lunes, 26 de enero de 2026

Los leprosos.

 

LOS LEPROSOS.

 

 

En el Antiguo Testamento, la lepra era, en algunos casos, símbolo o tipo del pecado (Num_12, 2Re_5), o cuando menos, personas ritualmente impuras incapaces de participar en la vida religiosa y comunitaria, y los que estaban enfermos de lepra eran apartados de la comunión con el resto de las personas de sus familias y comunidades, condenados a vivir en lugares apartados, para evitar la contaminación de los demás (Lev_13:45-46).  Ello implicaba un estigma religioso y social.

 

En el Nuevo Testamento ocurre un cambio radical: Jesús se acerca, toca y sana a los leprosos, algo que era impensable en su contexto (Mat_8:2-3, Mar_1:40-42, Luc_17:11-29, Mat_11:5, Luc_7:22) además de que nos instruye a sus seguidores a que vayamos y hagamos lo mismo (Mat_10:8).

 

Es importante notar que Jesús no solo los sanaba, los tocaba y los sanaba, y ello implicaba una sanidad integral: en primer lugar, espiritual porque quitaba de ellos el estigma religioso, en segundo lugar, emocional, porque al tocarlos estaba quitando de ellos el estigma social y además supliendo una carencia que habían experimentado desde la aparición de la lepra, el contacto físico que implica aceptación en lugar de rechazo, y finalmente la sanidad física.

 

La lepra es utilizada como símbolo de pecado en la Biblia (en algunos casos) porque tiene los mismos efectos que el pecado: nos daña progresivamente, nos aisla principalmente de Dios (Isa_59:2) y nos hace incapaces de recuperarnos y restaurarnos por nosotros mismos, por nuestras propias obras (Isa_64:6). Por el otro la sanidad de la lepra, implica, al igual que la salvación (Efe_2:8-9) una intervención divina para la sanidad del pecado (Heb_8:12, Heb_10:17), perdón (Hch_26:18, Efe_1:7, Col_1:14), restauración total (Luc_4:18-19) y reintegración a la comunidad de los hijos de Dios (Efe_2:12-16).

 

Desde la perspectiva bíblica entonces, la lepra nos habla de la fragilidad humana tanto físico como espiritual, del impacto del pecado y la exclusión que él implica, y de la necesidad de la sanidad integral (espíritu, alma y cuerpo, 1Ts_5:23), y sobre todo, que Dios no rehúye al impuro, sino que lo busca para restaurarlo (Jua_3:16-17).

 

Lo que la Biblia nos enseña que Dios hace por los pecadores, lo puede hacer por todo aquel que tenga el corazón dispuesto (Isa_55:6, Isa_1:18, Hch_2:21), sin que medien buenas obras como condición para ello (Efe_2:4-5, Efe_2:8-9).

 

De tal manera que, si todavía no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13), este es el tiempo de hacerlo, hoy es el día, porque Dios en su Palabra nos dice que habrá un tiempo (y ya está muy cercano, Amo_8:11) de tal manera que necesitas buscarlo mientras puede ser hallado (y esta puede ser una de las últimas oportunidades, Isa_55:6). Y ello lo puedes hacer con una oración simple pero salida del corazón, pidiéndolo a Dios que te perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por su Espíritu Santo te guie para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera, sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

Y si ya se le hemos entregado nuestra vida a Cristo reconociéndolo con el corazón como Señor y Salvador de tu vida, en primer lugar, vivamos con gozo y con agradecimiento al Señor todos los días de nuestra vida por esta salvación tan grande (1Ts_5:16-18) y cuidándola (Heb_2:1-3), que implica Su Adopción para con nosotros como hijos, y como tales, ser Sus herederos de todas sus promesas, de sus cualidades comunicables y del fruto del Espíritu (Jua_1:12, Rom_10:14-17), en segundo lugar, de seguir negando, con la ayuda del Espíritu Santo, nuestra carne, nuestra vieja manera de vivir y pensar para que podamos entrar en el disfrute pleno de Su herencia para con nosotros (Rom_14;3, Rom_12:2, Efe_4:22-24, 3Jn_1:2, Jos_1:7-8, Sal_1:1-3), y en tercer lugar, este es el tiempo de ir un paso más adelante, de crecer en Él (Fil_3:12-14), de crecer en la obediencia a Su Palabra (1Pe_1:13-16), de crecer en la comunión y dirección del Espíritu Santo (Efe_5:18), de velar y orar para estar preparados para su pronta venida por Su Novia (Efe_5:25-27, Efe_6:10-13).

 

 

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