BUENAS Y NUEVAS SIEMBRAS (DECISIONES).
Todos
los días
tenemos que tomar decisiones, en muchas situaciones, es decir, muchas
decisiones. Tenemos dos
grandes formas de tomarlas: desde nuestros
propios pensamientos y voluntad (el temor, el miedo, la codicia, la
autogratificación, la autoexaltación, la sexualidad, la ansiedad, la impaciencia, etc.,
Pro_16:25) o desde la dirección de Dios (la fe, la esperanza, el
agradecimiento, el contentamiento, la paz, la paciencia, etc.).
Cualquier decisión que tomemos va a tener
resultados, pero no los mismos resultados (Mat_7:13-14,
Mat_16:24-26). Unos podrán ser aparentemente favorables a
corto plazo, pero terribles a largo plazo, con gratificación a corto plazo pero
con problemas a mediano y largo plazo. Otros
que no nos pueden parecer favorables a corto plazo pero que son grandemente
beneficiosos a largo plazo, con gratificación talvez no a corto plazo pero si a
mediano y largo plazo. Los primeros son los que tomamos de acuerdo a nuestros
propios criterios (terrenales y temporales) en tanto que los otros son los que
tomamos de acuerdo a los criterios de Dios (celestiales y eternos).
No hay ninguna
forma de escapar a esos resultados: son una ley de la creación (natural,
emocional y espiritual (Gen_8:22, Gal_6:7-8, Deu_30:19-20) y sus resultados
trascienden a un tan largo plazo como la eternidad: el que escoja por los
criterios de Dios, comenzando por reconocer el Señorío de Cristo en su vida (Rom_10:8-.10,
Jua_1:12, Rom_8:15-17, Rom_12:2) será salvo y tendrá vida eterna, y el que
escoja vivir su vida bajo sus propios criterios tendrá condenación eterna (Jua_3:16-21,
Deu_30:19-20).
La pregunta,
entonces, que nos corresponde responder en primera instancia es: ¿estamos
seguros de que nuestros nombres ya están escritos en el Libro de la Vida Eterna
con Dios como resultado de haber reconocido con nuestro corazón el Señorío de
Cristo en nuestras vidas? Si no estamos
seguros de ello, hoy es el tiempo de asegurarnos esa decisión y ese futuro y de
no correr más riesgos. Hoy es el día de hacerlo con una oración sencilla allí donde estemos,
pidiéndole a Dios que perdone nuestros pecados, ayude a nuestra incredulidad y
por Su Espíritu Santo y Su Palabra nos guíe para experimentarlo, sabiendo que
Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo
por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa fuera sino que
le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37,
Jua_8:31-32, Jua_8:36).
Y
si estamos seguros de estar bajo el Señorío de Cristo en nuestras vidas,
entonces la pregunta sería: ¿Estamos aminando en nuestras decisiones diarias
hacia esa eternidad o seguimos tomándolas según nuestros propios criterios y
solo para la terrenalidad sin considerar la eternidad?
El
que decide para lo terrenal, de lo terrenal cosechará corrupción, pero el que
decide para la eternidad, de la eternidad cosechará vida eterna, plena (Efe_1:22-23),
abundante (Jua_10:10), bendecida (Efe_1:3), próspera en todas las
áreas de la vida (3Jn_1:2), en victoria (Rom_8:31-39).
La
Palabra nos enseña que nuestras decisiones para el hoy y para el mañana las
debemos tomar poniendo nuestra mirada en lo eterno, en lo que Dios nos enseña a
través de Su Palabra (Sal_139:105) y nos guía por Su Espíritu Santo (Rom_8:14),
cambiando nuestra manera de pensar de la forma en la que piensa el mundo y la
carne a la forma en la que piensa Dios (Rom_12:2, Efe_4:22-24, 3Jn_1:2).
No
todas las decisiones nos llevan al mismo lugar, no todos los caminos nos llevan
al mismo sitio. Cada camino tiene un
lugar de destino, y si elegimos por el camino de Dios ello nos llevará a una
vida bendecida, y si elegimos por el camino de nuestros propios pensamientos
posiblemente nos enfrentaremos a un desastre.
Cada
decisión que tomamos en una semilla que trae en sí misma su fruto, fruto de
bendición o fruto de maldición, nuestras decisiones no son semillas neutrales (Gal_6:7-8,
Deu_30.19-20). Si no lo hemos hecho
aún, si estamos teniendo malas cosechas en nuestra vida, hoy es el tiempo de
comenzar a tomar buenas decisiones y a cambiar las cosechas que recibiremos.
Puede llevarnos un poco de tiempo, pero que veremos los resultados favorables,
los veremos, sin lugar a duda (Hab_2:2-3).
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