JESUS,
NOSOTROS Y LA SEMILLA.
Jesús habló mucho de la
semilla. Usó la semilla como ejemplo de varias cosas en sus enseñanzas. Incluso
habló de Su propia vida como una semilla en Jua_23:24. En ese momento
estaba hablando de Su Muerte y del fruto que produciría: expiación, redención,
salvación, justificación, resurrección, vida eterna, sanidad, liberación,
restauración, etc.
Cuando Jesús se refería a la
semilla se estaba refiriendo a ella con una palabra griega que también
significa “cigoto” y “lo unido”. Y con ello estaba expresando que la nueva vida
proviene de dos vidas: las de los dos padres del modo en que la vida física
proviene de la unión de dos naturalezas. Y cabalmente eso es Su Vida: la unión
de dos naturalezas, la de Él, la divina, y la humana (la deidad en forma
corporal, la unión del cielo y de la tierra en una vida, en un “cigoto”).
Y la semilla cayó a tierra
(murió y fue enterrada). Su forma externa pasó por la muerte, pero solamente
entonces dio fruto la vida interior de la semilla. Mediante Su Muerte dio nueva
vida para todos los que creemos en Él.
Y lo mismo nos sucede a
nosotros cuando nacemos de nuevo. Nuestra vida se convierte en una unión, una
unión de dos naturalezas: tierra y cielo, lo temporal y lo eterno, Dios en
nuestra humanidad. Todo hijo de Dios somos una unión, la unión de dos
naturalezas, una semilla que necesita caer a la tierra y morir a nosotros
mismos, dar nuestra vida egocéntrica, carnal, la vieja naturaleza, para llevar
mucho fruto (Jua_15:1-5).
Cada vez que morimos al yo,
que crucificamos la carne, que rendimos nuestra voluntad a la voluntad de Dios
(Jua_3:30, Mat_16:24) el poder de dios y de la nueva vida es liberado en
nosotros, y daremos fruto, más fruto y mucho fruto (Mat_13:31_32,
Mar_4:31-32, Jua_15:1-5) y entonces, nuestra vida producirá el fruto que
siempre tuvo que haber producido, y los propósitos de dios para nuestra vida se
cumplirán, y darán fruto, y esa es la ley de la semilla: que produzca fruto, más
fruto y mucho fruto.
Dejemos que muera el viejo
hombre, el yo (Mat_16:24-26, Mat_10:39, Efe_4:22-24), neguemos nuestra
carne, los pensamientos que nos parecen derechos en nuestra propia opinión,
pero cuyo fin son ruina (Pro_16:25), el yo, el ego, la voluntad propia,
y rindamos nuestra voluntad a la de Él (Mat_7:21) y que el poder de la
vida contenido en la semilla sea liberado en nosotros para la gloria de Dios,
para nuestra bendición y para bendición de los que están a nuestro alrededor.
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