martes, 25 de noviembre de 2025

El poder de la semilla.

 

EL PODER DE LA SEMILLA.

 

En Mat_13:31-32 Jesús nos enseña una Parábola en la cual hace al Reino de Dios equivalente a una semilla de mostaza, que es la más pequeña de todas las semillas, pero al crecer se convierte en la más grande de las hortalizas.

 

Esto equivale a decirnos que todo lo que Dios siembra en nosotros es como una semilla, y que, por lo mismo, debe seguir el proceso de una semilla para producir fruto.  La semilla, para comenzar su proceso de dar fruto, en primer lugar, tiene que caer a tierra, es decir, ser sembrada.  Y esto es un tipo de lo que Jesús también nos enseña en la Parábola del Sembrador (Mat_13:18-23): la tierra es nuestro corazón, la semilla es la Palabra de Dios, y para que la semilla produzca fruto debe ser sembrada en un buen terreno, es decir, en un corazón que esté preparado y anhelante de recibir la semilla. La forma de preparar el corazón es en primer lugar, estar dispuesto a poner atención a la Palabra, a resistir la prueba que puede venir como consecuencia de esa Palabra, y a resistir los afanes de la vida (los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, 1Jn_2:15-17, o lo que es lo mismo, la autocomplacencia o autosatisfacción, la autogratificación y la autoexaltación).

 

Una vez recibida la semilla en la tierra debe ser regada y abonada. El equivalente a ello en lo espiritual relacionado con la semilla sembrada en nuestro corazón, es que debe ser regada con el agua de la Palabra (la fe se incrementa con el oír constantemente la Palabra de Dios) y por la comunión con el Espíritu Santo que es nuestro Ayudador para atesorarla y ponerla por obra, nuestro Maestro que nos la enseña y revela, y nuestro guía para aplicarla en nuestra vida (Rom_8:26, Jua_14:26, Jua_16:13). Recordemos que en Jua_15:3 Jesús compara la Palabra con agua que limpia además de que en Heb_4:12 la Palabra nos enseña que ella penetra profundamente en nuestro ser interior para discernir los pensamientos y las intenciones del Espíritu y del corazón y en Jua_7:37-39 y en Sal_119:105 nos enseña que la Palabra es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino.  Por otro lado, Jesús en Jua_7:37-39 compara al Espíritu Santo con ríos de agua viva que corren en nuestro interior.

 

El siguiente paso que se da en las faenas agrícolas una vez que la semilla ha sido sembrada y regada, es que se abona, y ello equivale a la enseñanza de la Palabra de Dios que recibimos cuando nos congregamos, en donde Dios envía una porción de bendición y vida eterna para fortalecer, sanar, liberar y restaurar nuestro corazón, fortaleciéndolo para que sea una tierra más fértil aún, en la que la semilla crezca y produzca mucho fruto.

 

Y finalmente, después de sembrar la semilla, regarla y abonarla, el agricultor debe mantener el cuidado de la tierra para evitar que otras semillas no acordes con la que se sembró, o de hierba mala, surjan e impidan que la semilla ya hecha planta, siga creciendo y produzca mucho fruto.  Ello es equivalente a la necesidad de cuidar nuestro corazón que nos enseña la Palabra en Pro_4:23, lo que se logra cuidando lo que pensamos (Pro_23:7, Fil_4:8), lo que vemos (Mat_6:22), lo que oímos (Mar_4:24), lo que hablamos (Pro_18:20-21), a donde vamos (Pro_4:26-27), con quién andamos (Sal_101:3-6), los modelos que seguimos (Efe_5:1), las motivaciones de nuestro corazón (1Co_13:1-3), nuestras actitudes (1Sa_16:7) y nuestras decisiones (Deu_30.19-20).

 

Incluso Jesús mismo habló de Su propia vida como una semilla (Jua_12:23-24). Cuando ello sucedió, estaba hablando de Su Muerte y del fruto que produciría: salvación, resurrección, vida eterna. Y ello es precisamente lo que sucede cuando nosotros permitimos que la Palabra sea sembrada en nuestro corazón, la regamos, la abonamos y la cuidamos: nuestra vida crecerá en la dirección de:

·         Una vida abundante (Jua_10:10).

·         Una vida plena (Efe_1:22-23).

·         Una vida bendecida (Efe_1:3).

·         Una vida próspera (3Jn_1:2).

·         Una vida victoriosa (Rom_8:31-39).

·         Una vida en crecimiento constante (Pro_4:18).

 

Así que siempre tengamos preparado nuestro corazón para recibir la semilla que el Padre pueda enviarnos ya sea por su Espíritu Santo, por la lectura y meditación de la Palabra, o por intermedio de otra persona, para atesorarla, entenderla, meditarla y obedecerla.

 

 

 

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