EL DIABLO, EL ANTICIPADOR.
En la Palabra de Dios la serpiente es el tipo del diablo, y en el medio oriente, que es el ambiente natural en el cual la Escritura fue inspirada, existen muchos tipos de serpientes, y entre ellas hay una especial cuya alimentación principal son los huevos de aves, algunos de los cuales son mucho más grandes que el ancho de su cuerpo, pero que están dotados de una boca que se abre más allá de los límites de su cuerpo que le facilitan tragarlos y luego, con su cuerpo, los destripa.
Estas serpientes revelan un principio del mundo espiritual tal como nos lo enseña la Palabra en Heb_11:3, que las cosas naturales son un reflejo de las cosas espirituales. Siendo que la serpiente es un símbolo del mal y del enemigo de nuestras almas y los huevos son de donde emerge la vida, ello representa la función del diablo: robar, matar y destruir la vida de los seres humanos, y dentro de ellos, de nosotros los hijos de Dios.
Y tenemos de ello varios ejemplos en la Biblia.
Cuando los israelitas estaban en Egipto, antes de su liberación por Dios a
través de Moisés, el faraón (tipo del mal y del enemigo) mandó a matar a todos
los niños judíos y solo por un milagro Moisés sobrevivió. De la misma manera, después
de que Jesús nació, Herodes mandó a matar a todos los niños menores de dos años
en el área de Belén. Por otro lado, Dios había prometido reunir de nuevo al
pueblo judío de entre las naciones y resucitar a Israel como una nación, y
justo antes de que ello sucediera, pasó el Holocausto (la muerte de seis
millones de judíos a manos de los nazis, durante el tiempo de la segunda guerra
mundial). Esa enemistad del diablo con los niños (y por extensión con el pueblo
de Dios y con los hijos de Dios) es un hecho profetizado en la Biblia en Gen_3:15
donde se nos enseña que el diablo tendría una enemistad permanente (mientras el
diablo no sea atado en el milenio y echado definitivamente al lago de fuego al
final del milenio) entre él y la mujer y su simiente (sus hijos, principalmente
los niños), lo que también nos da un indicativo de que el diablo ataca
especialmente el comienzo de los propósitos de Dios, y nosotros, como hijos de
Dios, somos el propósito de Dios.
Este patrón se repite una y otra vez a lo largo de toda la historia humana: el enemigo trata de anticiparse a los propósitos de Dios justo antes de que comiencen, para evitarlos, o después de comenzar, para abortarlos y destruirlos. Pero ante ello no nos debemos olvidar que Jesús, el Hijo Unigénito de Dios, el Padre, vino al mundo para destruir las obras del diablo (1Jn_3:8), que mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo (1Jn_4:4) y que en todas las cosas somos más que vencedores (Rom_8:37), y así como Moisés, Jesús y el pueblo judío, fueron preservados para el cumplimiento del propósito de Dios, así mismo lo seremos nosotros.
Por otro lado, cuando estemos en la voluntad de Dios, y todo el infierno se venga contra nosotros, no nos desanimemos. Al contrario, animémonos porque ello es una buena señal: el diablo no gasta su tiempo en atacar objetivos no estratégicos, y ello indica, entonces, que nosotros somos un objetivo estratégico en el plan de Dios para este tiempo, en este lugar. Y aunque el infierno y el diablo hagan todo lo posible por impedirnos avanzar en el propósito de Dios para nuestras vidas (2Co_2:11) mayor es nuestro Padre, nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu Santo que mora y obra en nosotros, que todo el infierno juntos, y harán que el propósito de Dios se cumpla en nosotros (Sal_138:8, Efe_2:10, Sal_139:13-16). El Dios de los imposibles en toda Su plenitud está a favor de nosotros, así que no nos entretengamos con las distracciones del diablo, ni contra las maquinaciones del diablo que, como anticipador, nos están anticipando que Dios tiene un propósito maravilloso para nosotros que está en avance y que se cumplirá (Isa_46:10, Num_23:19). Sigamos adelante con mayor fuerza hasta que el propósito de Dios para nosotros se cumpla (Heb_10:36, Fil_3:13-14).
No hay comentarios:
Publicar un comentario