DIAS DE ADORACIÓN.
La
adoración no es algo que hacemos ocasionalmente. Es un estilo de vida para el
creyente que implica el amar al Señor con todo nuestro ser y con todas nuestras
fuerzas, todos los días de nuestra vida y todos los instantes (Mat_22:36-40,
Jua_4:23-24). Es igual a cuando una persona esta enamoradísima de otra, la
adora, todo el día, todos los instantes, piensa en esa persona y concentra sus
pensamientos en ella.
De
tal manera que la adoración bíblica implica vivir con nuestra mirada, nuestros
pensamientos y sentimientos puestos en el Señor todo el tiempo, lo cual sucede
a través de diversas maneras intercambiables.
La
primera de ellas es la acción de gracias, el agradecimiento. La Palabra nos
enseña que entremos por sus puertas, a la comunión con Él, con acción de
gracias (Sal_100:4) y que seamos agradecidos en todo tiempo y por todas
las cosas porque esa es la voluntad de Dios para con nosotros (1Ts_5:18).
Y ello implica por las cosas que nos agradan y por las que no nos agradan, no
por las cosas en sí, sino porque Dios, nuestro Padre, hace que todas las cosas
obren para bien de nosotros, sus hijos (Rom_8:28-29).
Una
segunda forma de mantenernos en adoración con el Señor es a través de la
alabanza. La Palabra nos enseña que entremos por sus atrios, a la comunión más
profunda con Él, con la alabanza, que no es más que el reconocimiento de Quién
es Dios y lo que Él hace por nosotros en todo el tiempo (pasado, presente y
futuro). La Palabra nos exhorta a no olvidarnos de lo que Dios ha hecho por
nosotros, a recordarlo con agradecimiento y con admiración (Sal_103:1-2).
Otra
forma de mantenernos en adoración y comunión con el Señor es a través de la
oración, que tal como nos lo enseña la oración del Padre Nuestro (Mat_6:9-15)
que implica alabanza, petición por nuestras necesidades e intercesión pidiendo
por las necesidades de otros, además de buscar respuestas (Jer_33:3) y
buscar la dirección de Dios para todos nuestros asuntos. Si bien es cierto la petición es oración, la
petición no es toda la forma de oración.
Oración, en su significado bíblico es mantenernos en comunión con Dios,
y como ya lo hemos visto en los párrafos anteriores también implica la acción
de gracias y la alabanza, así como otras cosas que mencionaremos a
continuación.
La
meditación en la Palabra es otra forma de adoración y comunión con Dios porque
nos conecta con Sus pensamientos. La Palabra nos enseña que oremos sin cesar (1Ts_5:17)
y también que meditemos en la Palabra de día y de noche y que tengamos en ella
nuestra delicia (Sal_1:1-3) lo que las hace equivalentes. Meditar la Palabra es concentrar nuestros
pensamientos en la búsqueda del entendimiento de ella y de su aplicación en las
diferentes áreas de nuestra vida, todo lo cual nos lleva a ser fructíferos en
el Señor y a que nos vaya bien en todas las cosas, lo cual también es parte y
consecuencia de la adoración porque renovará nuestra mente (Rom_12:2,
3Jn_1:2, Jos_1:7-8), provocando que nuestros pensamientos dejen de ser los
de la carne y sean los de Dios, que es una forma de conectarnos con Él, de
tener comunión con Él, y que nos lleva a la obediencia, que es, en realidad, la
esencia de la vida cristiana (1Pe_1:14-16, Deu_28:1-2, Mat_6:33).
La
meditación de la Palabra se conecta también con su memorización, repetirla,
compartirla, escribirla, lo que también nos relaciona con Dios y por lo tanto
también es adoración y comunión (Deu_6:1-9).
Otra
forma de adoración es buscar la manera y concentrar nuestras decisiones y
acciones en que todo lo que hagamos sea para Su Gloria (Col_3:22-23).
Y
todo lo anterior implica la obediencia a Su Palabra, que como la mencionamos,
es la esencia de la adoración y de la vida cristiana y es lo que Dios busca de
nosotros (1Pe_1:14-16, 1Ts_4:3, Deu_28:1-2, Mat_6:33) para lo cual nos
ha equipado no solo con la Palabra (Sal_119:105) para que la conozcamos
y la obedezcamos, sino también con el Espíritu Santo que nos ayuda en todo y
entre ello, para la obediencia a Él (Rom_8:26, Jua_14_15-17).
Todo
lo anterior significa que Dios nos ha equipado para la adoración, para vivir en
plena comunión con Él. Ya todo está hecho de parte de Dios quién pagó en Cristo
en la Cruz para que nosotros pudiéramos vivir de esa manera. Ahora nos toca a nosotros tomar las
decisiones necesarias para que ello suceda (Jua_3:30, Gal_2:20,
Mat_16:24-26, Rom_8:31-32), y cuando tomemos la decisión, el Espíritu Santo
nos ayudará con Su poder (Hch_1:8) para lograrlo gradualmente hasta que
lleguemos a la perfección en ello (Fil_1:6, Pro_4:18, 2Co_3:18).
Así
que tomemos la decisión, y seguro veremos que nuestras vidas serán crecientes
en cuanto a vida abundante (Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23),
vida bendecida (Efe_1:3), vida próspera en todas las áreas (3Jn_1:2),
vida victoriosa (Rom_8:31-39), y en el cumplimiento de los planes de
Dios para nosotros para darnos un futuro (vida terrenal) y una esperanza (en la
eternidad). Además de que viviremos una vida de sorpresas, experiencias y
aventuras en el Señor como nunca.
Hagamos
de nuestra vida una vida continua de adoración y experimentaremos cada vez un
mayor nivel del amor de Dios nuestro Padre (Jer_31:3), de gozo, de paz, de
agradecimiento, de plenitud (1Ts_5:16_18).
Importante. Si quieres experimentar
este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de
todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo
con una simple oración allí donde estés pidiéndole que te perdone tus pecados,
ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo,
sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el
mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa
fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37,
Jua_8:31-32, Jua_8:36).
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