EN EL
CAMINO DEL PERFECCIONAMIENTO.
La Palabra de Dios nos habla
del perfeccionamiento de los hijos de Dios en varios pasajes, como un objetivo
y una meta que necesitamos alcanzar los creyentes para vivir una vida plena en
Cristo (Efe_1:22-23) además de bendecida, en victoria, abundante (Efe_1:3,
Rom_8:31-39, Jua_10:10).
En Efe_4:11-16 nos
establece las metas de ese perfeccionamiento:
·
La obra del ministerio.
·
La edificación del Cuerpo de Cristo.
·
Llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios.
·
Llegar a un varón perfecto, a la estatura de la plenitud de
Cristo.
Y todo ello para:
·
Ya no ser como niños fluctuantes llevador por cualquier viento de
doctrina derivadas del engaño y del error.
·
Sigamos la Verdad en amor.
·
Crezcamos espiritualmente en todo en Cristo.
Por otro lado, en Mat_5:48
también Jesús nos exhorta a ser perfectos como nuestro Padre es perfecto, lo
que implica vivir en amor (Mat_5:43.47) con respecto al prójimo (y
obviamente primero hacia Dios, Mat_22:36-40), siendo imitadores de Dios
como hijos amados y obedientes (Efe_5:1, 1Pe_1:14-16).
Otros pasajes en los cuales
Dios nos exhorta también a buscar esa perfección son:
·
Col_1:28. Para que seamos presentados
perfectos en Cristo Jesús.
·
2Ti_3:16-17. Para que seamos personas
perfectas, enteramente preparadas para toda buena obra.
La palabra “perfecto” nos
puede asustar porque pensamos que se trata de ser impecables y de una sola vez.
La impecabilidad por cierto si es la meta, pero la alcanzaremos hasta el día en
el que nos presentemos delante del Señor (Fil_1:6). Sin embargo, de lo
que realmente se trata, y de acuerdo con lo que nos enseña el significado
original de la palabra griega que se traduce perfecto, es de crecimiento mental
y en carácter, reparar, remendar, restaurar, unir, hacer apto, preparar, madurar,
enseñar, instruir, equipar (2Ti_3:16-17).
Ello implica, entonces, y
por lo menos:
·
Liberarnos, sanarnos (reparar, remendar) y restaurar nuestro
corazón, para que la imagen de Dios en nosotros, que se corrompió en la caída y
por el pecado, se vaya formando nuevamente en un proceso gradual (2Co_3:18),
y podamos experimentar cada día en mayor medida, el fruto del Espíritu (Gal_5:22-23):
amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio
propio.
·
Reunir gradualmente nuestro espíritu, alma y cuerpo en un mismo
sentir (integridad), que nuestro creer, pensar, hacer y ser sea uno solo, que
lo engañoso y perverso del corazón resultante de la vieja manera de vivir (Jer_17:9)
vaya menguando cada día más, y la imagen de Cristo en nosotros vaya creciendo (Jua_3:30)
y, como consecuencia, dejemos de cosechar la corrupción de las obras de la
carne y cosechemos los frutos de la vida eterna (Gal_6:7-8): la
Paternidad de Dios, descanso, reposo, dirección, justicia, protección,
seguridad, provisión, fortaleza, abundancia, victoria, etc.
·
Prepararnos para toda buena obra: la obra del ministerio, la
reconciliación de las personas y de todas las cosas con Dios (2Co_5:17-20,
Col_3:18-20, Rom_8:19-21).
·
Estar preparados para la edificación del Cuerpo de Cristo (la
unidad, el crecimiento cuantitativo y cualitativo, el servicio al Señor y al
prójimo, Fil_2:3-8).
·
Crecer, madurar espiritualmente, estar firmes en el Señor,
resistir y derrotar todas las artimañas y maquinaciones del diablo. Que la
Palabra no sea solamente conocimiento mental, sino una forma permanente de vida
en comunión con Dios por el Espíritu Santo (Efe_6:10-13).
Entonces, ¿Qué implica ser
perfecto en términos bíblicos y generales? En primer lugar, tener un corazón
totalmente inclinado a Dios y en crecimiento constante en esa inclinación,
amándolo sobre todas las cosas (Mat_22:36-38, Jua_4:23-24, Cnt_7:10). En
segundo lugar, también tener una inclinación creciente a amar al prójimo en
todas las circunstancias (favorables y/o desfavorables, agradables y/o
desagradables, amigos y/o enemigos, etc.) sirviéndole en todo aquello que esté
a nuestro alcance, viendo por lo de los demás y no solo por lo nuestro (Fil_2:3-4),
y obedeciendo crecientemente Su Palabra y la dirección de Su Espíritu Santo en
todas las circunstancias de la vida (Jua_14:15, Sal_1:1-3, 1Re_8:61, Rom_8:14,
Sal_119:105).
Todo ello implica vivir una
vida agradando a Dios con nuestros caminos, y como consecuencia de ello,
heredaremos el bien y no nos faltará cosa alguna (Pro_11:20, Pro_28:10,
Stg_1:4).
Solo necesitamos recordar
que alcanzar la perfección en Cristo no es un evento, una cosa de una sola vez.
Es un proceso que implica toda la duración de nuestra vida, por lo que
necesitaremos la perseverancia, la paciencia y la firmeza que solo nos puede
dar el Espíritu Santo. En nuestras
propias fuerzas ello es imposible, pero con la ayuda y el poder del Espíritu
Santo a nuestra disposición, y creyendo en ello, todo es posible (Luc_1:37, Mar_9:23).
Jesús mismo nos dijo que si creíamos en Él, las obras que Él había hecho
nosotros también las haríamos y aún mayores haríamos (Jua_14:12), así
que lo que nos queda es poner manos a la obra. El Espíritu Santo está esperando
nuestra decisión para continuar esa obra en nosotros con mayor ímpetu,
enfocándonos en ello cada día para avanzar hacia la meta (Fil_1:6, Pro_4:18,
Fil_3:12-14). ¡¡¡Ánimo y adelante que al que cree todo lo es posible!!!
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