martes, 25 de noviembre de 2025

La ley del crecimiento.

 

LA LEY DEL CRECIMIENTO.

 

Todo lo creado por Dios obedece a una ley "natural": la del crecimiento. • Todo lo vivo nace, crece y se desarrolla y cuando deja de crecer y desarrollarse muerte. Y lo mismo que sucede en lo natural sucede en lo espiritual por cuanto lo natural es el reflejo de lo espiritual (Heb_11:3).

 

Si no crecemos en nuestra vida espiritual, tarde o temprano, sin estar muertos físicamente, moriremos o languideceremos en nuestra vida espiritual: el amor se enfriará (Mat_24:12), dejaremos el primer amor (Apo_2:4) convirtiéndonos en activistas, pero no adoradores (Apo_2:1-3, Jua_4:23-24) o lo que es peor aún, nos apartaremos hacia enseñanzas irrelevantes según nuestras propias concupiscencias (2Ti_3:1-5, 2Ti_4:3-4) o podríamos caer en apostasía (1Ti_4:1). Recordemos que estamos en una época en la que el diablo no solo anda como león rugiente buscando a quién devorar (1Pe_5:8) sino que también ha descendido con gran ira sabiendo que le queda poco tiempo (Apo_12:12), señal de lo cual es la multiplicación exponencial de la maldad en los últimos 25 años por lo menos.

 

La Palabra nos advierte en Efe_6:10-13 que nos fortalezcamos en el Señor y en el poder de Su fuerza (en Su Palabra y en la comunión con Él) para que podamos resistir las acechanzas del diablo y nos mantengamos firmes en el día malo.  Y para ello es esencial el crecimiento espiritual.

 

Así como en la vida terrenal nos enfocamos en crecer económica, posicional, personal y familiarmente, lo cual no está mal, igualmente si no aun más, deberíamos esforzarnos en el crecimiento espiritual por cuanto es el único crecimiento que perdurará después de la vida terrenal.  Todos los otros crecimientos que podamos experimentar tienen una duración temporal, pero el crecimiento espiritual tiene efectos no solo en lo terrenal (3Jn_1:2) sino más importante aún, en lo eterno.

 

Además, el crecimiento en lo natural, para ser efectivo, permanente y de bendición, requiere que sea derivado de nuestro crecimiento espiritual (Pro_4:18, Mat_6:33). 

 

Por todo lo anterior necesitamos esforzarnos más en nuestro crecimiento espiritual que en nuestro crecimiento natural o terrenal. Si nos estamos enfocando más en nuestro crecimiento terrenal que en el espiritual, es en lo terrenal que está nuestro tesoro, no en Dios, y por lo tanto, no estamos amando a Dios con todo nuestro ser (Mat_22:37-38) que es el primero y más importante mandamiento de la Palabra de Dios, además de que estamos poniendo en peligro, en mayor o menor grado, nuestra vida eterna (Mat_16:24-26). Y nos estamos convirtiendo, también en mayor o menor grado, en más amigos del mundo que de Dios, y los amigos del mundo, al final, son enemigos de Dios.

 

Para tener un crecimiento espiritual sólido, no solo necesitamos ser salvos y asistir a nuestras actividades congregacionales: necesitamos dedicarnos con energía a ello, lo que implica:

·         El escuchar, entender, meditar, escudriñar, atesorar y poner por obra la Palabra de Dios (Mat_4:4, Jua_5:39, Jua_17:3) para renovar nuestro entendimiento (despojarnos del hombre viejo y vestirnos del hombre nuevo, Efe_4:22-24, Rom_12:2, 2Co_10:4-5) y teniendo en la Palabra nuestra delicia (Sal_1:1-3).

·         Fortalecer nuestra comunión con el Padre por medio del Hijo a través del Espíritu Santo (Jua_14:6, Stg_4:5, Jua_4:23-24) y la búsqueda de la dirección de la Palabra y del Espíritu Santo (Sal_119:105, Rom_8:14) y de la obediencia a esa dirección.

·         Incrementar nuestro agradecimiento y alabanza al Señor por todos Sus beneficios (Sal_103:1-2, Sal_100:4, 1Ts_5:18).

·         No dejar de congregarnos porque allí envía Dios bendición y vida eterna (Sal_133:1-3) e involucrarnos activamente en la vida de la iglesia como miembros del Cuerpo de Cristo (1Co_12:1-31).

 

Hagamos de ello nuestro compromiso y disciplina diaria sabiendo que nuestra recompensa será no solo en la vida terrenal sino también en la eterna una vida abundante (Jua_10.10), una vida plena (Efe_1:22-23), una vida bendecida (Efe_1:3), una vida en victoria (Rom_8:31-39) y una vida en aumento constante (Fil_1:6, Pro_4:18) en los planes de Dios para nosotros que son de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11).

 

La vida cristiana, al igual que la vida natural, es una vida de enfoque, decisiones, esfuerzo, disciplina, etc., si queremos avanzar en ella, aunque los resultados de una y de otra son diferentes: el esfuerzo en lo terrenal solo trae recompensas temporales, inseguras, inestables, en tanto que nuestro esfuerzo en lo espiritual trae recompensas eternas. Necesitamos hacer lo primero, pero sin descuidar lo segundo.

 

La misma Palabra nos lo enseña. Necesitamos esforzarnos en la Gracia (2Ti_2:1-6, Mat_11:12, Jos_1:7-8) sin verdaderamente queremos que nos vaya bien en la vida terrenal sin descuidar el hecho de que nos vaya bien también en la vida eterna. Así que ¡¡¡Ánimo y persistencia, sabiendo que lo mejor de Dios viene para nosotros!!!

 

 

 

 

 

 

 

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