CAMBIAR MENTALIDAD.
La Palabra de Dios nos enseña que inmediatamente después de la salvación necesitamos iniciar el proceso de renovar nuestra mente (Rom_12:2, Efe_4:22-24).
Renovar significa pensar de una nueva manera. Ello es así porque la salvación implica una nueva manera de vivir (2Co_5:17) y la manera de vivir deriva de nuestros pensamientos (Pro_23:7).
De tal manera que, para vivir de una nueva manera, conforme a la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Rom_12:2) necesitamos nuevos pensamientos (Rom_8:5-8). Si no cambiamos de mentalidad, aún cuando podríamos ser salvos para la eternidad, no viviremos una vida en victoria (Rom_8:31-39), bendecida (Efe_1:3), plena (Efe_1:22-23), próspera (3Jn_1:2), abundante (Jua_10:10), que implica vivir en los planes de Dios para nosotros, planes de bien y no de mal para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y llevar nuestra vida en aumento en todos los aspectos que ella implique (Pro_4:18, Fil_1:6).
Seguiremos con una mentalidad pecadora, de esclavos, como la que teníamos antes de reconocer el señorío de Cristo en nuestras vidas, de hijos del diablo (Rom_8:44) y no de hijos de Dios como nos corresponde ahora que por Su Gracia y la fe en Su Nombre hemos sido salvos (Jua_1:12, Rom_8:13-17), y como tales, con la posibilidad de ser bendecidos, justos, santos, en victoria, plenos, etc.
Si no cambiamos de mentalidad nos sucederá lo mismo que le sucedió a Israel cuando fue liberado por Dios en Egipto y llevado a la tierra prometida: tuvieron liberación de Egipto (la potestad del diablo), pero no cambiaron de mentalidad y por ello no entraron en la tierra prometida.
A pesar de todas las promesas de Dios y Sus manifestaciones poderosas para enseñarles que Él era el Más que Suficiente para entregarles la tierra prometida, y de tenerla enfrente y con todas las pruebas de la fidelidad de Dios en cuanto a lo que les había prometido, no entraron, y estuvieron vagando 40 años en el desierto, sobreviviendo, pero no creciendo y desarrollándose en todos los aspectos de su vida hacia una calidad de vida mejor.
La vida en Dios, como Sus hijos, está diseñada para que sea una vida creciente, para que el futuro sea mejor que el pasado, Y ello está en el corazón de todo ser humano, porque por creación, Dios ha puesto ese deseo eterno en nuestros corazones (Ecl_3:11). Todos los seres humanos tenemos ese deseo, pero no todos lo logran. Tal vez en algún aspecto de su vida lo logren por su propio esfuerzo y después de durísimas y/o largas batallas, pero, aun así, no alcanzaran la plenitud, porque solo cuando venimos al Señor y vivimos en la transformación constante de nuestra mentalidad, avanzaremos en todos los aspectos de la vida (Mat_6:33, Deu_28:1-2, Jos_1:7-8, 3Jn_1.2).
Por todo lo anterior necesitamos, además de reconocer el Señorío de Cristo y ser salvos, vivir nuestra vida como salvos, cambiando la mentalidad de esclavos (de ganancias mínimas) por la mentalidad de hijos de Dios libres (la vida abundante). Recordemos: en Dios, el pasado nunca será mejor que el futuro, y el mejor futuro no será parcial, sino total, completo, pleno.
¿Qué necesitamos para cambiar de mentalidad?
La transformación de nuestra mentalidad es un proceso de crecer en la fe y por fe, que además de ser salvos, requiere de nosotros esfuerzo (2Ti_2:1-6) echando mano de la ayuda del Espíritu Santo que nos provee del entendimiento y el poder para llevar adelante ese proceso (Hch_1:8, Rom_8:26, Jua_14:26, Juan_16:13) en el que necesitamos escuchar (Rom_10:17), estudiar (escudriñar, Jua_5:39), entender (Mat_13:23), atesorar en nuestro corazón y aplicar la Palabra de Dios, siendo discípulos aplicados de Cristo (Mat_28:18-20, Jua_8:31-32).
Este no es un proceso inmediato, aunque comienza a producir resultados inmediatos, sino un proceso continuo, permanente, en el que necesitamos leer y escuchar todos los días la Palabra de Dios porque nuestra vieja mentalidad (que va siendo transformada gradualmente) va a querer que la olvidemos todos los días. Por ello Jesús nos enseña que necesitamos considerarla de la misma manera que consideramos el alimento físico necesario todos los días (Mat_4:4, Deu_8:3, Luc_4:4).
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