martes, 11 de noviembre de 2025

Lo que realmente importa.

 

LO QUE REALMENTE IMPORTA.

 

En Fil_1:9-11 la Palabra de Dios nos brinda varias claves importantes para orientar, enfocar, nuestra vida cristiana, como hijos de Dios (Jua_1:12).

·         Que nuestro amor abunde más y más.

·         En ciencia y en conocimiento.

·         Para que aprobemos lo mejor.

·         Para ser sinceros e irreprensibles, llenos de frutos de justicia por medio de Cristo.

 

Amor abundante más y más.

·         No nos está hablando de cualquier clase o forma de amor, sino de uno específico, concreto: el amor Ágape, un amor al prójimo que implica afecto verdadero, benevolencia, incondicionalidad, sacrificial, aunque nos cueste), como el Amor que Cristo mostró por el mundo cuando se encarnó y cumplió Su ministerio redentivo en el mundo (Jua_3:16): poner nuestra vida por el prójimo (Fil_2:3-4). Y un amor que no es estático sino dinámico, que va creciendo día con día, eliminando todo obstáculo del yo, el ego, la carne que nos esté impidiendo dar nuestra vida por los demás (Efe_5:1-2, Jua_15:12).

 

En ciencia y en conocimiento.

·         Ese tipo de amor no es el que surge de nuestras propias emociones, sentimientos o pensamientos. Es un amor que surge del conocimiento profundo y personal de Dios, que nos amó primero (1Jn_4:19), un conocimiento no solo de Sus obras, sino principalmente de Su corazón, Su carácter y Su voluntad, con discernimiento espiritual y no solo conocimiento intelectual.

·         Ello solo lo logramos mediante la comunión constante con Él por medio del Espíritu Santo en todas las formas posibles de oración (acción de gracias y alabanza; lectura, entendimiento, meditación, atesoramiento y obediencia de la Palabra; búsqueda de dirección y respuestas, peticiones, etc.)  además de la enseñanza, recordatorio, dirección, ayuda y revelación del Espíritu Santo en la Palabra (Jua_17:3, 1Co_2:9-12).

·         Un amor sin el conocimiento de la Verdad que nos hace libres (Jua_8:31-32) en realidad no es amor sino sentimentalismo, y un amor sin conocimiento y discernimiento espiritual es un sentimentalismo ciego. Y lo que en este pasaje nos está indicando es que el amor que tengamos en nosotros para otros, no sea ni sentimentalismo ni ciego, sino con plena certeza y conocimiento de Dios, de Su Palabra y de Su Voluntad para con todos los seres humanos.

 

Para que aprobemos lo mejor.

·         No se trata solo de hacer lo bueno en lugar de lo malo, sino de hacer lo mejor (que es superior a lo bueno), no solo de hacer lo aceptable sino hacer lo excelente (lo mejor que podamos hacer incluso sacrificialmente).

 

Llenos de frutos de justicia.

·         Los frutos de justicia se refieren al resultado de buscar el Reino de Dios y Su justicia (Mat_6:33), de la aplicación de sus principios y Su Voluntad en lugar de la nuestra (Rom_14:17), lo que implica la negación del yo, del ego, de la carne (Jua_3:30) y que Cristo viva en nosotros y a través de nosotros (Gal_2:20) y sea manifiesto el fruto del Espíritu en todos los aspectos de nuestra vida (Gal_5:22-23).

 

Y las metas de todo ello son dos:

·         Para que Dios sea exaltado, glorificado, admirado, reconocido (Mat_5:13-16).

·         Para que seamos irreprensibles en la Venida de Cristo (o para cuando nos toque presentarnos delante de Él después de vivir la vida terrenal).

 

En otras palabras, lo que Dios pide de nosotros, como resultado de Su Gracia por medio de la fe en la salvación y en todos los aspectos de nuestra vida, es que siempre estemos llenos del fruto de la salvación: el carácter justo que Jesucristo produce en nuestras vidas (Jua_3:30, Rom_8:13-14, Rom_8:28-29, 2Co_3:18, Gal_2:20, Cnt_7:10, Efe_4:22-24) pero no por nuestro propio esfuerzo ni de manera perfecta e inmediata desde el día de nuestra salvación, sino por el poder y la obra del Espíritu Santo en nosotros (Hch_1:8, Efe_1:19-20, 2Co_3:18, Fil_1:6) buscando primeramente todo el transcurrir de nuestra vida, el Reino de Dios y Su justicia, que producirá que todo ello nos venga por añadidura (Mat_6:33). Todo ello implica que cada vez en mayor medida, sea Cristo en nosotros, el carácter, las obras, el fruto, la voluntad de Cristo en nosotros, que es nuestra esperanza de gloria (Col_1:27).

 

 

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