DIAS DE CONFIAR EN PAPÁ.
La Palabra de Dios nos enseña muy claramente,
sin lugar a duda, que si nosotros reconocemos el Señorío de Cristo en nuestras
vidas (Rom_10:8-10) y creemos en Él, seremos no solamente salvos sino
Sus hijos (Jua_1_12, Rom_8:15-16). Y ello no por nosotros, sino como un
don de Dios: Él lo decidió y nos adoptó, y junto con ello nos hizo nuevas
criaturas (2Co_5:17), engendradas por Él a través de Su Palabra (1Pe_1:23)
y con Su naturaleza (2Pe_1:3-4).
Y Él es la Verdad y no puede mentir (Num_23:19),
de tal manera que, si Papá dice que somos, entonces somos; si Papá dice que
tenemos, entonces tenemos; y si Papá dice que podemos, entonces podemos. Y Su
Palabra es una maravillosa recopilación de todo lo que Él dice que somos,
tenemos y podemos como Sus hijos (2Pe_1:3-4).
Él es el Dios Todopoderoso que hizo
todo lo que es y existe en todo el universo. Aquel para Él que nada le es imposible (Luc_1:37).
Aquel que nos ha dicho que si creemos veremos
Su Gloria (Su acción, Sus respuestas, Sus milagros) (Jua_11:40).
Ello
implica que si lo creemos (lo que somos, lo que tenemos y lo que podemos), Él lo hará en nosotros por Su Espíritu
Santo que nos ha dado para que nos ayude en todo ello y más (Rom_8:26),
confiando plenamente en Él en lugar de en las circunstancias, en lo lugar de lo
terrenal (Sal_121:1-8), en lugar de en nuestros propios criterios,
pensamientos, sentimientos, etc. (Pro_16:25).
Y todo
comienza con la fe (certeza, convicción de lo que no vemos y de lo que
esperamos, Heb_11:1) porque Él es galardonador de lo que tienen fe (Heb_11:6),
y al que cree todo le es posible (Mar_9:23).
La ausencia de
ella implica años en el desierto
(en lo básico, en lo mínimo) como le sucedió al pueblo de Israel después de
salir de Egipto, que no le creyó a Dios Su promesa de que Él les entregaría la
tierra prometida, y por ello vagaron cuarenta años en el desierto. Pero la presencia
de ella en nuestras vidas implica disfrutar de una vida en la tierra prometida
(adopción, provisión, libertad, restauración, sanidad, protección, seguridad,
plenitud, y tantísimos otros beneficios: todas las promesas de Dios en Su
Palabra).
No es solo creer en Dios, sino creerle a Dios,
creer en lo que dice Su Palabra (Heb_11:8, Mar_11:22, Luc_6:46),
creer en Quién es Él, en lo que Él hace, en Sus mandamientos, en Sus promesas,
y vivir dirigido por ello, no como algo que se da de la noche a la mañana, sino
como un proceso continuo de crecimiento y de perfeccionamiento (Fil_1:6)
que, sin embargo, sin comienza a producir Sus frutos de inmediato.
Importante. Si quieres experimentar
este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de
todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo
con una sencilla oración allí donde estés pidiéndole que perdone tus pecados,
ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo,
sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenar al mundo sino para que el
mundo sea salvo por Él (Jua_3:16-17) y que al que viene a Él no le echa
fuera sino que le da libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37,
Jua_8:31-32, Jua_8:36).
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