LAS CUEVAS Y LOS DESIERTOS.
En
la vida, por espirituales que seamos, en algún momento vamos a pasar por
desiertos o nos vamos a encuevar sobrepasados por nuestras circunstancias
adversas (Jua_16:33, 1Pe_5:8-10, 1Pe_1:5-6). Ellos no necesariamente
deben ser malos ni lapidarios. Todo va a depender de lo que nosotros hagamos
con ellos y en ellos.
Los
desiertos y las cuevas pueden ser lugares y momentos de aprendizaje, de
formación para lo que está por venir, o pueden ser lugres de descanso y de
reposición de nuestras energías espirituales para seguir adelante en el camino
del Señor (Ose_2:14-16), de tal manera que no deberíamos angustiarnos
por ellos, pero tampoco deberíamos permitir que se hagan permanentes en
nuestras vidas. Dios no nos llamó para vivir en desiertos ni encuevados.
Cuando
David se tuvo que esconder en la cueva de Adulam, pudo haber pensado que ese
era el fin de su llamado a ser rey de Israel, pero Dios usó ese tiempo para
atraer hacia él a los que serían la base de su ejército de valientes con los
cuales establecería el Reino que Dios había determinado para Israel y que luego
dominaría sobre todos los pueblos vecinos más allá de las fronteras de la
tierra prometida, el ejército que conquistó todos los territorios que Dios le
había prometido a Moisés y de los que Josué y los israelitas solo tomaron una
parte.
Cuando
Juan el Bautista, Jesús, Pablo, Elías, Moisés, etc., estuvieron en el desierto
no fueron tiempos de sufrimiento sino de preparación para lo que vendría
después en sus vidas para el cumplimiento de los planes y el propósito de Dios
para ellos.
Y
si así fue con ellos, también así será con nosotros porque Dios no hace
acepción de personas (Deu_10:17, Hch_10:34, Gal_2:6).
De
tal manera que la cueva donde has estado metido (como Elías) o el desierto por
el cual has estado transitando (como Jesús) no es el final de tu camino, ni un
lugar permanente en el cual acomodarte.
Ha sido tu lugar de preparación y formación para lo que vendrá. Delante
de ti todavía están los buenos planes de Dios para darte un futuro y una
esperanza (Jer_29:11), para llevar tu vida en aumento como la luz del
sol va en aumento del alba al medio día (Pro_4:18), para que tengas una
vida abundante (Jua_10:10), bendecida (Efe_1:3), plena (Efe_1:22-23),
victoriosa (Rom_8:31-39).
Es
hora de que te levantes del acomodamiento, la comodidad, la zona de confort, la
“normalidad”, lo mínimo en la que por algunas circunstancias de la vida pudiste
haberte metido, y comiences a caminar en lo que Dios ha determinado para ti (Sal_119:105,
Rom_8:14-17). Que te sacudas el acomodamiento, la comodidad, el confort, la
normalidad, los mínimos en los que has estado viviendo y te revistas de los
planes de Dios para ti (Efe_4:22-24).
Lo mejor de Dios para ti todavía está por delante, aquí en la tierra y
por siempre en la eternidad.
Ya
es tiempo de salir de la cueva, de salir del desierto y despertar a lo que Dios
tiene para ti.
Importante. Si quieres experimentar
este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de
todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo
con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados,
ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo,
sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el
mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa
fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37,
Jua_8:31-32, Jua_8:36).
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