LOS LEPROSOS.
En el
Antiguo Testamento, la lepra era, en algunos casos, símbolo o tipo del pecado (Num_12,
2Re_5), o cuando menos, personas ritualmente impuras incapaces de
participar en la vida religiosa y comunitaria, y los que estaban enfermos de
lepra eran apartados de la comunión con el resto de las personas de sus familias
y comunidades, condenados a vivir en lugares apartados, para evitar la
contaminación de los demás (Lev_13:45-46). Ello implicaba un estigma religioso y social.
En
el Nuevo Testamento ocurre un cambio radical: Jesús se acerca, toca y sana a
los leprosos, algo que era impensable en su contexto (Mat_8:2-3, Mar_1:40-42,
Luc_17:11-29, Mat_11:5, Luc_7:22) además de que nos instruye a sus
seguidores a que vayamos y hagamos lo mismo (Mat_10:8).
Es
importante notar que Jesús no solo los sanaba, los tocaba y los sanaba, y ello
implicaba una sanidad integral: en primer lugar, espiritual porque quitaba de
ellos el estigma religioso, en segundo lugar, emocional, porque al tocarlos
estaba quitando de ellos el estigma social y además supliendo una carencia que
habían experimentado desde la aparición de la lepra, el contacto físico que
implica aceptación en lugar de rechazo, y finalmente la sanidad física.
La
lepra es utilizada como símbolo de pecado en la Biblia (en algunos casos)
porque tiene los mismos efectos que el pecado: nos daña progresivamente, nos
aisla principalmente de Dios (Isa_59:2) y nos hace incapaces de
recuperarnos y restaurarnos por nosotros mismos, por nuestras propias obras (Isa_64:6).
Por el otro la sanidad de la lepra, implica, al igual que la salvación (Efe_2:8-9)
una intervención divina para la sanidad del pecado (Heb_8:12, Heb_10:17),
perdón (Hch_26:18, Efe_1:7, Col_1:14), restauración total (Luc_4:18-19)
y reintegración a la comunidad de los hijos de Dios (Efe_2:12-16).
Desde
la perspectiva bíblica entonces, la lepra nos habla de la fragilidad humana
tanto físico como espiritual, del impacto del pecado y la exclusión que él
implica, y de la necesidad de la sanidad integral (espíritu, alma y cuerpo,
1Ts_5:23), y sobre todo, que Dios no rehúye al impuro, sino que lo busca
para restaurarlo (Jua_3:16-17).
Lo
que la Biblia nos enseña que Dios hace por los pecadores, lo puede hacer por
todo aquel que tenga el corazón dispuesto (Isa_55:6, Isa_1:18, Hch_2:21),
sin que medien buenas obras como condición para ello (Efe_2:4-5, Efe_2:8-9).
De
tal manera que, si todavía no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón
(Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13), este es el tiempo de hacerlo, hoy es
el día, porque Dios en su Palabra nos dice que habrá un tiempo (y ya está muy
cercano, Amo_8:11) de tal manera que necesitas buscarlo mientras puede
ser hallado (y esta puede ser una de las últimas oportunidades, Isa_55:6).
Y ello lo puedes hacer con una oración simple pero salida del corazón,
pidiéndolo a Dios que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por su
Espíritu Santo te guie para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al
mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17)
y que al que viene a Él no le echa fuera, sino que le da libertad para vivir
todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).
Y
si ya se le hemos entregado nuestra vida a Cristo reconociéndolo con el corazón
como Señor y Salvador de tu vida, en primer lugar, vivamos con gozo y con
agradecimiento al Señor todos los días de nuestra vida por esta salvación tan
grande (1Ts_5:16-18) y cuidándola (Heb_2:1-3), que implica Su
Adopción para con nosotros como hijos, y como tales, ser Sus herederos de todas
sus promesas, de sus cualidades comunicables y del fruto del Espíritu (Jua_1:12,
Rom_10:14-17), en segundo lugar, de seguir negando, con la ayuda del
Espíritu Santo, nuestra carne, nuestra vieja manera de vivir y pensar para que
podamos entrar en el disfrute pleno de Su herencia para con nosotros (Rom_14;3,
Rom_12:2, Efe_4:22-24, 3Jn_1:2, Jos_1:7-8, Sal_1:1-3), y en tercer lugar, este
es el tiempo de ir un paso más adelante, de crecer en Él (Fil_3:12-14),
de crecer en la obediencia a Su Palabra (1Pe_1:13-16), de crecer en la
comunión y dirección del Espíritu Santo (Efe_5:18), de velar y orar para
estar preparados para su pronta venida por Su Novia (Efe_5:25-27,
Efe_6:10-13).
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