La firmeza de las prioridades de Dios para nosotros.
Dios, en su amor para con nosotros, cuando creó a Adán y Eva, nuestros ancestros más remotos, los creó para que todos, ellos y nosotros, viviéramos vidas abundantes y bendecidas de la mano de Él, caminando con Él. Por efectos de la caída y la entrada del pecado en el mundo, ese propósito fué retorcido y vuelto en todo lo contrario como nos lo enseña la Palabra en cuanto a las consecuencias de la caída (Gen_3:1-19).
Sin embargo, Dios, con ese amor invariable y eterno para con nosotros, no se dió por vencido y desarrolló gradualmente el plan de redención, para que una vez redimidos, pudiéramos acceder a la clase de vida que Él tenía para nosotros, viviendo en las prioridades que Él nos enseña en Su Palabra, que necesitaríamos que sean nuestras prioridades para vivir vidas abundantes (Jua_1:10), plenas (Efe_1:22-23), bendecidas (Efe_1:3), crecientemente prósperas (3Jn_1:2) y victoriosas (Rom_8:31-39).
Solo cuando vivimos en esas prioridades vamos a encontrar esa clase de vida. Y esas prioridades no cambian. Dios no las va a cambiar porque nosotros queramos o no queramos caminar en ellas (Mal_3:6, Heb_13:8); Él no cambia y es el mismo ayer, hoy y por siempre, además de que no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse; Él lo ha dicho, Él lo hará (Num_23:19). Si decidimos no caminar en ellas entonces lo que cosecharemos será todo lo contrario (Pro_16:25, Gal_6:7-8, Deu_30:19-20): ruina, limitación, estancamiento, vacío, etc.
El camino de Dios es uno solo y Él nunca se ha desviado de él; los que nos desviamos fuímos nosotros por lo que somos nosotros los que necesitamos enderezas el camino que llevamos (Sal_119:59, Sal_119:105). Por eso Jesús, cuando Pablo perseguía a la iglesia y tiene su encuentro con Él le dice: "dura cosa te es dar patadas contra el aguijón".
Dios, por Jesucristo con el Espíritu Santo, ya pagó el precio para que nosotros enderecemos el camino, y nos dió ese regalo por Su Gracia por medio de la fe (creer en Él, Efe_2:8-9) y a Su Espíritu Santo para que nos ayude en todo para enderezar el camino de regreso a Él que es también el camino de regreso a la bendición, la plenitud, la abundancia, la victoria. Ahora nos toca a nosotros caminar el camino de regreso (Mar_4:17).
Lo primero que necesitamos, como ya lo mencionamos, es la redención en Cristo que Él pagó para nosotros en la Cruz del Calvario (Col_2:13-15), y esa redención es nuestra mediante la fe en nuestro corazón de que Jesús no solo es el Hijo de Dios sino que también es el Señor de nuestras vidas (Rom_10:8-10).
Y el segundo paso, es salir de la vieja manera de pensar y vivir (Rom_12:2, Efe_4:22-24) renovando gradualmente nuestro entendimiento con la Palabra de Dios y obedeciéndola con la ayuda del Espíritu Santo (Sal_119:105, Rom_8:13-14, Hch_1:8, Rom_8:26).
Ser cristiano no es solo ser salvo, asistir a la iglesia y esperar la eternidad. Ser salvo implica vivir una vida de transformación constante por la Palabra y el Espíritu, y a medida que avanzamos en esa transformación, vamos a ir experimentando los resultados de esa transformación traducidos en una vida más plena y abundante en Él. Después de ser salvo y de la renovación gradual de nuestra mente, las otras prioridades de Dios para nosotros son:
- Buscar primeramente el Reino de Dios y Su Justicia (Mat_6:33), todo lo cual lo encontramos en la Palabra.
- Es necesario que Él creza y que nosotros mengüemos (Jua_3:30), que lo logramos por medio de la obediencia a la Palabra en todas las cosas y circunstancias de nuestra vida (1Pe_1:14-16, 1Ts_4:3), permitiendo que el Espíritu Santo transforme gradualmente (Hch_1:8) nuestro carácter en el carácter de Cristo (2Co_3:18) para lo cual Él usa todas las circunstancias de la vida (Rom_8:28-29) cuando somos guiados por Él (Rom_8:13-14) para hacer morir las obras de la carne (la vieja naturaleza, la vieja manera de vivir) y manifestar el fruto que produce el Espíritu en nosotros (Gal_5:22-23).
- Sobre toda cosa guardada guardar nuestro corazón porque de Él mana la vida, y lo guardamos cuando lo llenamos de la Palabra de Dios, conociéndola, meditando en ella, atesorándola y poniéndola por obra (Pro_4:23, Col_3:16, Sal_1:2-3, Deu_6:1-9).
Todo ello implica una transformación de vida porque si estamos en Cristo somos nuevas criaturas (2Co_5:17) y todas las cosas de la vieja manera de vivir (pensamientos, emociones, sentimientos, motivaciones, decisiones, acciones, actitudes) necesitamos dejarlas atrás y comenzar a vivir en las cosas de la nueva manera de vivir (Efe_4:22-24) tal como nos lo enseña la Palabra. Y todo ello sucede de una manera gradual y sostenida, si es que tomamos la decisión y tenemos la convicción en nuestro ser interior de alcanzar ese dejar atras la vieja manera de vivir y asumir la nueva (Heb_11:1, Rom_1:17).
El reto es caminar sostenidamente en esa transformación para lo cual el Señor nos ha dado Su Espíritu Santo, Su Omnipotencia para ayudarnos y guiarnos (Rom_8:26, Rom_8:13-14). La decisión ya no depende de Dios, Él quiere; ahora depende de nosotros decidirlo con firmez, con convicción, con compromiso, con carácter (Deu_30.19-20). Cada día que pasamos sin tomar la decisión opera en contra nuestra (un día menos de vivir en una vida más plena y bendecida). Es lo que significa un "costo de oportunidad". No perdamos ni un día más. Hoy es el día, hoy es el tiempo aceptable. No dejemos para mañana lo que podemos comenzar a hacer hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario