EL DIOS DE LOS IMPOSIBLE.
Cuando
el pueblo de Israel entró a Israel no lo hizo por cualquier lugar o por varios lugares
a la vez, lo hizo por Jericó, y ello fue determinado por Dios, no como una
casualidad sino por una razón sumamente importante.
La
ciudad de Jericó era la ciudad más antigua de la tierra prometida porque era la
más fortificada y la más amurallada, por lo que había resistido todos los
ataques de sus enemigos. Sus habitantes eran feroces y crueles y habían
resistido todos los asedios y rechazado todos los intentos de invasión de sus
enemigos. Era una ciudad prácticamente impenetrable. Hasta que Dios se hizo
presente por Su pueblo.
Que
Dios escogiera esa ciudad como la primera que los israelitas debían enfrentar
para entrar a la tierra prometida no fue casualidad. Era la oportunidad
adecuada para Dios mostrar Su poder a favor de Su pueblo para derribar los
imposibles. Porque no fue José ni el pueblo de Israel los que derribaron los
muros y la defensa impenetrables de Jericó. Fue Dios Quién lo hizo por ellos.
Y
ello es un ejemplo también para nosotros. Dios no cambia (Mal_3:6), Él
es el mismo ayer, hoy por los siglos (Heb_13:8), y lo que Él hizo en el
pasado es la primicia, el anticipo de lo que hará hoy y en el futuro.
Esos
muros derribados por Dios para la victoria de los israelitas en un tipo de las
imposibilidades que se nos pueden presentar en la vida, que tratan de
impedirnos el cumplimiento de los propósitos de Dios para nosotros de vida abundante
(Jua_10:10), vida plena (Efe_1:22-23), vida en victoria (Rom_8:31-39),
vida próspera (3Jn_1:2), de Sus buenos planes que Él tiene para nosotros
para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11) y llevar nuestra vida
en aumento como la luz de la aurora (Fil_1:6, Pro_4:18). Y la victoria y
destrucción de esos muros de parte de Dios es el anticipo profético de lo que
Él hará frente a las imposibilidades que se nos presenten en la vida para el
cumplimiento de Sus propósitos.
Nuestros
imposibles pueden ser el miedo, la amargura, los prejuicios, la decepción, el
desánimo, la ansiedad, el mal carácter, la inseguridad, la culpa, el
negativismo, el criticismo y, en fin, cualquier actitud o mentalidad que no nos
permita alcanzar el gozo, la paz, el descanso y el disfrute de Sus planes para
nosotros, que se nos resisten, nos confrontan, nos atacan, se burlan de
nosotros, etc.
Aunque
digan que no los vamos a poder vencer, en Cristo, los venceremos. Aunque digan
que regresemos al desierto porque no podemos ser libres de ellos y cumplir con
nuestros sueños de libertad no lo creamos porque para nuestro Padre no hay nada
imposible (Luc_1:37) y si Él lo hizo con Jericó, lo volverá a hacer con
nuestros Jericó particulares.
Para
vivir la buena vida que nuestro Padre Dios tiene para nosotros y pagó en la
Cruz mediante el Sacrificio de Cristo e implantó el deseo en nosotros por el
Espíritu Santo, necesitamos enfrentarlos, no con nuestros recursos sino con los
recursos de Dios, con las armas espirituales que nos ha dado en Cristo (2Co_10:4-5,
Efe_6:10-18) y con el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros (Hch_1:8).
Si no los enfrentamos no se van a ir. El diablo, el mundo y la carne no se van
sin pelear, sin resistir, sin intentar permanecer. Frente a ello nosotros necesitamos
revestirnos de Cristo y en el poder del Espíritu Santo enfrentarlos con la espada
del Espíritu, que es la Palabra de Dios y con el escudo de la fe en la Palabra
para destruir todas sus maquinaciones.
No
estamos solos en la batalla. El Señor está con nosotros como Poderoso Gigante (Jer_20:11)
y los que nos ataquen, nos resistan, nos persigan, tropezarán y no prevalecerán,
serán avergonzados en grande manera, no prosperarán, tendrán perpetua
confusión.
Así
que ¡¡¡ánimo y adelante!!! En Cristo nuestra victoria está asegurada, aunque
haya batallas que librar (Rom_8:31-39, 1Jn_3:8, 1Jn_4:4), aunque no sea siempre
cómodo, fácil o rápido. Esforcémonos y seamos valientes (Jos_1:7-8, 2Ti_2:1-6,
1Co_16:13, Dan_11:32, Mat_11:12). No prestemos atención a las palabras que
nos hablan de derrota (tienen su origen en el diablo, en el mundo y en la
carne, y pretenden aprovecharse de nuestras debilidades) sino que prestemos
atención a las palabras de victoria que nos enseña la Palabra de Dios que es la
Verdad (Col_2:13-15), porque el poder de Dios se perfecciona y se
manifiesta en nuestra debilidad, y hace por nosotros lo que para nosotros es
imposible (2Co_12:9).
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