirlo, anhelar Sus planes, y no ser como el pueblo de Israel que se opuso a los planes de Dios y por ello tuvo que andar vagando en el desierto por 40 años en lugar de haber disfrutado ese tiempo dentro de la tierra prometida.

 

Para nosotros, la tierra prometida son Sus planes que implican vida abundante (Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23), vida bendecida (Efe_1:3), vida próspera (3Jn_1:2) y vida en victoria (Rom_8:31-39), mientras que el desierto, no seguir Sus planes, resistirlos, nos llevará al “desierto” (una vida en lo mínimo, lo básico, la costumbre, la rutina, la “normalidad” que es prácticamente equivalente a mediocridad, ser del montón, etc.).

 

Obviamente, como ya lo hicimos ver, el proceso va a implicar cambios, pero no son cambios que somos forzados a hacer, sino que Dios nos convence gradualmente de la necesidad de ellos, y no solo nos convence sino que nos equipa y dirige para lograrlos: cambios de pensamiento, emociones, sentimientos, actitudes, motivaciones, decisiones y acciones, que Él va sembrando en nosotros a través del conocimiento de Su Palabra y de la dirección de Su Espíritu Santo, gradualmente también (Fil_1:6, Pro_4:18). Muchas personas piensan que para ser cristianos tienen que cambiar, y como no pueden, no se animan a hacerlo; pero ello es una mentira del diablo. Los cambios los opera Dios en nosotros, cuando nos convence, los anhelamos y le obedecemos (Fil_1:6, 2Co_3:18, Fil_2:13, Fil_3:7-8).

 

Quizá en algún momento el proceso no sea cómodo, e implique de nosotros decisión, convicción, esfuerzo, disciplina, compromiso, responsabilidad, enfoque, diligencia, etc. (Mat_11:12, 2Ti_2:1), para mantenernos en el camino y no desviarnos, de la misma manera que en la vida fuera de Dios y de Cristo se requiere de todo ello para triunfar además de la transformación qué no podemos lograr porque no tenemos ni la fuerza ni el poder para hacerlo, por lo que a la larga representa un esfuerzo frustrante.

 

Pero en Dios ello es diferente. Él nos provee el poder de la transformación, y Él la hace en nosotros, además de que podemos estar seguros qué alcanzaremos la meta y va a ser glorioso (Fil_1:6, Pro_4:18, Fil_2:13, 2Co_3:18).

 

Si aún no hemos comenzado a caminar en ese proceso hoy es el tiempo de hacerlo, no hay tiempo que perder, porque en la medida en la que no nos decidimos, perdemos días de oportunidad, días de mayor bendición y plenitud. Y el proceso comienza, como ya lo mencionamos, por entregarle nuestra vida a Cristo para que Él perdone nuestros pecados, nos haga nuevas criaturas, nos de la vida eterna y comience el proceso de nuestra transformación (Rom_10:8-10, 2Co:5:17, Jua_3:16-17). Hoy es el día de la decisión (Isa_55:6).

 

 

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