miércoles, 5 de noviembre de 2025

Decisiones.

 DECISIONES.

Los seres humanos, sin excepción alguna, estamos todos los días y varias veces al día, frente a la coyuntura de tener que tomar múltiples decisiones relacionadas con los diferentes aspectos de nuestra vida (personal, familiar, laboral, social, etc.). Y siempre vamos a estar frente a dos alternativas cuyos resultados son diametralmente diferentes: tomar decisiones según nos parezca de acuerdo con nuestra propia opinión, las cuales, al final, pueden tener resultados temporales, pero no eternos, y muchas veces (demasiadas quizá) nos conducen a la ruina, destrucción, pérdidas, mentiras, etc., o bien tomar decisiones conforme a la dirección y voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta (Rom_12:2) y que además implican que no tropezaremos como resultado de ellas (Sal_119:105) y además llevarán nuestra vida en aumento, en crecimiento (Fil_1:6, Pro_4:18).

En la Palabra de Dios tenemos muchos testimonios de los resultados de unas y otras, pero sobresale uno que encontramos en Num_13:27-33, que concierte a los espías que Moisés envió a reconocer la Tierra Prometida .  Ellos vieron las bendiciones de esa Tierra Prometida (que eran una realidad) e hicieron un listado de ellas, pero le dieron mayor énfasis a los posibles obstáculos (que eran una posibilidad y no una realidad, además que mintieron exagerando las circunstancias adversas).

Los doce espías vieron las bendiciones de la tierra prometida (que eran una realidad), e hicieron un listado de ellas, pero le dieron mayor énfasis a los posibles obstáculos (que eran solo una posibilidad y no una realidad) además de que los vieron de maneras exageradas al punto de caer en la mentira. En lugar de centrarse en lo que era, y que confirmaba lo que Dios les había dicho sin lugar a dudas), se centraron en lo que podía (o no) ser, y decidieron rendirse ante la posibilidad, en lugar de llenarse de fe y esperanza en Dios ante lo que era una realidad que tenían delante de sí y que Dios se las había entregado, además de en la promesa de que Él destruiría a sus enemigos, como ya lo había demostrado a lo largo de su liberación de Egipto y su travesía por el desierto.

Lo que evidenciaba ese informe era una mentalidad de incredulidad y de esclavitud, de falta de fe, que evidenciaba que no les sirvió de nada todas las maravillas que Dios había hecho por ellos desde las plagas de Egipto y en el desierto: contradijeron, desconfiaron y desafiaron a Dios, tachándolo prácticamente de mentiroso, negaron Su Palabra y no solo la pusieron en duda sino que también pusieron en duda a Dios. Además, con tal de sostener su argumento (autodefensa) mintieron al pueblo para meterles miedo.

Ello nos deja una gran lección a nosotros, los creyentes y los no creyentes: cuando nos enfrentemos a situaciones negativas no nos concentremos en ellas sino en la Omnipotencia de Aquel que está a nuestro favor y es Más que Suficiente ("YO SOY EL QUE SOY") para vencer cualquier obstáculo y situación negativa.  Máxime si somos Sus hijos, y si todavía no lo son porque no han reconocido plenamente en su corazón al Señor Jesucristo como su Señor y Salvador (de oídas lo han oído pero realmente no le han conocido profundamente), esta puede ser una buena oportunidad de reconocerlo y ser adoptados como hijos de Dios (Jua_1:12, Rom_8:14-17).

En ese pasaje encontramos seis puntos esenciales para transformar la mentalidad de esclavos de la vieja manera de vivir en la mentalidad de hijos de Dios vencedores en la nueva manera de vivir en Él, siempre que estemos en Él, que permanezcamos en Él y en Su Palabra (Efe_4:22-24, Rom_12:2):

  • La Palabra de Dios es la verdad irrefutable para toda persona, todo tiempo, toda circunstancia, todo lugar, toda cultura (Sal_119:160, Jua_17:17).
  • Separados de Dios nada que tenga peso esencial, eterno, podemos hacer (Jua_15:1-7).
  • Somos lo que Dios dice que somos y necesitamos creerlo en nuestro corazón (2Co_5:17, Pro_23:7)
  • Tenemos lo que Dios dice que tenemos y necesitamos creerlo en nuestro corazón (1Co_3:21-22).
  • Podemos lo que Dios dice que podemos y necesitamos creerlo en nuestro corazón (Fil_4:13, 1Jn_4:4).
  • En todas las cosas somos más que vencedores por medio de Cristo (Rom_8:31-39).



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