lunes, 26 de enero de 2026

Vivir nuestra herencia de victoria.

 

VIVIR NUESTRA HERENCIA DE VICTORIA.

 

La Palabra nos enseña en Rom_8:15-17 y Gal_4:7 que somos herederos de Dios, de todo lo que es de Él, y dentro de ello, la victoria sobre las obras de las tinieblas (Col_2:13-15).  No importa que sea con lo que ahora estemos batallando, o vayamos a batallar en el futuro (vicios, carácter, pecado, fracasos, etc.), aunque parezcan como la ciudad de Jericó para los israelitas (amurallada, impenetrable, invencible), en el Señor y como Sus hijos, no hay nada imposible (Luc_1:37) si podemos creer (Jua_11:40).  El Señor la venció todas esas obras de las tinieblas, y porque estamos en Él, somos herederos de esas victorias (1Jn_3:8, 1Jn_4:4, Rom_8:28-29, Jua_16:33, Fil_4:13).

 

Recordemos: somos herederos de Dios y coherederos con Cristo, y ello incluye no solo la victoria sobre todas las obras de las tinieblas que pudieran venir contra nosotros, sino también herederos de todos Sus atributos, de todas sus cualidades comunicables, que están en nosotros (2Pe_1:3-4) como resultado de la nueva naturaleza que hemos recibido en la salvación por Su Gracia (2Co_5:17, 1Pe_1:23).

 

Entonces, la pregunta que necesitamos hacernos cuando nos enfrentamos a esos obstáculos, adversidades, malos hábitos, pecados, malas decisiones, errores, etc., no es si venceremos o no.  La pregunta correcta es ¿Cuándo lo haremos?  La vida siempre tendrá sus retos y los retos siempre tendrán oposición, pero en Dios Él nos dará las fuerzas para enfrentarlos (Hch_1:8, Rom_8:26), pero no solo para enfrentarlos sino, mejor aún, para vencerlos.

 

El problema de hoy no es necesariamente tiene que ser el problema de mañana.  Hoy es el día de enfrentarlo y tener victoria sobre él.  Mañana será otro día para enfrentar lo que tengamos que enfrentar y tener victoria nuevamente, y así sucesivamente, un día a la vez (Mat_6:34). Hoy es el día para esforzarnos, enfrentar y vencer lo que se nos presente (Jos_1:6-9).  Mañana será otro día, otras circunstancias, otros retos, otras victorias, otros problemas, etc.  Pero el día clave de la victoria es hoy.  Si libramos la batalla hoy, y superamos (aunque solo sea una parte del problema), el día de mañana también podremos hacerlo (con el resto del problema) o con los nuevos retos a los que nos enfrentemos.

 

El día clave de la victoria, el día clave para hacernos de nuestra herencia, es hoy.  Hoy es el día de que comencemos la batalla contra ese aparente gigante, y cortemos su crecimiento.  Si no lo hacemos (procrastinación), mañana será más grande.  Hoy es el primer día de la derrota de ese gigante que nos está estorbando e interponiéndose entre nosotros y la tierra prometida (la victoria) de hoy que Dios nos ha concedido.

 

En Cristo no solo no estamos solos (Dios está con nosotros en la persona del Espíritu Santo), sino que tenemos a nuestra disposición todo Su poder (Hch_1:8), toda Su ayuda (Rom_8:26) y todas las armas espirituales para vencer: la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios; el escudo de la fe; el Nombre que es sobre todo nombre ante el cual se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra; la oración, etc.

 

Echemos fuera todo pensamiento de derrota (que ninguno viene de Dios), que son armas que el diablo utiliza contra nosotros para robarnos, matarnos y destruirnos la herencia que tenemos en Cristo. Y armémonos con la Palabra de Dios y con la fe (creer y obedecer la Palabra) y enfrentemos cada situación adversa que nos quiera impedir el día de hoy que entremos en el resto de la herencia que Dios tiene para nosotros este día: vida abundante (Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23), vida bendecida (Efe_1:3), vida en victoria (Rom_8:31-39), Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y su vida en aumento en nosotros (Fil_1:6, Pro_4:18, 2Co_3:18).  Si Él con nosotros ¿quién contra nosotros? (Rom_8:31).

 

De tal manera que ¡¡¡Ánimo y adelante!!! En Cristo no podemos perder ninguna batalla, en Él somos más que vencedores en todas las cosas (Rom_8:31-39).

 

Importante. Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

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