SALVACIÓN
Y DISCIPULADO.
La Palabra en Jua_3:3-5 nos
enseña dos cosas que son importantes: que para ver el Reino de Dios
necesitamos nacer de nuevo, pero para entrar en el Reino de Dios
necesitamos nacer del agua y del Espíritu. Nacer de nuevo se refiere a
ser salvos, en tanto que nacer del agua y del Espíritu se refiere a ser
discípulos. No son la misma cosa de la misma manera que ver y entrar al Reino
son dos cosas diferentes. Ver el Reino no implica disfrutar de todas las bendiciones
del Reino. Para disfrutarlas necesitamos entrar en el Reino, es decir, nacer
del agua y del Espíritu. El agua es tipo de la Palabra (Jua_15:3) y el
Espíritu es el Espíritu Santo. Ambos trabajan en nosotros para transformarnos
totalmente (espíritu, alma y cuerpo, 1Ts_5:23, Rom_12:1-3).
Jesús también lo expresa de
otra manera: en Jua_10:17 Él se identifica como la puerta que
necesitamos pasar para entrar en la vida eterna, y en Jua_14:6 se
identifica también como el Camino que necesitamos recorrer para conocer la
Verdad que nos hace libres para disfrutar de la plenitud de la vida eterna (Jua_8:31-32),
llegando al Padre que es la vida eterna (Jua_17:3).
De tal manera que para
disfrutar de la plenitud de la vida eterna que ya tenemos en Cristo desde el
momento de la salvación, no solo necesitamos ser salvos, también necesitamos
ser transformados por la Palabra y el Espíritu Santo, es decir, ser discípulos
(Mat_16:24, Jua_3:30, Jua_8:31-32, Efe_4:22-24, etc.), y el Espíritu
Santo nos ayuda en todo el proceso (Rom_8:26), ayudándonos a derribar
todos los obstáculos que se opongan a ello (2Co_10:4-5) y guiándonos (Rom_8:13-14),
recordándonos y enseñándonos la Palabra de Dios (Jua_14:26, Jua_16:13) y
empoderándonos para obedecerla (Hch_1:8; Jua_14:15-17).
Ser discípulos es ser
transformados por la Palabra y por el Espíritu (Jua_8:31-32, 2Ti_3:16-17,
Heb_4:12, Rom_12:2), siendo equipados para vivir la vida abundante (Jua_10:10),
plena (Efe_1:22-23), en salud y próspera en todas las áreas (3Jn_1:2),
bendecida (Efe_1:3) y en victoria (Rom_8:31-39), según los planes
de bien de Dios para con nosotros Sus hijos para darnos un futuro aquí en la
tierra y una esperanza en la eternidad (Jer_29:11) y llevar nuestra vida
cada día en aumento hasta que sea perfecta (Pro_4:18, Fil_1:6, 2Co_3:18).
Necesitamos entonces, ir más
allá de la puerta (salvación) en el Camino que nos lleva al Padre
(discipulado), saliendo de todo lo que implica la vieja manera de vivir:
pensamientos, emociones, sentimientos, actitudes, motivaciones, decisiones y
acciones (2Co:5_17, Efe_4:22-24) para experimentar la plenitud de la
vida del Reino aquí y ahora (Mat_6:33). Si no hemos iniciado el viaje,
siendo salvos y entregándole nuestra vida al Señor Jesucristo reconociéndolo
como Señor y Salvador este es el momento de hacerlo (Isa_55:6, Rom_10:8-10)
en nuestro corazón y en nuestra mente. Si ya hemos sido salvos, pero no hemos
iniciado con enfoque, decisión y compromiso el viaje hacia el discipulado, es
tiempo de hacerlo, y si ya lo iniciamos, es tiempo de seguir con más ahínco (Fil_3:12-14).
Lo mejor de Dios nos espera aún en mayor medida de lo que hayamos podido
experimentar.
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