miércoles, 21 de enero de 2026

El Dios de los imposibles.

 

EL DIOS DE LOS IMPOSIBLE.

 

Cuando el pueblo de Israel entró a Israel no lo hizo por cualquier lugar o por varios lugares a la vez, lo hizo por Jericó, y ello fue determinado por Dios, no como una casualidad sino por una razón sumamente importante.

 

La ciudad de Jericó era la ciudad más antigua de la tierra prometida porque era la más fortificada y la más amurallada, por lo que había resistido todos los ataques de sus enemigos. Sus habitantes eran feroces y crueles y habían resistido todos los asedios y rechazado todos los intentos de invasión de sus enemigos. Era una ciudad prácticamente impenetrable. Hasta que Dios se hizo presente por Su pueblo.

 

Que Dios escogiera esa ciudad como la primera que los israelitas debían enfrentar para entrar a la tierra prometida no fue casualidad. Era la oportunidad adecuada para Dios mostrar Su poder a favor de Su pueblo para derribar los imposibles. Porque no fue José ni el pueblo de Israel los que derribaron los muros y la defensa impenetrables de Jericó. Fue Dios Quién lo hizo por ellos.

 

Y ello es un ejemplo también para nosotros. Dios no cambia (Mal_3:6), Él es el mismo ayer, hoy por los siglos (Heb_13:8), y lo que Él hizo en el pasado es la primicia, el anticipo de lo que hará hoy y en el futuro.

 

Esos muros derribados por Dios para la victoria de los israelitas en un tipo de las imposibilidades que se nos pueden presentar en la vida, que tratan de impedirnos el cumplimiento de los propósitos de Dios para nosotros de vida abundante (Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23), vida en victoria (Rom_8:31-39), vida próspera (3Jn_1:2), de Sus buenos planes que Él tiene para nosotros para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y llevar nuestra vida en aumento como la luz de la aurora (Fil_1:6, Pro_4:18). Y la victoria y destrucción de esos muros de parte de Dios es el anticipo profético de lo que Él hará frente a las imposibilidades que se nos presenten en la vida para el cumplimiento de Sus propósitos.

 

Nuestros imposibles pueden ser el miedo, la amargura, los prejuicios, la decepción, el desánimo, la ansiedad, el mal carácter, la inseguridad, la culpa, el negativismo, el criticismo y, en fin, cualquier actitud o mentalidad que no nos permita alcanzar el gozo, la paz, el descanso y el disfrute de Sus planes para nosotros, que se nos resisten, nos confrontan, nos atacan, se burlan de nosotros, etc.

 

Aunque digan que no los vamos a poder vencer, en Cristo, los venceremos. Aunque digan que regresemos al desierto porque no podemos ser libres de ellos y cumplir con nuestros sueños de libertad no lo creamos porque para nuestro Padre no hay nada imposible (Luc_1:37) y si Él lo hizo con Jericó, lo volverá a hacer con nuestros Jericó particulares.

 

Para vivir la buena vida que nuestro Padre Dios tiene para nosotros y pagó en la Cruz mediante el Sacrificio de Cristo e implantó el deseo en nosotros por el Espíritu Santo, necesitamos enfrentarlos, no con nuestros recursos sino con los recursos de Dios, con las armas espirituales que nos ha dado en Cristo (2Co_10:4-5, Efe_6:10-18) y con el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros (Hch_1:8). Si no los enfrentamos no se van a ir. El diablo, el mundo y la carne no se van sin pelear, sin resistir, sin intentar permanecer. Frente a ello nosotros necesitamos revestirnos de Cristo y en el poder del Espíritu Santo enfrentarlos con la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios y con el escudo de la fe en la Palabra para destruir todas sus maquinaciones.

 

No estamos solos en la batalla. El Señor está con nosotros como Poderoso Gigante (Jer_20:11) y los que nos ataquen, nos resistan, nos persigan, tropezarán y no prevalecerán, serán avergonzados en grande manera, no prosperarán, tendrán perpetua confusión.

 

Así que ¡¡¡ánimo y adelante!!! En Cristo nuestra victoria está asegurada, aunque haya batallas que librar (Rom_8:31-39, 1Jn_3:8, 1Jn_4:4), aunque no sea siempre cómodo, fácil o rápido. Esforcémonos y seamos valientes (Jos_1:7-8, 2Ti_2:1-6, 1Co_16:13, Dan_11:32, Mat_11:12). No prestemos atención a las palabras que nos hablan de derrota (tienen su origen en el diablo, en el mundo y en la carne, y pretenden aprovecharse de nuestras debilidades) sino que prestemos atención a las palabras de victoria que nos enseña la Palabra de Dios que es la Verdad (Col_2:13-15), porque el poder de Dios se perfecciona y se manifiesta en nuestra debilidad, y hace por nosotros lo que para nosotros es imposible (2Co_12:9).

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